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2012-05-06
08:48:45

Economía

EXPRESO (Guayaquil) Palma aceitera en auge

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En Ecuador, la producción de aceite se duplicó en ocho años

No es una tarde calurosa, pero el pequeño Estiven está ansioso por probar una de las jugosas naranjas que su abuelo Félix acaba de cosechar. Ese es un fruto que aún puede disfrutar gracias al único árbol que queda en la finca fundada por su bisabuelo, hoy convertida en una parcela de palmas aceiteras.

Al manabita, de 48 años, le tocó administrar 24 de las 150 hectáreas que su padre entregó como herencia a 13 hijos. Las propiedades están en Quinindé, provincia de Esmeraldas, donde hace más de 40 años, la palma desplazó cultivos como el banano, café, cacao y naranja.

Félix Abad Baque, un hombre de cuerpo menudo y sonrisa fácil, cuenta que aquella planta, que en Ecuador se siembra en un área de 240 mil hectáreas, es posible extraer en medio de sus ramas hasta 12 racimos de pepas que en su interior guardan aceite vegetal, altamente demandado por la industria nacional y extranjera para elaborar productos como la mantequilla, cremas, jabones y balanceado.

Él empezó a cultivarlas hace dos décadas, 34 años después de que las semillas, originarias del África fueran traídas a Ecuador (1953) por los hermanos norteamericanos Roscoe y Leal Scott. Las primeras 50 ha se establecieron en Quinindé, cantón que, en la actualidad, junto a La Concordia (Santo Domingo de los Tsáchilas) y Quevedo (Los Ríos), concentra el 80% de las plantaciones.

La fertilidad de esos suelos se da porque allí se cumplen varias condiciones: estar a menos de 500 metros sobre el nivel del mar y registrar lluvias que acumulan entre los 2.000 y 3.000 milímetros al año. Así lo asegura Francisco Naranjo, director ambiental de la Asociación Nacional de Cultivadores de Palma Aceitera (Ancupa), gremio que nació hace 41 años y que agrupa a 5.000 de los 6.000 palmicultores que existen en el país, embelesados por lo rentable que suele ser la actividad.

Una planta cotizada. En el 2011, Ecuador produjo 440 mil toneladas de aceite de palma, el 50% se dirigió a la industria nacional, el resto se envió a otros países. El alto consumo internacional, sobre todo de países como China e India, motiva la alta cotización del fruto que en Ecuador se vende hasta en $ 205 la tonelada.

Daniel Bunce, de 65 años, asegura que el buen precio lo impulsó a invertir el dinero que obtuvo por su jubilación. Él posee 10 ha donde yacen 900 palmas que compró en $ 4.500 ($ 5 cada una).

La primera cosecha, cuenta, llegó luego de los 4 años, tiempo promedio que los campesinos deben esperar para que el cultivo, originario de África, empiece a dar sus primeros frutos. De ahí en adelante, refiere Bunce, las bonanzas le llegan cada 15 días. "En cada cosecha logro de 6 a 3 toneladas. Yo creo que esta ha sido la mejor inversión de mi vida", dice.
Félix, quien por esta época percibe hasta $ 8.200 por las 40 toneladas que cosecha al mes, señala que además de las ganancias, cultivar palma tiene otras ventajas.

"Tenemos mucha tranquilidad porque la cosecha no se pierde con facilidad como pasa con el banano, por ejemplo. Puede estar varios días sin malograrse" , afirma.

Otras bondades, asegura el experto palmicultor Diego Palacios, pueden ser la estabilización de precios del mercado y la baja utilización de agroquímicos. "La aplicación de fungicidas se da en los primeros dos años, posterior a eso, la planta logra mantenerse sola. Basta con una adecuada nutrición".

Productividad. En Quinindé, habitan 150.000 personas, el 80% de sus agricultores está dedicado a la actividad. Uno de ellos es Mario Calderón, quien trabaja hace 15 años como despachador de la fruta que se entrega a extractoras.

Él es el encargado de embarcar a una camioneta el producto que sus compañeros degüellan en una de las plantaciones de la zona. Su contextura fornida le permite levantar el producto, pero su fuerza no se compara con el de la mula o el búfalo, animales que se usan con mayor frecuencia para halar los racimos que pueden pesar hasta 60 kilos.

El trabajo de cosecha parece sencillo, pero se convierte en un verdadero arte para quien no está familiarizado con la labor. Los trabajadores necesitan tener buena puntería para, con un golpe, desprender los racimos. Lo hacen con largas palas que deben alzar dependiendo de la estatura de la planta que, en edad adulta (30 años) podría medir hasta 20 metros de alto.

Rommel Vargas, director ejecutivo de Ancupa, destaca el crecimiento silencioso, pero ordenado, que ha tenido este cultivo. "En el 2004 se produjeron 279 mil toneladas de aceite; en el 2011 llegamos a las 440 mil toneladas", afirma.
En producción, Ecuador ocupa el séptimo lugar en el mundo, pero en Latinoamérica, aparece en segunda posición, luego de Colombia (753 mil toneladas). Los dueños del trono son Indonesia y Malasia, que el año pasado cerraron con 22,2 y 16,9 millones de toneladas, respectivamente.

Sin embargo, Vargas menciona que Ecuador aún mantiene las facultades para explotar este cultivo, cuyo consumo toma fuerza a nivel internacional. "En Ecuador se producen 12 toneladas de fruta por hectárea/año. Malasia está en 21 toneladas, pero hemos comprobado que en el país existen zonas (como San Lorenzo-Esmeraldas) donde fácilmente se llega a las 26 hectáreas", afirma.

Esa pontencialidad motivó a Ancupa a asociarse en el 2010 al proyecto "Cerrando Brechas" del Fondo Latinoamericano de Innovación y Palma Aceitera (Flipa). El programa es financiado por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO); en él participan también Fedepal, de Colombia y Acupal, de Venezuela, con el fin de incrementar en 25% la productividad y reducir un 10% los costos de producción, durante los 5 años que dura el programa.

A nivel nacional se trabaja con 23 parcelas. Ahí están incluidas las 24 hectáreas de don Félix, quien ejecuta dos técnicas de cultivo: Aplica una fertilización equilibrada y reutiliza el raquis o tusa que sobra de los racimos ya procesados en extractoras. La idea es que el palmicultor ubique, de forma circular, los desechos al pie de la palma para que el suelo lo absorba como abono orgánico.

Él es uno de los beneficiados, pero el fin del proyecto es que difunda las técnicas con otros agricultores que buscan generar recursos.

¿Qué hace él con tanto dinero? Don Félix se ríe, y responde que este año empezó a invertirlo en un "camioncito", en la universidad de 2 de sus 5 hijos y, por qué no, en el futuro del pequeño Estiven. No descarta que él forme parte de la cuarta generación de palmicultores.

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