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Bien por esas crónicas de El Comercio
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El equilibrio informativo es una saludable práctica periodística para que, desde el ejercicio diario, y no desde el discurso, se contradiga fehacientemente el calificativo de mediocre que se le endilga a la prensa. Salud por el buen periodismo.
El definir sobre qué hablar y a quién hacerle hablar es el ejercicio más básico y cotidiano de un periodista. Simple, en apariencia, pero complejo a la vez, pues implica una toma de posición.
El definir los protagonistas y actores sociales de la nota conlleva, a su vez, definir la estructura del discurso a utilizar. A las fuentes formales (autoridades, directivos, sectores de decisión, expertos) corresponde generalmente una estructura formal. A las fuentes informales (actores sociales vinculados a la ciudadanía, a los sectores marginados de las decisiones, pueblo llano) les viene bien una estructura más suelta, más libre, más informal.
Hay temas que no necesitan ser pensados demasiado para decidirse sobre su publicación o no, pues la coyuntura es la que define su importancia. Es lo que sucedió con el cierre de todos los casinos a nivel nacional, el pasado viernes 15, por disposición legal. La decisión periodística estaba, entonces, en torno a quiénes hacerles hablar y, por ende, a la estructura narrativa.
La mayoría de los medios (el día anterior al cierre definitivo de los casinos, esto es, el jueves 15 de marzo), eligieron la formalidad, la noticia factual, la estructura de pirámide invertida (al inicio lo más importante y el resto en orden descendente de importancia). Pero El Comercio y Hoy, a más de estas narrativas -de las cuales muchas veces no se puede prescindir- optaron también por la libertad y la creatividad de la crónica, donde los protagonistas no fueron las autoridades del Gobierno ni los dueños de los casinos ni los políticos de oposición: fueron los empleados de esos centros de diversión, pero, sobre todo, los jugadores, ludópatas o simples aficionados.
Pero incluso aquí -¡ah, el periodismo: lleno de complejidades!- hay que tomar otra decisión: entrevistar solo a los jugadores que están tristes, apenados y molestos porque se les quita su fuente de diversión -la única, en algunos casos, como en los de las personas de la tercera edad- o también a aquellos que el juego les quitó la casa, el auto, la familia y les dejó en la calle.
Si el periodismo es visto como tratar de acercarse lo más posible a la verdad -inasible, por cierto-, entonces, el lema “todas las voces, todas” es la consigna. Lo contrario es parcializase y tratar de que también el lector se parcialice a favor o en contra de algo o de alguien. Y eso no es ético.
Pues bien. El Comercio optó por el camino quizá más largo, pero más profesional: presentar las dos caras de la moneda. Así lo anuncia incluso desde el mismo título de su crónica: Sentimientos cruzados entre jugadores de casinos que cierran.
Ahí da la palabra a mujeres “que fuman sentadas en sillones de percal verde”, a una que “exhibe con orgullo un gran collar de perlas”, o a un hombre de pelo engominado, furioso por la decisión del Gobierno de cerrar los casinos, o a un señor de 80 años que se refugia ahí de la soledad de su casa.
Pero también están una médica que, en medio del juego, cree que el cierre del casino “reestructurará” su vida “increíblemente”, pues “el costo de esto ha sido lágrimas y tristeza para mis padres, mis hijos y familia”. O una ludópata en recuperación que siente gran alivio por el cierre de estos centros de diversión. O una pintora que dice que ahora volverá a pintar, pues en el casino su vida “se ha hecho humo”. O una señora que perdió 60 mil dólares en los últimos seis años…
Incluso cuando habla del drama de los empleados -que no es el tema que le compete-, el cronista Byron Rodríguez -escritor y periodista de larga data- trata de equilibrar la nota con una referencia de un trabajador quien dice haber recibido del Gobierno “un correo con opciones de trabajo”.
Pero como una golondrina no hace verano, para demostrar que esta práctica de equilibrio informativo no fue casual -al menos en este tema-, el domingo salió publicada otra crónica: Casa llena en el último día de apuestas (pág. 8), suscrita por la cronista Carolina Enríquez, quien también ensaya con éxito el equilibrio en los testimonios y un interesante manejo del lenguaje.
No sucedió lo mismo con diario Hoy (del jueves 15 de marzo), el cual, si bien optó también por la crónica, en Clientes se despiden del juego hay ocho testimonios de jugadores y trabajadores -además de un directivo de un casino-, todos opuestos al cierre, es decir, nadie que equilibrara la nota. Algo que también hizo el propio diario El Comercio en la crónica En Bingo Don Toribio se cantan las últimas bolas, producida en Guayaquil, donde la redactora juega a la emotividad y no tuvo la misma prolijidad ni visión que sus pares de la capital.
Bien por esas crónicas de El Comercio -tanto en estructura cono en estilo-. Mejor, todavía, si empiezan a constituirse en escuela. Hace falta que esta práctica se extienda no solo a las redacciones de otras ciudades, sino también a otros temas. Y que, en lo posible, sirvan de referente a otros medios que pueden -y deben- asumir esta práctica saludable para el periodismo, de manera que desde su ejercicio diario -y no desde el discurso- contradiga fehacientemente los calificativos de mediocres. Salud por el buen periodismo.
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