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Edición #4501 |  Ecuador, miércoles, 22 de noviembre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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ECUADOR: A DENTELLADAS POR EL SEGUNDO LUGAR

2017-01-30 07:40:00
Análisis
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Por Dr. Francisco Herrera Aráuz / Ecuamex

Los últimos días de la campaña electoral ecuatoriana con los resultados cuestionados de las encuestas y los encuestadores, mas un desacertado debate entre candidatos con un comportamiento detestable, han reflejado el ambiente que la clase política opositora le ha dado a Ecuador, que solo están para pelear un segundo lugar, esperanzados en una segunda vuelta que los una con un factor común con el que se han mantenido hasta ahora: Rafael Correa.

 

La última década en el país solo parece haber ratificado el liderazgo del mandatario ecuatoriano contra el cual todos los sectores políticos, sean estos de la derecha, centro e izquierda y sus extremos de lado y lado, han luchado en forma dura y conflictiva entre modos y palabras, con acciones y gestos mordaces o mendaces. Lo cierto es que en esos diez años el Presidente de Ecuador logró para él y su partido un cúmulo de triunfos tanto políticos como electorales que le dieron el poder consolidado entre lo legal y lo legítimo, sí ese que dan las urnas como la aprobación de su imagen que siempre se mantuvo en los márgenes altos superiores al 50%.

Todo el arsenal usado contra el régimen, previo a las elecciones del 2017 apuntaba a destruir a ese liderazgo triunfante. Para ello nada faltaba en la oposición que se había unido de manera unísona para enfrentar a un solo candidato: el presidente ecuatoriano, a quien le negaron toda oportunidad para reivindicar a su gobierno y el proceso de la revolución ciudadana que había llevado adelante. Toda la clase política se preparó para ello, es más se unió en conjunto para consolidar plataformas electorales que les permitan juntar esfuerzos, nombres y siglas políticas sin importar diferencias ideológicas, o distancias históricas y hasta traiciones míseras. A más de ello, los conflictos agrandados por la prensa opositora, que perdió su papel y entró en la lucha por el poder, aunado al cargado ambiente en contra del régimen hizo lo suficientemente pesado el futuro nuevamente con Correa para un futuro impredecible.

Y entonces le vino la debacle a la oposición política nacional: Rafael Correa no fue el candidato. Se fue sin darles chance de seguir en su estrategia de destruirlo a como dé lugar y claro, les negó la oportunidad de derrotarle. Sin embargo dejó una estela de prestigio a  favor de su sucesor elegido en Lenin Moreno, que mantienen tanto su imagen personal en alto como la del régimen de AP,  mientras que el mandatario actuante conserva su aceptación pese a todas las acusaciones y tormentas que le han sobrevenido.

Ese fue el primer mal momento para la oposición, el que no tengan a su enconado rival, y claro lo que se une por odio, por odio se destruye. Lo que ha visto el Ecuador con su oposición política es una batalla encarnizada de unos contra otros para tratar de superarse entre sí mismos y ser los nuevos propietarios del poder, para ejercerlo a como dé lugar, aunque sea bajo el estilo de Correa, del que han asimilado su éxito en la conducción de la nación y que no se duda que quieran repetirlo, aunque su discurso diga lo contrario.

Desde el tiempo de la pre-campaña, hasta la fecha, el principal motivo de la misma no es quién ganará las elecciones, ya que Moreno desde que entró en la contienda su margen varía entre el 30 al 40% con sus porcentajes de alta probabilidad de triunfar en una primera vuelta. Es más, hay un reconocimiento uniforme de todas las encuestadoras para darle esas cifras como la opción de que gane en una sola concurrencia  a las urnas, con un margen de más del 10% superior a su seguidor inmediato. En ello se refleja el prestigio del régimen, del candidato, del proceso político de la revolución ciudadana, así como la fuerza que transmite Rafael Correa a su grupo político para lograr no solo la presidencia sino una nueva mayoría en la asamblea. No, esa no es la preocupación de la clase política que parece resignada a esa realidad.

Lo ocurrido esta semana ha reflejado con exactitud lo que la oposición ha definido como su propia batalla: el segundo lugar. Si, como lo leen, lo único que se quiere disputar por ahora es el segundo orden para así alcanzar una opción a ser presidente enancado en la oportunidad que le daría una segunda vuelta, a la cual sueñan con conseguirla en unidad de los suyos, entre los rivales agnados y cognados, a quienes los tuvieron juntos en los nueve años con el único factor común del odio político a Rafael Correa, y del que confían les vuelva a unificar si se da el caso.

 

Mírese el primer escenario de esa disputa de los 7 por el segundo. Las encuestas y encuestadoras en horas recientes han  dado cifras de lo más disparatadas posibles, todas ellas coincidentes en el primer lugar de Lenin Moreno, pero con una serie de variaciones en el porcentaje, tantas que mas bien parecen malabares numéricos que serían graciosos si no fuesen tan contradictorios como con olor a falsedad. Por ello, ante la opinión pública lo menos creíble es el valor de votos que se le da al triunfador en un subibaja inexplicable, de esos de última hora que no parece creer nadie. Pero, en fin, ya se verá si alguien acierta.

Como si no fuese suficiente esa pelea por el segundo puesto está que arde,  al punto extremo que la posición ubicable asignada a Guillermo Lasso desde hace un buen tiempo atrás que el candidato de Creo está en campaña, ahora es motivo de una furiosa gresca con Cinthya Viteri y la enconada tienda socialcristiana. Números van o vienen, el hecho cierto es que la pelea electoral se ha trasladado a los dos y con todos los recursos negativos posibles, dando la impresión de una especie de guerra de pandillas que sus partidarios sostienen, sea entre acusaciones, revelaciones de listas, videos, rumores tendenciosos y hasta falsos hackeos que echan leña al fuego en las redes sociales para obtener puntos rebajados que descalifican constantemente a su rival.

Es un feo espectáculo el que andan ofreciendo ellos, con un severo enfrentamiento entre amigos de la misma línea como Guillermo Lasso y Blasco Peñaherrera Solah, justo por las mediciones de opinión pública. Los niveles de desconfianza han llegado a un grado extremo de enrostrarse la falta de credibilidad en su trabajo del uno, como el afán de comprar la manipulación de encuestas del otro, y todo por ese segundo lugar tan codiciado.

¿Y el resto de los 5 candidatos? Pues, de manera sumisa se han sumado a la lucha por el ansiado lugar. Es tan pobre el afán que exhibe la clase política nacional que han resignado su papel a ese espacio secundario frente a un Lenin Moreno, al que involuntariamente le proyectan y apoyan aun cuando estuvo ausente del reciente espectáculo-debate que se dio el pasado miércoles 25 en la Cámara de Comercio de Guayaquil. El ataque entre ellos sumado al constante roce de palabras contra Correa, al que añoran y lamentan no tenerle de candidato, hizo parte de ese encuentro carente de brillo y en el que cada uno dijo lo que dijo, en medio de barras violentas y grotescas que acababan con la honra de los debatientes. Si, Moreno triunfó al no ir, y le dejo al acto del empresariado comerciante con la impresión de que habían preparado una emboscada mediática con sitio dejado vació sumado a la perversa intención incluida del rastrero que acudió con foto del ganador para llamar la atención asegurándose para sí el último lugar que obtendrá en medio del ridículo nacional que es su candidatura.

Y como para que no se dude que seguirá esta batalla en los próximos días se re escenificará un debate en el espacio abierto por el grupo mediático el comercio, el cual tras diez años no puede negar que ha jugado un importante papel en expandir el odio político a Rafael Correa, por lo que no es precisamente quien pueda asegurar una alta respetabilidad en dicho encuentro pre-electoral, sea por su falta de objetividad de su accionar periodístico evidente, como por la calidad del conductor anunciado para tal encuentro. O sea que si Moreno no les va a este nuevo enfrentamiento no pasará nada, seguirá la mediocre campaña electoral en disputa por ese ansiado segundo lugar, a la que este medio se ha ofertado como cabeza de playa para una nueva emboscada mediática, que es lo hasta ahora tiene la oposición con prensa zalamera incluida.

 

Ahora bien. Pongámonos en el plano objetivo real que se produzca la anunciada segunda vuelta, que implicaría que Lenin Moreno no logre más del 40% del voto válido el próximo 19 de febrero, ni tampoco obtenga una diferencia de más del 10% de su inmediato seguidor. Entonces sí, habrá el nuevo round electoral  y el segundo en la fila será quien enfrente al binomio Moreno-Glas, con lo que saltaran al ruedo una serie apreciable de contradicciones, las cuales marcarán definitivamente el futuro político de la nación.

Para Alianza País será un campo muy difícil de enfrentar, y se verá que tendrán que usar todas sus armas políticas para consolidar un triunfo que hasta ahí lo tenían fácil. Es tan cerrado el espectro que se vuelve crítico mirar el panorama y preguntar ¿Con quién pactar?, la verdad es que tienen muy pocos espacios, por lo que no dudo que será el propio presidente Correa y su prestigio los que entrarán en juego para lograr nuevos votos y votantes. El uso del poder en estos casos es una apuesta peligrosa cual arma de doble filo.

Si es del caso y ganan el binomio Lasso-Páez, o el Viteri-Pozo, salta la duda de cuan resentidas están sus filas y militancias. ¿Pesarán mucho las ofensas, descalificaciones mutuas y ataques en la derecha política ecuatoriana, y habrá tiempo para olvidar y superar todos los ataques entre ellos? nadie lo sabe y menos ellos que están empeñados en ser los segundos de hoy.  Es más, alegando el odio a Correa quien sabe si lograrán adeptos en otras tiendas políticas, pidiendo que se olviden ideologías, que borren de la memoria colectiva su pasado a momentos golpista o delictivo y la escala de valores políticos, quién sabe hay gente para todo.

El centrismo ubicado entre la ID, FE, Concertación, Avanza, CD o UE, si aceptará negociar con la derecha. En este caso dependerá de lo que les ofrezca alguno de esos binomios, ya que con AP no lo harán de ninguna manera. Es más, ahí si veremos el abandonar de posturas políticas contrarias a la posición de Creo-Suma o el PSC, bajo el pretexto del bienestar nacional. Con ellos será el ofertar de espacios lo que les mueva a unirse en segunda vuelta. Todo vale en política será el lema de esos días y los anunciados acuerdos programáticos que no los han logrado en esta campaña electoral serán los que se asuman sin disimulo ni asco alguno. Ya se verá eso.

Quienes están en un auténtico dilema son la izquierda moderada y la extrema izquierda, a quienes bien se les puede influir severamente por el odio al correismo.  Explotar sus bajas pasiones podría acercarles a la derecha y darles su voto para que alcancen el poder. Sobre ellos recaen todas las dudas sobre si abandonarán sus ideologías, sus creencias históricas y sus tesis que siempre los ha enfrentado a los banqueros o los socialcristianos. Ya se verá su alineamiento que se dará sin duda alguna en esta prometida segunda vuelta, a la que ellos podrían contribuir con su voto a definir el espectro político ecuatoriano.

Pero, como he reseñado, el escenario más repudiable en la política nacional es aquel que tiene su esperanza de triunfo resignada en ser segundo, para luego unirse por odio a Correa  y así ganar las elecciones. ¿Tiene futuro una nación con eso?(FHA)

Dr. Francisco Herrera Aráuz / Periodista Director General de Ecuadorinmediato.com
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Fuente fotos: metro.com.ec/univeristam/

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