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Edición #4501 |  Ecuador, lunes, 24 de abril de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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EL 30-S EL FRACASO UN GOLPE DE ESTADO DE FILIGRANA (primera parte)

2016-10-03 14:14:00
Análisis
5826

Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz / Ecuamex

Todo parece que mientras mas pasan los días peores son las dudas. A seis años del 30 de septiembre de 2010, me siento obligado a exponer al público este pedazo de historia que he vivido en condición de testigo privilegiado, pero contando mas bien mis apuntes y temores que me martillan la memoria y que tratan de atinar una explicación racional a lo que creo que el Ecuador enfrentó ese trágico momento de su vida política: un intento de golpe de estado cuasi perfecto, una obra de filigrana, que solo falló por la falta de consideración al espíritu humano y su sentido de dignidad con el que no contaron nunca.

Tengo la impresión que para lograr explicarme debo empezar por el final, por la conclusión a la que he llegado, para ir desarrollando una especie de crónica confirmatoria de los hechos, que puedan atinar una explicación lógica de lo que afirmo.

Entonces: Presuntamente, el 30-S fue un intento de golpe de estado perfectamente planificado, que partió de una serie de hechos que fueron haciendo una masa crítica y, que logró prender en ciertos sectores políticos los cuales encontraron en algunas filas militares y policiales que se escuchen sus planes sediciosos. El Plan era un golpe fulminante que iniciaba con una serie de revueltas conectadas: partía la primera de ellas desde los cuarteles en los cuales se iniciaba una sublevación de los uniformados; una segunda se prendía inmediatamente en las calles con grupos sociales o políticamente complotados que se activaron para fomentar el caos y violencia, toma de instalaciones estratégicas; la tercera de las revueltas era el control de la Asamblea Nacional, a la cual se la había cooptado desde la noche anterior rodeándola de policías de la escolta y dirigentes políticos aparentemente complotados con movilizaciones de sectores organizados que reclamaban intervención de la legislatura; la cuarta se asumía desde algunos medios de comunicación que se encargaban de alarmar a la nación al estado del paroxismo de la violencia, hasta llegar al derrocamiento final.

Para que funcione este golpe de estado la comunicación tenía que estar perfectamente sincronizada entre la exaltación de la información, la contra-información y la desinformación que generen toda la zozobra y el pánico colectivo para llegar a la crisis.

Da la impresión de que el plan incluía horas concretas para ser ejecutado, de entre ellas, que el caos propiciado sea extendido en cuestión de minutos con saqueos, asaltos, violencia y crisis generalizada, la que debía llegar a su punto culminante al mediodía. Al tipo horas de la tarde, luego de un día caótico y violento los líderes de opinión propiciaban un reclamo colectivo que forzaba a la reunión de la Asamblea la cual debía dar una solución legal: la sustitución del Presidente y del Gobierno de un plumazo, para lo cual ya tenía antecedentes históricos como la “declaratoria de locura” de Bucaram, El “derrocamiento” de Mahuad o “el abandono del cargo” de Gutiérrez.

Para ello dos elementos claves debían darse: Que el Presidente de Ecuador se quede en condición de rehén encerrado en el Palacio de Gobierno, dando órdenes que nadie obedecía o podía cumplir, y que firme decretos o resoluciones inútiles; y que se logre a toda costa una reunión urgente en la Asamblea Nacional para facilitar el golpe perfectamente legalizado. No más allá de la media tarde era probable que se tenía un nuevo gobierno con un golpe de estado al mas puro estilo de la filigrana perfectamente ordenada, tallada en sus mas certeras fibras.


Lo que sigue es solo una asociación de hechos, que me ha costado algunos años seguirlos, y que como indico arriba, todavía siguen siendo dudas, perversas dudas, pero mas bien se inclinan por ser respuestas a una verdad evidente, el golpe de estado de filigrana, perfectamente orquestado  falló. ¿Por qué falló?, veamos:

Para empezar la masa crítica que fue movida al golpe desde mucho antes con una campaña de rumores y correos electrónicos, regados por manos que tenían razones ocultas distintas a las que aparecieron ese día y que fueron alimentadas por miedos o resentimientos.  Las primeras horas del 30 S, yo fui llamado por alguien de la policía que se comunicó con Ecuadorinmediato para anunciar la sublevación, cuando yo llegué cercano a las 7h00 de ese jueves, me encontré con el hecho más raro, varios canales de televisión estaban dentro del cuartel Regimiento Quito, con señales satélites y microondas instaladas horas antes; todos los periodistas con total acceso, en un hecho absolutamente contrario al secretismo usual en estos casos. Es decir, aquí se quiso desde el principio que esto se expanda, se riegue y la prensa les fue muy útil o complotada para el caso. Hay fotos y testimonios evidentes que muestran que este uso de cierta prensa es más que una verdad.

El total acceso de la prensa, en ese momento generó la posibilidad de un acercamiento a los policías sublevados. Pude conversar en el ala sur del regimiento, antes que llegue el Presidente Corea al lugar. Ellos me expresaron verdades como estas: nos han quitado el manejo de la policía de tránsito, migración, los negocios policiales como Gaspol ya no eran de ellos. Las condecoraciones poco importaban pero habían eliminado al GOES así como el contacto con los norteamericanos con el UIES, y lo que mas les preocupaba –esto es muy importante porque se va a repetir luego – se había creado una “comisión de la Verdad” que comenzaba a buscar sanciones a crímenes ocultos. “Van a enjuiciar a nuestros generales” decían exaltados y eso no se podía permitir. Esas razones, siempre fueron difíciles de explicarle a la nación porque hay un sentimiento de culpa extendido en los uniformados por los presuntos crímenes de quienes fueron sus jefes, entonces fue evidente que esta era una revuelta azuzada por los mandos que fueron o que estaban y temían como temen hasta ahora por su imagen y estabilidad.

Si hay algo que se escucha con frecuencia decir en los sectores opositores al gobierno de Rafael Correa, cuando analizan el 30S, es inculparlo de su actitud al presentarse en el cuartel sublevado y, haber “cortado” la información al punto extremo de reducir a una sola cadena la noticia del momento. Pero, desde otra óptica visto el tema se podrá apreciar que, por el contrario fueron esos dos factores los que presumiblemente impidieron el golpe de estado.

En mi vida periodística, me tocó en este, como en otros casos, ser un testigo privilegiado de la historia. Eran algo más de las 8h00 de ese día cuando se presentó el Presidente de la República a la puerta del Regimiento Quito, y su presencia fue rechazada con algo de estupor, solo fueron gritos y la negativa a abrir la puerta a la caravana los que impidieron el acceso en ese primer momento. En los sublevados hubo desconcierto y un alivio inicial al verle partir al grupo presidencial. Pero, y yo seguí al grupo hasta la calle San Gabriel, a la parte sur del Hospital Metropolitano, para ver como el propio mandatario organizó el retorno al cuartel, como minutos después lo hizo. En efecto, Rafael Correa, en muletas y con un arresto de valor que superó su condición física, entró caminando al Regimiento, en medio de gritos de los policías insurrectos y, para sorpresa de muchos el alboroto provocado por algunos de los familiares de los policías que se hallaban también en el sitio, reclamando todo lo posible, pero sin atinar explicación del ¿Qué hace aquí el Presidente?

Lo que siguió ha sido visto una y mil veces. Los policías violentos y el Presidente exaltado reclamándolos. Sin embargo, hay un detalle que no se asocia en forma lógica y es que mientras el mandatario reclamaba por las mejoras evidentes que había recibido la gendarmería en su gobierno, ellos reclamaban por lo dicho: es decir, por el miedo al juicio de la Comisión de la Verdad, ellos gritaban por los mandos implicados en crímenes y abusos, por lo cual al ser encarados por los beneficios salariales desde las filas de las familias y civiles, metidos en el cuartel ese momento, salió el grito en favor de un ex gobernante como promotor de tales beneficios. Ese desencuentro de discurso es revelador, porque subió de tono el enfrentamiento y desafió al espíritu del golpe.

A partir de ahí, justo de ese momento, el plan del golpe de estado se había comenzado a desarmarse por la presencia del mandatario. Deben haber sido segundos que la reacción de los complotados los movió a cometer lo que sería el más notorio error que destruyo la sedición: convertir en rehén al Presidente de la República, y no saber qué hacer con él. Los ataques a la integridad física del mandatario por parte de los sublevados solo eran muestras de desesperación, el impedimento a que se lo saque en un helicóptero o que acceda al hospital policial, en el cual extrañamente estaba siendo controlado por un director de la casa de salud que tenía en su poder las llaves del conserje cerrando las puertas del mismo, para lo cual hasta ahora no hay una respuesta clara. Pero, todo eso muestra de que Correa se convirtió en el preso incómodo que no calzaba en el esquema del golpe desde ese mismo instante y, lo peor de todo es que les llevó el conflicto a su propio interior, para que los complotados se enfrenten con la ciudadanía que reclamó la liberación del mandatario hasta conseguirla horas más tarde.

Por qué es importante el punto. Si se miran los antecedentes, en los tres casos de golpes de estado anteriores, el Presidente de Ecuador siempre se quedó en el Palacio de Carondelet, que se convirtió a la larga en su trampa mortal, ya que desde el sitio, rodeado por la tensión social con una movilización creciente su debilidad fue evidente. En los tres casos de los golpes contra Bucaram, Mahuad y Gutiérrez, se hizo factor común el que con el paso de las horas, con la violencia creciente y la crisis agudizada, mas el retiro del apoyo de los militares, se decidió siempre en contra la suerte de los mandatarios destruidos por el golpe. Ese fue el esquema que se quiso aplicar para la ocasión y, Rafael Correa, de quien nadie puede dudar su capacidad de lectura política del momento, lo entendió perfectamente por lo que se salió del libreto y fue directamente a enfrentar al grupo sublevado. Es decir, mientras los tres ex presidentes se quedaron en Carondelet a cuidar su cargo, en este caso el mandatario lo entendió diferente y el mismo salió a la calle a defender el suyo, ahí el destruyó una parte del plan sedicioso.

Decía que el otro factor importante era el rol de la Asamblea Nacional. Hay evidencias y datos certeros que la Asamblea Nacional fue cooptada desde la noche del 29 de septiembre de 2010. Tras la decisión de reforma a la ley de servicio público, la decisión del mandatario ecuatoriano fue llamar a la muerte cruzada, eso lo confirmé en ecuadorinmediato.com con versión oficial de Carondelet. Pues bien, a horas de la medianoche elementos civiles comenzaron a impedir el acceso de asesores o asambleístas, testimonio que lo ratifica una y otra vez la asambleísta de AP, María Augusta Calle. Y en efecto, a la mañana del 30 ya amaneció controlada por la policía legislativa la sede de la Asamblea, con acciones de los uniformados que denotaron complot que ha sido juzgado, ya que buscaron seleccionar quien ingresaba, impidiendo siempre la presencia de los asambleístas pro gobierno. Esto a un marco exaltado por dirigentes políticos opositores y grupos sociales que en las afueras buscaron presionar una respuesta de la legislatura para la crisis que se había montado.

De todas formas se quiso legalizar el golpe por la vía de la asamblea. Para ello, las presiones para que se reúna la función legislativa fueron de tal nivel que hasta llegaron a provocar el enfrentamiento entre titulares del estado nacional. Y lo digo con conocimiento de causa. Encargada del poder estaba la vicepresidenta Irina Cabezas, quien en comunicación con todos los sectores posibles buscaba instalar una sesión del pleno, que hubiera tenido impredecibles consecuencias.  La petición de Cabezas que podría haber cedido a la exigencia de los políticos opositores, siempre fue rechazada de forma tajante por el Presidente Correa, quien me confirmó esto en una entrevista del tema, tres años después el 30 de septiembre de 2013 diciéndome que él mismo, pasadas las 13hrs, cuando ya había denunciado al mundo que se hallaba retenido ilegalmente en el hospital policial,  a una llamada de la Presidenta (e) Cabezas que le anunciaba que convocaba a la sesión para “analizar la situación y respaldarlo”, le anunció que si lo hacia el mandatario ecuatoriano renunciaba ese momento a la Presidencia. Esa actitud determinante destruyó todo intento de reunir a la legislatura, que al parecer era parte del plan golpista y alteró el esquema de la sedición que buscó auparse en la cita de la Asamblea.

El otro punto crítico determinante para destruir el plan golpista fue el control de la comunicación. En efecto, al inicio del suceso la información, desinformación y contra-información fue planificadamente caótica. Si, aunque suene contradictorio pero, al parecer para quien formuló el plan golpista, la dispersión de los informadores fue aprovechada para expandir la violencia. Las versiones, las imágenes, las noticias, los rumores, las transmisiones exaltadas, fueron el caldo de cultivo para la inestabilidad deseada. Así, hecho tras hecho relatado con un furor apasionado, con la intervención cómplice de ciertos reporteros que aseguraron la intervención sublevada de militares, todo en vivo y en directo, mas la toma de instalaciones estratégicas, como puentes o aeropuertos, sumado a una cadena de hechos delictivos aparentemente espontáneos, fueron dando un panorama sombrío y crítico en la nación. Hasta el mediodía el control era del golpe, pero, en el instante mismo en que se obligó a sumarse a una sola cadena a toda la comunicación, ese fue el momento clave para frenar el clima de violencia. A partir de ahí el no ver reflejado en las pantallas el enfrentamiento que se vivía en las calles de Quito, mientras en el resto de la nación no se dio ninguna señal de apoyo a los sediciosos, fue una especie de limbo que le beneficio al régimen. Ahí se frenó toda reacción social contraria, y se concentró el hecho en el rescate del mandatario. El Gobierno anuló el golpe controlando el espacio mediático y las voces que ahí se expresaron, con lo que transformó el efecto a su favor movilizando a la gente a enfrentar a los golpistas en un solo punto, el hospital policial y sus alrededores, dejando de lado todo lo demás. Había arribado la tarde en la nación y los hechos iban a cambiar la historia que se tenía previsto con este acto sedicioso.

He llegado al punto de inflexión de intento golpista. Y quiero dejar ahí, porque los sucesos de la tarde noche del 30S merecen otro análisis que comprometo para las próximas horas (FHA).

 


Dr. Francisco Herrera Aráuz / Director General de Ecuadorinmediato.com
Ecuamex: Agencia productora de contenidos editoriales para Ecuadorinmediato.com

 Fuentes Fotos: ANDES/ aporrea.org/ ecuadorlibrered.org

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