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Edición #4501 |  Ecuador, domingo, 30 de abril de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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30-S EL FRACASO DE UN GOLPE DE ESTADO DE FILIGRANA (segunda parte)

2016-10-07 14:48:00
Análisis
4682

Por Dr. Francisco Herrera Aráuz /Ecuamex

He de insistir en mi planteamiento de mi primera parte, el 30 de septiembre de 2010, en Ecuador se fraguó un plan de golpe de estado, perfectamente articulado, como una obra de filigrana que fracasó solo por la concepción de dignidad de algunos de los actores o protagonistas políticos. Pero, ¿por qué insisto en la tesis?, pues, porque de una u otra forma con el pasar de los días pareciera que se quiere perder la idea, generar olvido y distorsionar la historia a su antojo para que se logre la impunidad. Pero no, no ha pasado mucho tiempo, no se puede dejar atrás la historia sin tener claro los hechos, porque Ecuador no se puede permitir que aquello se repita, por eso insisto en lo que cuento.

 

Vuelvo a ratificarme que todas estas son notas, datos, apuntes, pero sobre todo dudas que con toda la perversidad del caso dan cuenta de una molesta insistencia para llegar a la verdad de los ¿por qué? Y me hallo en la misma condición de muchísimos ecuatorianos que encontramos una especie de explicación interna y de convicción propia, que por cierto la defiendo como válida por ser del propio pensamiento como de la experiencia para leer esta parte funesta de la historia, que es interpretada de mi parte con la noción más próxima la verdad, sin que esta quiera ser tomada como única o definitiva.

Las primeras horas de la tarde de ese 30S tuvieron dos partes de un ambiente sombrío: desinformación y confusión total. Todo da para pensar que a esas horas los complotados en golpe de estado ya tenían un panorama cierto que les movió a encontrarse con el fracaso. La sublevación no había prosperado en los espacios militares, los cuarteles comenzaban a normalizarse con una declaración del comando conjunto que respaldó al régimen; la Asamblea no había podido completar los 61 votos ni siquiera para pensar en una auto convocatoria disimulada; la violencia promovida no se había extendido, la ausencia de noticias la había casi borrado a esa violencia de la conciencia colectiva y la mayoría de ciudades dejó el temor y salió a la calle a tratar de regularizar su situación.

Entonces el tema de la presencia de Rafael Correa en el hospital policial tomó una dimensión no prevista para quienes estuvieron complotados, ya que la incomodidad de tenerlo en sus instalaciones se convirtió de un momento a otro en un problema político grave. El mandatario era un rehén, estaba retenido contra su voluntad ya que en los exteriores del edificio un grupo tumultuoso de policías gritaba, amenazaba y reclamaba atentar hasta contra la vida del Presidente si no les firmaba un acuerdo. El problema era ¿Qué pedían?, queda para la historia que ellos mismos no lo sabían, al menos 4 comisiones de policías entre mandos, tropas, superiores y oficiales pasaron a la habitación del mandatario para exponer sus exigencias sin resultado alguno porque no tenían un pedido concreto, pero igual querían que siga retenido con tropas de insurrectos en los pasillos del hospital que siempre amenazaron con matarlo. El Presidente había logrado concentrar la atención del mundo y los lanzó contra los sublevados que no supieron que hacer con el rehén.

El paso de las horas críticas hacia la noche sumó un nuevo elemento: Toda la gente, la sociedad civil, la militancia organizada, los simpatizantes activos y la opinión pública, que se organizó disciplinadamente bajo el mando de los propios ministros y funcionarios de estado, así como desde los dirigentes del partido gobernante Alianza PAIS, decidió tomarse la calle para poner un escenario distinto al que se había acostumbrado el Ecuador de las últimas décadas. Es decir, hasta ese día la gente salió a clamar por la caída del régimen, a respaldar a los golpistas, a sacar del cargo al Presidente de la República. Todo da para pensar que quienes diseñaron el golpe de filigrana creyeron sinceramente en tal posibilidad pero la realidad chocó con algo distinto. Es sorprendente hasta ahora ver la imagen más labrada en la memoria colectiva de ese día con  fotos y filmaciones, como miles de simpatizantes del gobierno, encabezados por ministros de estado, salieron desde el Palacio de Gobierno y se tomaron las calles de la ciudad para marchar hasta el noroccidente de Quito, a reclamar que se libere al mandatario. Fueron miles los que se presentaron voluntariamente a exigir el respeto a la democracia; sí, como lo leen, los mismos quiteños que muchas veces se movieron como fuerza sediciosa en esta ocasión fue al contrario, llegaron hasta las puertas mismas del cuartel y reclamaron que se respete al Presidente, que se cumplan la ley y que la nación mantenga su estado de derecho, todo eso en menos de 5 años desde el último golpe de estado (21-abril-2005), como habían cambiado las cosas.

La reacción popular tomo por sorpresa a los promotores del golpe, por lo que hicieron visible un segundo error que les costó su movimiento sedicioso: sacar a la calle a los policías para que actúen peor que los delincuentes que combaten a diario. Con una furia asesina, los uniformados se ensañaron ese día contra su pueblo, lo atacaron cobardemente en pandilla, como gavilleros al asalto exhibieron sus más feroces instintos contra la sociedad desarmada. Lo irónico es que pese a la acción delictiva de tratar de destruir toda suerte de identificación a tales delincuentes, este resultó ser el golpe de estado más registrado o filmado ya que todo el mundo sacó sus cámaras filmadoras caseras, sus teléfonos celulares fueron muy útiles y los periodistas como cineastas pudieron hacer un excelente trabajo documental que ahora se lo aprecia en distintos ámbitos, sean en la red, en sitios webs propios, en espacios públicos democráticos, en archivos fotográficos profesionales y hasta en documentales de amplio espectro hoy son el mejor testimonio del afán de golpe que se dio desde las fuerzas ocultas que manejaron el 30S. Lo irónico fue que, al inicio de la investigación en Fiscalía no se quiso tomar en cuenta este punto, tratando de borrar de la memoria la gesta popular de la gente, y de forma sospechosa no constaba hasta hace tiempo atrás ni una sola toma o filme, para evitar la identificación de los policías agresores de la nación. Al parecer ahora, con el cambio de enfoque de la investigación derivadas hacia el secuestro presidencial y el intento de magnicidio han comenzado a usarse estos testimonios de alta valía porque ahí hay rostros, uniformes, grados, mandos y presuntos culpables.

El ambiente de confusión absurda de ese día, a esas horas, lo puso de manera inesperada un espacio con el que los promotores del golpe no contaban: el internet y sus redes de comunicación.  Ese día nos tocó jugar un papel altamente decoroso en la información desde Ecuador al mundo. Como medio de comunicación digital nativo siempre nos preparamos para una contingencia de estas u otras, y ese día a medida que avanzaron los hechos los demás portales de información de Ecuador, todos sin excepción se cayeron colapsados por el público que se volcó ávido de noticias. Entonces, las redes sociales, en especial el twitter, fueron estrenados de manera miserable. Fue ese el punto de partida de un campo de batalla que hasta ahora dura, en el cual se enfrentaron las posiciones más racionales hasta las más indignas que perdieron todo sentido del respeto y el orden. Versiones, chismes, rumores, desmentidos, insultos, ofensas, documentos falsos, fotos trucadas, y todo lo que a alguien se le ocurría para sumir en el caos a la nación salió a flote como excremento moral en un maremágnum. A nosotros nos llegaba el efecto de esa ola con los pedidos urgentes de desmentidos o confirmaciones de los peores rumores, y para colmo era un espectáculo frente al mundo. Sobrellevar esa carga fue muy pesada, desmentir noticia falsa tras noticia falsa, reemplazar por verdaderas a un sinfín de correos que urgían por información, dato a dato que se hizo una montaña de males porque le hizo mucho daño a la imagen de la nación. Sin embargo a nosotros nos corresponde el alto honor de haber sido los que facilitamos toda la información para que la OEA, ONU, UNASUR y la comunidad internacional asuman resoluciones basadas en nuestra información, la única certera a esas horas. Ese punto volvió mucho más confuso y difícil al panorama, tanto que da la impresión que los golpistas se sorprendieron de tanta hiperactividad en una franja que no conocían y que les destruyó su estrategia.

 

Para el grupo golpista alrededor de las 17h00 la suma de los fracasos hasta esas horas de la tarde les enfrentó a la dispersión o, al menos eso se puede especular ahora, a la búsqueda de salidas del tema. Si conectamos poco a poco las exigencias de reunión de asamblea subieron de tono, otros comenzaron a agruparse en torno a los líderes políticos visibles de la oposición hasta llegar al extremo del planteamiento de una amnistía, que era reclamada cuando todavía no se resolvía el acto sedicioso, se había producido ya el primer muerto en las calles de Quito y el Presidente seguía detenido. Mas de uno de los líderes de opinión, que en la mañana hasta sostenían el reclamo de la renuncia del Presidente, ahora cambiaban de tono para exigir una “salida” a la crisis que solo insinuaba enfrentar políticamente al tema, pero ya no por la vía de la sustitución del Presidente, sin que ninguno de ellos reclame frontalmente que se devuelva al mandatario a su libertad personal, en eso hubo cobardía mucha cobardía de esos voceros que ya no sabían a qué rol jugar, porque era evidente que la conspiración había comenzado a volcarse en su contra.

Otro de los grupos dispersos y, esto se puede comprobar por la relación que tuvimos con los hechos, decidió darle una salida audaz de opinión pública a este golpe fracasado. Así, se conformaron piquetes bajo las órdenes de presuntos uniformados policiales, que dieron instrucciones severas de atacar a las antenas de transmisión de los canales y radios en las faldas del Pichincha, otros, reunidos al pie de la tribuna de los Shyris organizaron piquetes de ataque a algunos medios de comunicación de entre ellos los medios públicos, Radio Tarqui, Radio La Luna y Ecuadorinmediato.com, lo que se cumplió a medias solo con la invasión juzgada a EcuadorTV, ya que a esas horas se había dado ya la confrontación a bala al pie del hospital de la policía. Una llamada de alerta reservada a estos medios de comunicación de alguien que se hallaba al parecer en ese lugar, y que luego se vería con los hechos, comprueban que “alguien” daba órdenes, organizaba y promovía el apoyo a la asonada golpista. Eso no se puede negar.

Y, si eso no fue suficiente, pues lo peor vino esas mismas horas con los que decidieron subir la escalada de violencia para una desenlace mortal del golpe de filigrana, es decir, la búsqueda de muertos con el magnicidio incluido, para generar un caos de impredecibles consecuencias. Así, en cuestión de minutos pasadas las 17h00 los policías con comportamiento delictivo arremetieron contra la gente fuera del cuartel, se produjo entonces el asesinato cobarde de Juan Pablo Bolaños, por disparos de francotiradores apostados en los edificios vecinos al hospital, eso al menos se desprende de la investigación en Fiscalía. Y luego, se evidenció como se quiso protagonizar un enfrentamiento indignante todo con el fin de pescar a rio revuelto y motivar la caotización nacional con el asesinato del Presidente de Ecuador.

Se abre acá otro debate importante.

¿Con que apoyo de las fuerzas armadas ecuatorianas contó esa noche la democracia? Fue evidente que la conspiración llegó a las filas de los militares. La toma del aeropuerto de Quito, con grupos de sublevados que habían tenido carteles impresos, con consignas preparadas y muy bien establecidas, con un plan selectivo que movió a algunos de ellos a dirigir el alzamiento en forma coordinada como el caso de la toma del puente de la Unidad Nacional, o la manifestación del Ministerio de Defensa, son hechos que se están todavía juzgando en las cortes judiciales ecuatorianas, y denotan que aquí existió una planificación golpista, eso no se puede desmentir.

Sin embargo, hay dos demoras de la intervención de los mandos militares ecuatorianos. La primera da cuenta de la tardanza del pronunciamiento del Comando Conjunto que apareció a horas del mediodía. Tal exposición de apoyo al Presidente de Ecuador y la Democracia fue condicionada, y lo fue bajo la exigencia de que la ley de servicio público tan controvertida a esas horas, sea revisada. El general Ernesto Gonzáles lo sabe, porque pronunció tal condición al final de su mensaje para que se difunda en los canales de televisión. Sin embargo, Fernando Alvarado, Secretario de Comunicación, y quien controló la cadena de ese instante ha testimoniado que eliminó tal frase, y no la difundió nunca, pero eso existió. 

Y, la otra demora, la intervención para el rescate del Presidente del hospital policial que está rodeada de versiones del quién o quiénes fueron los que salvaguardaron al mandatario, así como de los enfrentamientos armados. Fue demasiado largo el tiempo que se vivió a la espera de que lleguen los uniformados, sobre todo porque esa tarde fue la peor de todas las masacres que la policía ecuatoriana ejercía contra su pueblo, y solo los militares saben el debate que se vivió en su interior y que terminó en su intervención con el desenlace felizmente conocido, pero que si dividió en un momento entre quienes estuvieron en contra o a favor de Rafael Correa, con lo que puede asumirse como una esperanzadora tendencia de unas fuerzas armadas que resolvieron respetar la Constitución y las Leyes como al primer mandatario, y que a veces se manifiesta de nuevo cuando se ponen los momentos más álgidos en la relación cívico militar de este tiempo, es decir: hay militares que apoyaron y apoy7an al Presidente de Ecuador.

 

Dos hechos más quedan en la historia del terrible absurdo. La antológica barbaridad “¡Están disparando balas de plástico!” lanzada de manera irracional en una transmisión televisiva que la veía el mundo, que no tiene explicación alguna y para la cual no hubo censura que valga. O, lo mísero de la frase “¡Maten a Correa y se acaba esto…Maten a Correa! La cual ordenada en esos terribles momentos no dimensiona el nivel de tragedia que hubiera asumido la nación si llegase a ocurrir el magnicidio.

Pero quizás la duda más grande que no tiene respuesta en mí es: ¿De dónde salieron las armas que provocaron esta masacre? Si revisamos la información exacta, fue evidente que hubo francotiradores apostados en los edificios aledaños, que usaron sus armas para disparar contra los pobladores que respaldaron a Rafael Correa, y que luego fueron activadas para atacar a los militares que llegaron a rescatar al Presidente, y luego a la caravana que lo sacó del hospital. Si hago caso de la parte pertinente de estos hechos del informe de la Contraloría General del Estado, no existió ningún tipo de uso de arma policial del rastrillo del Regimiento Quito, ni nunca se disparó algún proyectil del parque asignado a los policías; es decir: usaron armas particulares, privadas, anónimas, facilitadas por alguna mano asesina. Lógico es preguntar entonces ¿Quién facilitó esas armas?, ¿Que marca y numeración tuvieron los cartuchos de los proyectiles disparados?, y luego, ¿Qué orden cumplieron quienes retiraron los proyectiles de los cuerpos, de la zona del crimen?. Todos estos datos hacen más contundente la afirmación que esto fue un golpe de estado, planificado, preparado con anticipación, de manera premeditada, y del cual se requiere saber ahora la autoría intelectual y de donde provinieron los recursos para que se dé este ataque a la democracia ecuatoriana.

Al final de cuentas, todo esto fracasó por una consideración que no la tuvieron los golpistas: las múltiples reacciones de dignidad que se dieron ese día para destruir este golpe de estado de filigrana que nos hizo mucho daño a todos. (FHA).

Dr. Francisco Herrera Aráuz /Director General Ecuadorinmediato.com

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