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Edición #4501 |  Ecuador, lunes, 29 de mayo de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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¡Este es el Coro del Papa!... ¡Esto fue el Coro del Papa!

2015-07-16 07:50:00
Papa Francisco en Ecuador
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Documentos

Por Francisco Herrera Araúz - Ecuamex / Reportaje Especial

Más de uno lo dice: "El coro en el Bicentenario estuvo impresionante"; otro lo reconoce: "Nunca se había escuchado a ese coro en Quito", y los elogios son para la "altísima calidad profesional del Coro de la Misa del Papa". La verdad es distinta. Aquí hay una historia contada desde adentro, de lo que fue esta agrupación musical lograda con fe para la celebración de la eucaristía con el Papa Francisco en Quito, el 7 de julio de 2015.

Por haber compartido con Su Santidad hace tres años ya, como les he contado en crónicas desde Ecuadorinmediato.com, me sentí alborozado con la noticia de la venida del Papa a Ecuador a inicios de año. Pero, de veras, sufrí un debate interno fuerte: ¿Qué hacer? ¿Cómo cubrir de manera diferente la presencia en la nación del Santo Padre? ¿Cómo ayudar a mi comunidad católica? Y no hay que extrañarse de esto porque siempre me ha gustado ser voluntario. Por meses me conflictué entre ser periodista o colaborar con la iglesia para la venida del Papa Francisco a Ecuador. Y hoy lo digo triunfante: encontré el espacio donde ganaron las dos posiciones.

El llamado

El 4 de mayo, tras formalizar la visita del Papa a Ecuador, uno de los titulares de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE) hizo una llamada desde Quito a Buenos Aires, ahí se encontraba estudiando dirección de orquestas y coros el Padre Jhan Wilson Morales Pavón, hombre muy vinculado a los movimientos musicales religiosos en la ciudad.

Morales recibió una orden de los obispos de la CEE de que suspenda sus estudios y venga a formar el coro que iba a cantar en la misa de Su Santidad en el parque Bicentenario, para lo cual tenía 60 días. El sacerdote aceptó sorprendido el reto, en menos de 8 horas hizo maletas y regresó, en el camino de retorno vino dando cuenta a sí mismo de la dimensión de la propuesta que había asumido.

Para empezar tenía que definirse el verdadero rol que tendría el coro: o montaba un espectáculo o era un acompañante de la liturgia, para lo cual el cántico religioso es parte de la devoción en la oración. Morales, como hombre de iglesia, no dudo en optar por lo segundo, pero: ¿Dónde conseguir un grupo que cante una oración religiosa con fe, conociendo sobre todo las falencias y conflictos del movimiento coral en Quito?

Fue entonces que la Iglesia católica sacó a relucir una fuerza silenciosa que tenía entre sus filas. Morales decidió convocar a quienes cantan semanalmente en las parroquias de la ciudad en forma sencilla y sincera, en alabanza a Dios y no contratar a cantores o coros profesionales.

La convocatoria para las audiciones circuló inmediatamente entre los distintos grupos de canto católico, al igual que en las redes sociales. Fueron dos jornadas extenuantes, entre el jueves 10 y el viernes 11 de mayo, en el Colegio Santo Domingo de Guzmán, para escoger al coro. Se presentaron 650 participantes a una prueba rigurosa que incluía entonación, vocalización y afinación perfectas.

La lista definitiva salió el lunes 18, nos habían escogido a 170 inicialmente. Esta selección ya provocó un primer conflicto ligero por el resentimiento de quienes no fueron aprobados, algunos de los cuales publicaron ofensas en las redes sociales contra la iglesia y quienes habían llamado a formar el grupo.

Pero el tiempo corría veloz, para el martes 19 de mayo, a las 18h00, se llamó a la primera práctica en el Seminario San José, en el centro norte de Quito, este es un viejo edificio semi vacío, que se llenó de vida con la presencia de los nuevos coronautas.

Lo difícil de entender entre la oración y el espectáculo

Un coro es ante todo un grupo de gente con el don del canto, pero se tiene que entender su tarea como una prueba de humildad. Uno debe asimilar desde antes que “No se puede brillar solo”, si trata de hacerlo por su cuenta se sale de la entonación general y provoca la falla de todos.

Wilson Morales basado en lo anterior, delineó lo que sería la actitud principal del coro y lo redactó en una hoja previa de instrucciones, donde puso claramente: “El coro está al servicio de la liturgia, razón por la cual, no es lugar para exclusividades, no habrá “estrellas” ni se las promocionará”, dijo, remarcando al mismo tiempo el sentido religioso de esta misión para los integrantes del coro, señalándolo directamente: “Es para guiar el canto del pueblo, no para que se “luzca” determinado intérprete o grupo”.

Y fue ese martes 19, el primer día, en la primera reunión, que escuchamos la frase inicial con la que nos recibió el P. Richard García, enviado especial del Vaticano para la liturgia, y que cayó como una bomba dentro de todos: “Ustedes no van a cantar para el Papa, él no necesita de su canto. Ustedes están aquí para ¡Alabar a Dios!”.

Es decir, no éramos los cantores ni los profesionales del canto los que nos íbamos a “presentar”, solo íbamos a orar cantando.

Y esta es la primera gran verdad para el pueblo creyente que vio cantar al coro ese día en el Bicentenario: No fuimos un coro profesional y nunca antes habíamos cantado en ningún escenario público.

Entonces ¿Quiénes éramos los integrantes del Coro Quito?, pues, gente de lo más variada. Entre los 168 preseleccionados hombres y mujeres habíamos: 34 barítonos y bajos, 40 tenores, 40 sopranos, y 43 contraltos mas 11 niños y preadolescentes, que hacían el tono especial del grupo. Siempre se nos anticipó que había un grupo de 40 más, que estaban practicando aparte, o que se irían sumando en las prácticas.

¿De dónde salió la gente del coro? Fuimos hombres y mujeres profesionales de distintas ramas, maestros, obreros mecánicos, amas de casa, secretarias, oficinistas, empleados, artesanos, comerciantes, jóvenes estudiantes secundarios y universitarios, laicos consagrados, enfermeras, religiosas y aspirantes a sacerdotes. Yo, que estaba como periodista, a esas alturas de formación del coro tenía que aprender a ser uno más de ellos y dejar de lado mi tarea informativa.

En verdad había algunos músicos profesionales, pero eran los instructores por cuerda como un profesional del canto Marlon Valverde, para los tenores, o José Criollo para los Sopranos y Contraltos. Se sumaban algunos de quienes se conocía su experiencia o integración en coros como Pablo Ayala, Gem y Byron Viteri, Leonel Palacios a más de un apreciable número de quienes tenían estudios musicales en los conservatorios de la ciudad. También hubo extranjeros en estas filas, 2 venezolanos, 2 argentinos y 1 colombiano.

El Coro Quito se integró con solo 17 jornadas de práctica, todo entre el 19 de mayo al 6 de julio. De ese número de días de ensayos, tan solo 7 fueron de ensamble total entre todas las cuerdas, los demás fueron de práctica por cada grupo. Es decir, el tiempo siempre fue insuficiente pero que salió un cántico precioso, pues sí, salió y ya explicaré el cómo.

El grupo fue variado y diverso con altibajos en su formación musical, pero a todos nos unió un sentimiento de religiosidad profunda, expresado a través del canto, y quizás eso movía mucho el esfuerzo que tuvimos para integrarnos y si alguna duda habría hasta ese momento, pues quedó aclarada para todos con aquello de que este no era un espectáculo coral nuestro, sino un acto de fe y devoción propias.


¡A Dios rogando y con dureza trabajando!

La rutina de formación del coro, de este coro, fue dura y difícil.

Todos los repasos fueron en horarios de martes y jueves entre 18h00 a 21h00. Las sesiones iniciaban siempre con una oración y, luego, se daba paso a una gimnasia vocal con ejercicios de calentamiento de las cuerdas vocales. Con técnicas apropiadas, se notaba sesión tras sesión que se iban consiguiendo resultados, logrando que todos mejoremos en nuestra afinación de voz.

Luego, se pasaba a la práctica de repetición constante de las canciones. Una por una, nota por nota, línea por línea, todo era un paso constante de entonar, cantar, entonar.

No todos leíamos partitura ni sabíamos solfeo, por ello, el maestro Marlon Valverde quien abrió en facebook un área de estudio y puso las primeras canciones en midis para que nos la aprendamos. Luego fue el maestro Pablo Ayala quien hizo de guía especial a todos con una grabación total que se nos envió por web, en una edición correcta de todos los cantos con sus melodías.

Pese a que muchos tenían experiencia, siempre estuvieron en ayuda de los que no sabíamos, todo hasta lograr una armonía perfecta. El método del acompañamiento-seguimiento hizo que se nos ubique del lado de quienes manejaban solfeo junto a los que no, haciendo una amalgama positiva. No dejábamos de ensayar en ningún momento con tareas que incluían práctica en las casas, en especial de los tonos más difíciles y las notas más complejas. El trabajo fue a diario de al menos 3 horas, y aunque se estaba cansado, la recomendación siempre era que no se deje de lado una búsqueda de calidad en el canto. Fue un tiempo difícil, sacrificado, pero hermoso, porque así iba saliendo el coro.

Y como no podía faltar, un grupo de mujeres y hombres voluntarios nos apoyaban, con su sonrisa eran todo nuestro respaldo, para conseguir las partituras, para que los organos e instrumentos esten prestos a ser usados, a veces los refrigerios y la coordinación de los programas, fueron siempre de gran ayuda. Lo notable del tema fue que a excepción de Maritza y Juan Pablo, esposos ellos, de los demás nunca supimos sus nombres, pero en cambio eran conocidos por todos como Los Voluntarios del Coro del Papa, que gran recuerdo se tendrá de ellos.

Entre rehabilitados y oraciones compartidas

 Soy muy sincero al confesar que nunca nos conocimos entre todos los integrantes del coro, no hubo tiempo. Nos fallaron dos jornadas de integración en la que se contaba hasta con nuestras familias, que nunca se conocieron y, tan solo una sola noche tuvimos un encuentro especial donde se destacó por la dinámica de Leonardo Salas y el grupo “Son de Emaús”, el noble significado del cantor religioso. Ahí se logró un momento de esparcimiento, sumado a una entrega simbólica de una medalla, pero eso fue todo nuestro entretenimiento.

Tan vertiginoso era el trabajo que no hubo tiempo de socializar. Solo en los minutos de entrada nos congregaban a los pocos conocidos para compartir alguna noticia. Ahí uno se enteraba del esfuerzo y hasta sacrificio que costaba el estar en el coro de la Misa del Papa. A unos les nacían sus hijos, a varios les llamaban del trabajo para alguna tarea inconclusa, otros como en el caso de los estudiantes, hacían consultas o deberes en ese tiempo corto. Más de un padre o madre tuvieron que llevar a sus hijos pequeños a la práctica porque no tenían donde dejarlos. Y no faltaron las noticias de tragedias personales, de malos momentos en casa, de enfermedades intempestivas como la de mi madre que sufrió un accidente cerebro vascular que a la final le impidió ver al Papa. Todos ellos eran respondidos con un abrazo de apoyo, una oración solidaria, un momento de fe.

A la tercera semana el ambiente había mejorado mucho y, a la altura de la décima tercera jornada a mediados de junio se dio el ensamble de todo el coro que cantó por primera vez. El P. Wilson Morales contó después que le dejó muy tranquilo el primer resultado, además de hallar en la actitud de todos algo muy positivo: había alegría, se actuaba con amabilidad, nos corregíamos los errores de unos a otros con delicadeza, se sentía un ambiente de equipo muy respetable.

Fue en esa ocasión que me fijé en un detalle: en medio del grupo una mujer uniformada de policía estaba sentada en en el ensayo, mientras que tres más de ellos con su equipamiento policial completo estaban a los lados, pero no eran parte nuestra, no cantaban ni hacían nada en las prácticas, solo vigilaban. Pregunté a uno de los guardianes el porqué de su presencia y me comentaron que “hay dos detenidos entre ustedes, están cantando en el coro”.

El director cuenta que un día, cuando el rumor del Coro Quito ya nos había dado algo de prestigio, le llamaron del Ministerio de Justicia para pedir la gracia en favor de dos privados de libertad, quienes querían audicionar y cantar para el Papa, su buen comportamiento lo permitía. Morales aceptó y desde entonces hasta el final se dio un operativo especial que los trasladaba desde la cárcel de Cotopaxi a Ruth y Leonardo, que estuvieron entre nosotros.

Lo extraño del hecho es que casi nadie supo de esta presencia, y ni siquiera los medios de comunicación, que llegaban a filmar al coro, se percataron que ahí hubo siempre una noticia, que no la vieron ni difundieron. Solo el sistema televisivo vaticano Rome-Reports publicó el dato el mismo día de la misa del Papa, y los policías que habían asistido a todas las prácticas sin ser del coro, al final abrazaban emocionados a los dos hermanos en rehabilitación porque cantaron con mucho amor, con mucha fe. La escena fue conmovedora.

El temor de los  “egos sensibles”

Pese a estos detalles, no fuimos un “coro de ángeles”, ya que a momentos el ego nos obligó a luchar batallas feas entre nosotros.

El tema del número final de integrantes siempre flotó como una amenaza permanente en el grupo. Es que unas semanas antes habíamos sumado ya más de 200, y para el P Wilson éramos muchos. Ya se habían sacado a algunos de las prácticas y, se llegó a hablar de sacar más con el cruel método de sorteo, lo que echó por el suelo los ánimos de muchos, que no se sentían en el coro de manera segura.

La simple llegada de un rostro nuevo ponía temor en las filas, y saltaron las tensiones cuando arribaron algunos miembros del Coro Pichincha. Tan prestigiados ellos no esperaban que la aceptación a su presencia fuera nula en un principio; por un lado, debido a sus comentarios críticos a la calidad musical del grupo que estaba practicando antes que ellos, y por otro, a la actitud de la directora de esa agrupación, quien con actitudes excluyentes buscaba aislar a “sus chicos”, dejando de lado al resto. Eso provocó roces y rumores por lo bajo, muy en especial quienes habían sido en algún momento rechazados por ese grupo. Una intervención atinada del Maestro Marlon Valverde, con las posiciones positivas de experimentados cantores como Xavier Ribadeneira y Alejandro Izurieta, logró una reconciliación por las palabras demás o los malos entendidos. Después de eso ellos buscaron y lograron ser buenos amigos y, sin duda, su calidad profesional ayudó a brillar a todo el Coro Quito.

Y el conflicto saltó además por la presencia de personas que no profesaban la fe católica, que hacían gala de su crítica contra la presencia del Papa, pero estaban ahí por una “obligación profesional”. Con ellos sí fue tajante el director y pidió su salida, luego de la primera prueba pública del coro en la misa de ordenación sacerdotal, el 29 de junio en la Catedral Primada de Quito. Claro había que tener coherencia, y contra todo eso había que enfrentar como grupo, con madurez y buena fe.


La Sinfónica no va por no entender para qué está

Otro detalle triste para nosotros fue el tema de la Sinfónica. Desde el inicio se nos anunció que el coro se presentaba con la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) por su calidad profesional y su solemne aniversario 65, que constituía una gran razón para estar en la misa del Bicentenario con el Santo Padre. A todos nos entusiasmó la idea y se esperaron las prácticas con OSN de muy buen modo, es más, el esfuerzo en la preparación iba dirigido a probarnos con semejante institución, siempre creímos que era un reto precioso.

La OSN tomó a la invitación de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana como una participación exclusiva, que exaltaba de manera sobredimensionada su figura, tanto como para hacer una campaña publicitaria propia. Un mes antes de la misa la Orquesta hizo circular un afiche que sorprendió por su concepción, en el cartel se anunciaba en grandes letras “Papa Francisco en Misa Campal junto a la Orquesta Sinfónica Nacional” abajo, en pequeño “  Y el coro para la visita del Papa 2015” (Véase la foto del cartel que se adjunta). Esta forma de hacerse propaganda se entregó a los medios de comunicación, se regó en las redes sociales y pronto llegó al coro, que se sintió afectado por este grupo de músicos profesionales. Era evidente que hacían de menos a quienes se habían congregado a cantar por su creencia religiosa y  de ninguna forma por “obligación profesional”.

Tampoco nadie supo de las batallas que estaba luchando la producción y dirección del coro con la Orquesta, que disputó el tamaño del escenario y el espacio limitado que dejaban para el coro, sumado a reclamos por la amplificación y porque las condiciones visuales no permitían la “presentación” de la OSN; entonces, según cuenta Wilson Morales, amenazaron con que "no iban". Es más, no accedieron a practicar nunca con el coro, lo que sorprendió a los obispos.

Todo eso chocó con el espíritu religioso que se preparaba. Para la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, esto siempre fue concebido como una misa celebrada por el Santo Padre, para la Orquesta “el Papa se presentaba junto la OSN en Misa Campal”. El 2 de julio mediante carta firmada por los obispos se agradeció a la institución y se negó su presencia por motivos litúrgicos y religiosos, que son respetados por órdenes del Vaticano. (Carta adjunta)

Las reacciones con insultos que se produjeron por presuntos miembros desde la Orquesta en las redes sociales solo demostraron que fueron ellos los que no sabían para qué estaban invitados. Al final, en declaraciones a diario El Telégrafo, su director ejecutivo Hernán Vásquez denunció pérdidas por US$ 12.000, solo refleja un interrogante que no se sabe ¿en qué gastaron?, ya que resultaba irónico que los músicos iban a presentarse en la misa por un salario mientras que a los miembros del coro siempre se les advirtió “que no había dinero de por medio” ya que todo era voluntario. Tanto fue el tema de nuestra cooperación y entrega desinteresada del grupo, que cada uno tuvo que poner su cuota de US$ 15 para las togas con las que nos presentamos, confeccionadas con manos solidarias y que lucieron vistosas el día en la misa campal.

¿Qué pasó después? Surgió una solución muy justa. La presencia del coro se vio perfectamente unida a la de Ignacio Egas, que había trabajado todo ese tiempo en forma silenciosa, pero notable. Egas es un arquitecto profesional que resultó ser un brillante músico, que fue formado en la Unión Soviética. Tanta preparación musical tenía que él solo había construido todas las partituras con las definiciones de voces para cada cuerda y, con su gran capacidad frente al órgano, un instrumento alemán de marca Ahlbornl, de grandes proporciones y que lo transportaron desde la propia Catedral Metropolitana de Quito,  logró borrar la imagen de ausencia de la OSN, dando un toque perfecto a un coro religioso. De veras, entre todos se sintió mucha comodidad con la presencia de calidad de Ignacio, porque solo con él había trabajado el grupo.

Nos apenó mucho la ausencia de la Sinfónica, pero al final notamos que no se sintió su falta, al menos no en la devoción de quienes fueron a la misa y los cánticos fueron su estímulo para orar con sentimiento, eso fue lo más importante.


¡Lo dicho, dicho está…!

Y ahora ¿Qué vamos a cantar?

Desde nuestro espacio vimos un tanto sorprendidos la ola de música comercial que se imponía con la moda del Papa, todos cantaban a una persona, mientras que a nosotros se nos preparaba para lo diferente: para una misa campal solemne, donde los cantos tenían que ser distintos.

No lo había comentado, pero, esto fue evidente desde un inicio: la dirección del coro a cargo del P. Wilson Morales fue rígida y la disciplina rigurosa, lo cual incidió en el resultado final, esa búsqueda de la excelencia. Por ello, fue muy clara la advertencia dada: “El repertorio ya está definido. El coro no es para hacer propuestas o sugerencias. Serán cantos que cante todo el mundo, conocidos, sencillos”

Y en efecto, así fue.

Como “cada día tiene su afán” a medida que llegábamos al día de práctica nos entregaban una a una las partituras de los cánticos a entonar, y, en efecto, eran los cantos conocidos, muchos de ellos con mucha tradición e historia en la música religiosa ecuatoriana. Y aunque parezca raro, algunos de ellos eran desconocidos hasta por los más asiduos cantores católicos.

Se nos pidió mucha fe, y ese factor incidió directamente en el trabajo del coro. Imagínense, solo tuvimos mes y medio de formación, solo fuimos a cantar por una sola vez, y, tras hacer historia, no teníamos ninguna promesa para seguir al futuro.

Los tres últimos días, entre el 3 al 6 de julio, las práctica iban destinadas a consolidar el grupo, fueron el mejor pretexto para unir voces y sentimientos. Las pruebas del sonido hicieron crecer la exigencia y técnicas vocales en búsqueda de la perfección, mientras que la tarima destinada para el coro en el Bicentenario estuvo holgada y cómoda. Sin embargo: no hay logro sin sacrificio. Las tres noches fueron duras para un repaso entre lluvia, frío, ruido y golpeteo de equipos que terminaban de instalar el templete, pero, con todo y eso quedó comprobado que el grupo estaba perfectamente ensamblado. Esa noche, recuerdan todos, el director estaba mucho más tenso y exigente que de costumbre, sin embargo -lo confesaría días después- tras escuchar todo en ensayo, en medio de un terrible aguacero, sintió que tras 55 días ¡Había nacido un Coro! Y él lo había logrado. Todo quedó listo para el histórico momento de la Misa del Papa Francisco en Quito, en el Parque Bicentenario.


El Gran Final

Habíamos llegado al gran día. Era el prometido martes 7 de julio de 2015.

El coro tuvo que estar listo a las 5 de la mañana para tomar un bus articulado en la avenida América, fuera de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, tras reunirnos llegamos a las 6y20. Un momento para consolidar líneas, un refrigerio frugal y la entrega de las togas

La participación del Coro Quito inició a las 9h00 en el día de la misa del Papa Francisco, con una majestuosa introducción para el público ya congregado con el rezo del Santo Rosario, el “Dios Te Salve María” y las “Letanías Lauretanas” en latín, fueron preciosamente entonadas con el coro de los niños que con sus voces tiernas y frescas le dieron un dulce sabor a la oración mañanera.

El Papa Francisco llegó puntual y a las 10h15 inició su recorrido por los campos señalados, en medio del alborozo de la gente. Cuando arribó a la Sacristía debíamos empezar con nuestro canto y salieron las primeras notas del “Bienvenido Santo Padre”, himno creado para la visita papal. Luego nos salió fuerte, altivo “Ecuador, abre sus puertas al Redentor” que se compuso hace 30 años para la visita de Juan Pablo II.

A la liturgia de entrada le siguió el “Señor ten piedad” y el “Gloria” muy fuertes de entonación con el solista Andrés Carrera.

Para la liturgia de la palabra, el canto del “Salmo 19” se distinguió por los solos del tenor guayaquileño Andrés Lozano, mientras que la entonación del “Aleluya” fue un remanso para el cántico previo al Evangelio.

La liturgia de las ofrendas tuvo su propio canto “En tus manos divinas de Padre” y, el “Santo” convocaba a la devoción a la hora de consagrar. Las notas de “Aclamación” y “Amén” se sumaron a las del “Cordero de Dios” en el “Agnus Dei” de la Antífona de la Comunión.

A la hora de comulgar se ejecutó lo preparado. Partimos con el histórico “Dios de Amores”, que tiene 140 años de creado, y que fue entonado en la Consagración al Corazón de Jesús, acto religioso-político que por coincidencia le sorprendió mucho en su historia al Papa Francisco. El “Oh buen Jesús” sonó fortísimo, en especial por el solo de Marlon Valverde, con una fuerza lírica imponente. Finalmente, se entonó en ese tiempo de comunión el cántico tradicional “Dueño de mi vida”.

Hasta ahí estábamos muy compenetrados con el desarrollo de la ceremonia, y sentíamos la devoción de todos, pero; la parte final de la misa, al dar la bendición de Su Santidad, siempre fue prevista para compartir con la oración a María y, muy en especial, con la presencia del retrato del Milagro de la Dolorosa del Colegio, de la cual Quito es muy devota. Fue ahí cuando estallamos en forma potente con el cántico de tradición incásica: ¡Salve, Salve, Gran Señora! y como no podía ser de otra manera el coro alcanzó su gran plenitud en esta obra, que pese a tenerla incompleta era cantada, más bien, con devoción y sentimiento que con conocimiento, contagiando al público, en especial de los mayores, que había escuchado y cantado tantas veces esta pieza.

Desde algunos días antes planeábamos algo entre varios miembros del coro para llamar la atención de Su Santidad. Yo compré una bandera del estado vaticano que la tenía en mis manos al ingresar a la misa, mientras que algunos querían exhibir carteles o lanzar globos o palomas en signo de paz, estás últimas fueron desechadas como ideas porque estuvimos en una carpa cerrada. Entonces, la bandera quedó como única señal de expresión nuestra, lo que no definimos fue el momento de lucirla.

Habíamos preparado varios temas más para la comunión pero la organización de la misa logró que los fieles comulguen en un tiempo record total de 17 minutos, por lo que al terminar la ceremonia el Papa Francisco se disponía a salir y de nuestras voces surgió entonces la canción “Pescador”, justo en homenaje al sucesor de Pedro y los apóstoles. Su Santidad lo sabía, el coro le estaba dedicando el canto y se dirigió despacio hacia el lado norte del templete, se quedó unos segundos frente a nosotros y levantó su mano bendiciéndonos. No podíamos expresar ninguna señal de alegría y hasta euforia por el gesto del Papa, entonces saqué la bandera la flamee en tono de saludo y Su Santidad apreció el detalle y repitió la bendición a todos.

La emoción embargó a los coronautas. Algunos de ellos se desataron en llanto, otros más subieron el tono de sus voces para que se escuche mejor el sentido canto, y la frase de la canción que dice: “Y al llevarme contigo en la barca, me nombraste Señor, Pescador” destapó nuestra sensibilidad ya que nos llevó al mejor momento que vivimos en todo el encuentro, dándonos todo en entrega al público, a los fieles, al propio Papa, ya que los momentos anteriores, a lo largo de la misa nos había concentrado en nuestro propio espíritu de devoción.

Lo que vino después fue mejor. Nos habíamos quedado solos, frente a una parte del público que siguió nuestro canto, mientras que la Televisión Vaticana, que transmitió la Misa para más de 100 millones de personas, entre Ecuador, América y el Mundo, decidió volcarse a nosotros. “Alma misionera” y “Nueva Generación” cantadas en forma emotiva atrajeron una buena parte de la gente que se vino hasta la tarima del coro a escucharnos.

Fue el éxtasis de nuestro canto al que llegamos al interpretar la última canción, el himno religioso “A tu amor nos acogemos”, de igual tono tradicional. Lo que se produjo ahí fue hermoso, la gente se vino hasta el pie del coro, cantó con nosotros, agito banderas de varios países amigos que habían llegado a la celebración, y atraídos por el sentido devoto de nuestra entonación lo siguió hasta el final, estallando en un aplauso sonoro al terminar nuestro canto.

Fue un segundo de silencio el que retumbó entre nosotros, todo había terminado. Lo sentimos profundamente: Nunca más íbamos a cantar juntos, este momento que habíamos vivido no se volvería a repetir, la historia que habíamos levantado y que nos unió había llegado a su fin. Por eso, como si fuese una especie de romper el encanto, nos salió un grito del alma que lo iniciaron las mujeres del coro y que luego gritamos todos juntos al unísono: “¡Este es el Coro del Papa…! ¡Este es el Coro del Papa…! ¡Este es el Coro del Papa…!. La gente siguió aplaudiendo, reconociéndonos, dándonos la única recompensa, mientras la cámara transmitía a escala mundial este momento.


Se apagan las velas, se cierra el templo, tenemos que irnos

Después de semejante experiencia bajarse del tablado fue muy difícil. Abrazos, fotos, promesas de volver a vernos, seguir, lágrimas y gratitudes demostraban cuan unidos fuimos y que fe habíamos puesto para cantar en esta santa misa.

Los dos amigos detenidos, Ruth y Leonardo estaban impresionados del cariño que les rodeaba. Los policías custodios ayudaban tomando las fotos con ellos, mientras nos felicitaban por lo hermoso del canto que ellos también habían repasado día a día.

El Padre Jean Wilson Morales recibió unos momentos después una llamada de Monseñor Federico Lombardi, el vocero del Vaticano, para felicitarlo en nombre de Su Santidad, y agradecer al coro, porque había sido de gran ayuda al Papa Francisco para llevar con devoción esta liturgia. Igual le dijo al director que reconocía la “calidad profesional” del coro, sin saber toda la historia que habíamos vivido. ¡Qué mejor halago pudimos haber recibido y del propio Santo Padre!

Yo como periodista había evitado a la prensa en todo momento que estuve en el coro, pero ahora recibía pedidos de muchos de este grupo para que se cuente la verdadera crónica de lo vivido en este evento y que sabíamos estaba siendo reconocido por el público.

Y por ello me animé a contar que “¡Esto fue el Coro del Papa!”. (FHA).

Fotos: twitter / facebook Coro Quito / FHA / Fidel Delgado

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