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Edición #4501 |  Ecuador, miércoles, 22 de noviembre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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EN ECUADOR LA OPOSICIÓN SE HACE MAS DAÑO CON SU BOCA QUE CON SUS MANOS

2017-02-27 15:23:00
Análisis
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Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz / Ecuamex

Si se mira con precisión los primeros resultados electorales después de haber vivido de cerca la durísima campaña electoral para las elecciones ecuatorianas del 2017, uno se encuentra con una verdadera sorpresa: Alianza PAIS ha triunfado de manera amplia y sobrada en los comicios, con toda la voluntad popular muy favorable, superando en algunos espacios la cifra mágica para la democracia, o sea la mitad más uno de los votos. Pues, eso que es un triunfo político para el régimen de Rafael Correa, significa un estrepitoso fracaso del discurso opositor, que mientras más violento y crítico ha sido, ha generado mayor repudio en las urnas, ganándose una humillación política que merece una reflexión severa.Analicemos ese discurso objetivamente.

Si la democracia representativa se mide por los resultados que dan las urnas, pues en la nación de Alianza País, la izquierda y el socialismo del siglo XXI son una mayoría que se establece en forma consolidada con un porcentaje que bordea el 40% en lo presidencial, un nivel de ubicación ideológica parlamentaria que pone un número cercano a los 80 legisladores y un respaldo de un 60% a la consulta que mide la decisión política de luchar contra los paraísos fiscales. Sinceramente, por lo que se oyó y escuchó decir en estos días prelectorales todo daba para que pierda el oficialismo, pero la realidad ha sido –objetivamente hablando- totalmente diferente. Es decir, mejores números no puede mostrar un grupo político que ya se halla una década en el poder, confrontando a una oposición de extremas entre derecha e izquierda a la que ha derrotado ampliamente.

Haber escuchado el discurso opositor en la campaña daba para el asombro, la sorpresa y hasta la indignación del elector, que tuvo que soportarlos a todos en un inmenso despliegue en la mayoría de los medios de comunicación ecuatorianos, que actuaron en algunos casos como un partido opositor mas. En todos ellos se desgranó un concepto muy elaborado del tremendismo que supuestamente se vivía en el País, sumados a un presunto fracaso del modelo económico, una negada crisis espantosa que había asolado a las arcas fiscales; un marco de denuncia sospechosa agrandada de la corrupción con escándalos promovidos en forma extraña, a más de toda una serie de ataques que negaban cualquier mérito al régimen y explotaban el desgaste de los errores que el gobierno había cometido. El llamado era a destruir al correismo con todo lo que había hecho o significaba.

Sin embargo, la oposición en Ecuador fracasó políticamente hablando, y eso se mide en las urnas al repartirse un 50% de la votación nacional entre todos ellos, es decir: entre 7 binomios, 8 partidos, 12 movimientos, y un grupo poderoso de más de una decena de grandes medios de comunicación, que en muchos casos fueron absorbidos por un solo grupo como CREO que se lleva más de la mitad de ese porcentaje, borrando del espectro político a más de una candidatura que llegó a los extremos insignificantes de ni siquiera constar con una número perceptible de votación que da la impresión que para el votante no existieron nunca.

 ¿Por qué fracasó el discurso opositor en el Ecuador? Creo que deben considerarse algunos puntos, que no fueron de importancia en su momento y que ahora dan luces explicativas de lo que acaba de ocurrir.

Es notorio que fue el pésimo como distorsionado enfoque que la oposición le da al gobierno de Rafael Correa. Los excesos verbales que le acusan de todos los males posibles lo único que hicieron fue vender desesperanza, de esa que le quería convencer al ciudadano que estaba mal, cuasi culpándole que ha vivido muy mal todos estos años y, por lo tanto el haber apoyado a la revolución ciudadana fue una equivocación que se sanaba con aceptarles a ellos como sus salvadores. Nunca aceptaron los líderes de la oposición que la gente vive en una gran mayoría con un concepto diferente al que ellos creen, y más bien le dan el derecho de haber disfrutado de un bienestar social que a ellos en su mayoría les habría proporcionado el régimen de AP, al que le son gratos precisamente por eso, por ser distinto a lo que los opositores le decían.  Tratar de regar una visión distorsionada de la realidad le aleja al elector que le ve como falsos a los candidatos que le quisieron imponer su modelo de ataque al gobernante y su gobierno.

La oposición no tuvo oferta concreta, no puso a disposición del electoral algo real. Es más, la promesa de acabar con todo el correismo puede ser considerada como la gran razón para haber arruinado su participación electoral. Es decir, si la gente comparó con lo que vivía hace diez años, antes que llegue Rafael Correa, y miró lo que tiene ahora, esto resultó contraproducente para los opositores que más bien regaron en cada discurso el temor de que su llegada al poder iba a quitar a la gente lo ganado y avanzado; le decían que le iban a quitar los beneficios y los derechos que ahora siente que los vive y tiene. Es decir que los avances en salud, educación, infraestructura, atención pública,  becas, apoyo a migrantes, estabilidad política sin golpes de estado, procesos parlamentarios ordenados, política exterior digna y relevante, beneficios económicos a población vulnerable, reconstrucción inmediata tras el terremoto, entre otros, eran motivo de amenaza de ser borrados con el nuevo gobierno, por lo que a nadie le gusta que le hagan daño o le arrebaten lo que ha conquistado con su voto y respaldo a un grupo político como Alianza País. Destruir lo que ellos llamaron correismo sonó a despojo antes que a esperanza.

La molicie de insultos que la oposición regó en los medios de comunicación que en forma complaciente se lo permitieron, con ofensas y diatribas diarias, hicieron un ambiente invivible. Ninguno de los candidatos opositores se diferenció en su lenguaje y entre todos insultaron y atacaron al régimen de AP o a Rafael Correa. Lo irónico fue que daban a entender que no diferenciaron a las personas y que no entendían que el Presidente de Ecuador ya no estaba de candidato, igual atacaron y atacaron, produciendo un blanco fallido en su combate al dirigir los tiros en forma equivocada. O sea que por irse todos contra Correa se olvidaron de Lenin Moreno, al punto que el candidato de AP se tenía que batir uno contra siete, sin que le culpen de algo y defender a su gobierno como si fuese ya presidente. Mala estrategia la de los rivales que pusieron una batalla cambiada sin sentido y sin razón, siendo notorio que al elector no le gustan ni los insultos a la persona equivocada ni los carga montones desconsiderados.

El discurso de la oposición fracasó en su contenido al tratar de desconocer el entorno y la realidad circundante. Mientras ellos proclamaron el desastre económico al que nos había legado el gobierno del Presidente Correa, negaban que esta sea producto de la crisis mundial, de la caída del precio del petróleo, de la revalorización del dólar y hasta el por el terremoto de Manabí y Esmeraldas, todo lo negaron, todo. En cambio, la comprensión parece haber ganado la mentalidad del votante ecuatoriano, que miró en forma apreciable los esfuerzos como explicaciones que le dio el gobierno y le creyó. Por ello, en su mayoría al momento de consignar el voto decidió mantenerle un respaldo por lo que hasta aquí se había hecho AP por enfrentar la recesión económica. Digamos que hay mucho de credibilidad en la palabra del régimen y poca en la oposición para este tema que no confundió a la gran masa electoral.

 

Divididos, fragmentados, separados, la campaña electoral fue para la oposición política ecuatoriana una muestra contradictoria de personalismos que le destruyeron de forma siniestra, pero por boca propia. Pongamos un ejemplo: en Quito, en el distrito centro-norte, en el espacio más representativo de la burguesía quiteña, el candidato más votado fue el de Izquierda Democrática (ID) Gonzalo Ortiz Crespo, con un discurso excesivo, mordaz y crítico, que le dio el voto de clase burguesa pero no llegó a ganar su curul por una campaña mal hecha que exaltaba su nombre junto a Paco Moncayo ofreciendo empleo. A Ortiz Crespo nunca se le vio junto a sus compañeros de lista con gente como Natalia Delgado, Miguel Laguna o Gladys Tonato, solo fue él y máximo el candidato presidencial de ANC. Resultado: obtuvo un 31%, pero ¡perdió las elecciones! ¿Por qué?, porque la oposición dio la impresión de que no tiene partidos o movimientos políticos sinó comités electorales, en los cuales se llamaba a la gente a que se inscriba como candidato, se sacaron nombres de cualquier lado sin que importe militancia ni ideología para sol promocionar eso, nombres nada mas. Por cierto, es una lástima que no haya llegado Gonzalo Ortíz Crespo, hubiese sido un buen aporte al debate parlamentario.

La diferencia de AP fue que decidió elegir a sus gentes como destacados militantes y que actúen en grupo, con sentido político común, por lo que la ubicación de los nombres no importó. El resultado fue que ganaron con una amplísima mayoría que toda la oposición no puede reunir, es increíble como fracasaron por el grave error de solo haber exaltado sus nombres antes que sus propuestas, programas políticos o ideologías, que está comprobado que si hacen a un grupo triunfador en elecciones. Después, seguirán lanzando culpas y acusando de borregos a los que les derrotaron, asumiendo más bien ese papel de perros con hambre por el poder como se autodefinió algún día León Febres Cordero. O sea, hablaron demasiado, construyeron poco, que fiasco.

 

En su intento de ensuciar a su rival, que en este caso era único, toda la oposición esgrimió el discurso de la corrupción como arma combativa, pero es evidente que les fallaron los tiempos y las personas señaladas. Es decir, el mero anuncio del departamento de justicia norteamericana sobre los sobornos de Odebrecht no sale hasta ahora, y por más griterío que se armó al respecto nada se ha logrado hasta este rato. Y no es que no se supiesen nombres, porque si hubo una lista de 18 destacados miembros de la comunidad socialcristiana, con líder actual incluido, que si salieron a flote, aunque con disimulo de un medio que la sacó con vergüenza por los sobrenombres delictivos, que después se convirtieron en gente de carne y hueso fácilmente identificable. Y en lo de Petroecuador, los testimonios apurados de Capaya que no fueron facilitados a la justicia, sumados a una presunta relación con los hermanos Isaías, más la negativa de los tres medios contactados para que se difunda la entrevista, le quitaron toda la credibilidad al tema, dejándole sin piso a una intervención que tuvo que quedarse solo para regar el desprestigio en las redes sociales. Total este recurso de campaña se cayó solo, no hay pruebas, no hay nada de sustento, como lo dijo Expreso.

Debe añadirse al conflicto del discurso en campaña el tema de las redes sociales. Tan violenta ha sido la interacción en estos espacios cibernéticos, que cada vez tienen menos gente y menos aceptación. Hay tanta miasma mental que provocan una reacción sicológica evidente; el que la gente evite el conflicto, el insulto y la diatriba. El círculo cada vez es menos y por ende su influencia es notoriamente disminuida, tanto que pareciera no haber influido en el ánimo del votante que llegó a la urna y puso su marca en favor del oficialismo sin importar lo que se diga o hable el vocinglerío de quienes fungen de sus opositores en twitter o facebook, porque, total, el mundo está mucho más allá de ellos y sus insultos.

Es también evidente que el factor ético en la política si pesó. Quienes fueron vistos como traidores a un grupo u otro, no solo al oficialismo sino también a la oposición, la gente les castigó duramente negándoles toda opción de llegar a representarlos. Fue una sanción severa a quienes se cambiaron de bando de manera ambiciosa.

La situación denota claramente que hay un punto que la oposición no ha entendido. Hay una falta de credibilidad en ella, no se cree en su palabra ni en los medios de comunicación que se ha alineado a su favor, y se está sufriendo las consecuencias de su mal prestigio, o falta de acogida por lo que en esa prensa se dice, se muestra o escribe, sobre todo con los líos de presentadoras, analistas o criticadores que no han respetado muchas veces la ética profesional.  La excesiva saturación del insulto y la ofensa que se da en esos medios con el mensaje anti-gobierno da la impresión de que ha llegado a colmar a la opinión pública que, frente al sesgo que exhiben tales espacios, ha resuelto no creer en el discurso que se difunde, y es evidente que el régimen no ha tenido espacio en la gran mayoría de los medios mientras que la oposición si, por lo que esta para una siguiente ocasión deberá revisar en que medios difunde si no los contamina, porque le hace daño y le resta votos. Y lo digo porque se da una sentida diferencia en el daño que causa un desaprensivo que llama a insultar al régimen a las radios, ya que eso dura un rato, mientras que el voto dado en favor de las víctimas de los ataques lo posiciona y dura cuatro años.

 

Y como para ponerle la cereza al pastel, el discurso del fraude les ha encerrado a la oposición y sus opositores en una especie de laberinto sin salida. Usaron ese término a lo largo de la campaña como un anticipo previsivo de pérdida, para luego, horas después del 19 de febrero, se les vio estallar en un ascenso al discurso del odio, ya que el fraude no era ni entendido ni comprobado. En el fondo tras ubicarse en el fragmento de una avenida, con la gran indiferencia nacional solo se les vió como un grupo minoritario que merece respeto, pero que por su comportamiento no tuvo nada de respetable,y que para colmo actuó tomándose sin autorización el nombre de todo el pueblo ecuatoriano y con ello cometer una colección de errores o excesos que van a incidir en la segunda vuelta de manera tormentosa.

Para el caso, es funesto incitar a la poblada a incendiar Quito, provocar un comportamiento violento contra todo aquello que se movía en los alrededores del CNE que fue tomado por este grupo belicoso; gritar o escribir de forma indebida contra Manabí, clamando al cielo que les manden un terremoto a esta provincia de m… por no haber votado por Lasso. Fue de mal talante el exigir que les devuelvan las donaciones por el sismo, o el que un niño aparezca encabezando la manifestación tumultuosa en mal uso de los menores de edad provocando violencia en sus mentes. Si, estuvo mal también que supuestas papeletas, registros y documentos electorales asomen en manos de Andrés Páez, o un militante de CREO, sin que se conviertan en denuncias sino en escándalos nada más. Ni hablar de los ataques violentos a la propiedad privada como al edificio cercano al CNE por un grupo de montoneros con comportamiento delincuencial que gritaban en nombre de la democracia. Triste espectáculo que dio un alcalde papanatas como Mauricio Rodas al concurrir a fomentar el conflicto, enviando carpas, sillas, urinarios o bebederos y no protestar al menos por la ciudad que dice representar, cuando hay algún pirómano como el exalcalde de Baños que clama como un Nerón neoliberal por destruir a todo aquello que se les oponga. Lo dicho, ha sido una colección de errores políticos que CREO y el binomio Lasso-Páez han puesto en bandeja de plata a sus opositores de Alianza PAIS para lo usen en su contra. Bien se dice: “lo que hace el discurso del odio”.

 

Tanta bulla electoral, tantas palabras lanzadas de manera desaprensiva al aire de los electores terminó volviéndose en contra de la propia oposición que las generó, he de insistir que este es un análisis objetivo del discurso, so pena de ser en los proóximos momentos insultado precísamente por quienes han hecho de la agresión su práctica política al verse señalados. Sin embargo, hay que decirlo: Es la primera vez que se ve en la historia política nacional como una mayoría de votantes ecuatorianos hicieron del voto del silencio su mejor arma ante el discurso del odio, al que lo han derrotado de manera muy efectiva. Entonces, uno saca la conclusión que tanta palabrería e insulto que manejó la oposición contra AP les hizo daño a ellos mismos, fue una especie de escupitajos lanzados al cielo cayéndoles en su propio rostro¸ que se midió en votos en su contra. En definitiva, ellos fueron los que se hicieron daño, si, como lo leen, Se hicieron más daño con su boca que con sus manos y eso queda para la historia patria como una muestra palpable de la sinrazón. (FHA).


Dr. Francisco Herrera Aráuz / Director General del Sistema Informativo Ecuadorinmediato.
Ecuamex: Agencia productora de contenidos editoriales para Ecuadorinmediato.com

 Fuentes fotos: DiarioLas Americas/ elinformador/Diario El Telégrafo /Andes

 

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