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Edición #4501 |  Ecuador, lunes, 29 de mayo de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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¡Y AHORA…A PAGAR EL "CHUCHAQUI ELECTORAL"!

2017-03-06 20:40:00
Análisis
4581

Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz /Ecuamex

Habiendo terminado el jolgorio de la primera fase de la campaña electoral ecuatoriana 2017, al revisar los resultados que se han dado en las urnas y ver en algunos casos la pobrísima votación que han logrado algunos, a los ecuatorianos nos comienza a invadir una sensación de rabia y frustración por tener que pagar, con el dinero de todos como manda la ley, lo que los candidatos se gastaron de manera grotesca para publicitar sus nombres. Y, claro, la reacción que salta a la vista es de reclamo: ¿Por qué la clase política nos impone un costo extorsivo a los ciudadanos para satisfacer su capricho?, Porque nos toca pagar eso y más, por eso reclamamos ahora.

No sé si es desconocimiento o ingenuidad, pero, desde la malhadada experiencia de la toma del poder del ex presidente Jamil Mahuad en 1998, que contó con la complicidad de los banqueros cuyo nivel de cinismo hizo que revelen que le habían pagado su campaña con cifras de hasta 3 millones de dólares, que fue el caso conocido de Fernando Aspiazu del Banco del Progreso, y que al ser descubierto el demócrata cristiano tuvo la arrogancia de admitir que había recibido tal aporte de campaña pero, que quedaba un vuelto de 300 mil que quiso ser devuelto por su abogado el doctor Ramiro Aguilar, pues nos marcó como experiencia de lo funesto del gasto electoral como muestra de la codicia desmedida de los políticos ecuatorianos para tomarse el poder.

A raíz de aquello, digo, con la herida abierta que significó el feriado bancario y la estafa nacional pululando en la conciencia colectiva, la clase política agrupada en torno a si misma gritó en forma unánime: “queremos control electoral”, con el cual buscaron evitar la injerencia de las dineros en exceso de aportantes interesados mas en contratos o prebendas que en ideas, y hasta el caso de dineros calientes que ensucien la campaña electoral, que le permitan a determinado candidato comprarse la presidencia.

Con ese pretexto se pusieron desde la campaña del 2002 los límites para un gasto apropiado al recibir las contribuciones; sin embargo, ahí fue que incluyeron que el estado - o sea todos sus ciudadanos - les paguemos su promoción electoral en medios de comunicación, para lo cual nos exigieron que contribuyamos con esos dineros a cambio de no recibir de los millonarios grupos económicos, empresarios, acaudalados y demás, sus aportes que les promuevan. Toda una extorsión política es esa disposición que desde ahí se crea una estructura para que les paguemos sus campañas.

 

En la última elección el presupuesto total para las elecciones fue de US$ 110 millones de dólares, en los que consta una cifra que el ecuatoriano ignora, y es el del Fondo de Promoción Electoral, que es, según el Presidente del CNE, Juan Pablo Pozo, “el monto económico que el Estado destina a las organizaciones políticas que participarán con candidatos en las próximas elecciones, para la difusión de propaganda y publicidad electoral con base en los principios de igualdad y equidad, a fin de difundir su propuesta de gobierno, a través de televisión, prensa, radio y vallas publicitarias” y que para este 2017 fue la gruesa suma de $24’058.693,88.

De esta cifra para cada uno de los 8 binomios, se les dio la suma de $576.751,41, léase bien para cada uno, a que gasten en su publicidad electoral. Para parlamentarios andinos, con 11 listas calificadas $192.250,47 para cada lista; mientras que para asambleístas nacionales, con 15 listas inscritas, $576.751,41 por cada grupo. Para los asambleístas provinciales se entregó de acuerdo al número de listas calificadas en cada jurisdicción.

El monto es calculado tomando en cuenta el número de electores, que en este año rebasó los 12 millones, multiplicado por 0.15 centavos en el caso de binomios; asambleístas nacionales y provinciales; para parlamentarios andinos multiplicado por 0,05 centavos; y, para asambleístas del exterior por 0.30 centavos.

Insisto, entre todos pagamos la promoción y propaganda electoral de cada uno de los candidatos, porque se inventaron una ley que así manda, a que paguemos a la clase política ecuatoriana sus campañas con los dineros de toda una ciudadanía que siempre ha creído que sale del bolsillo de ellos, cuando en verdad la jugada es que les nombren de candidatos para que se aplique la infame actitud que asume el ciudadano irresponsable que se considera con derecho a que el estado pague.

 

Salta entonces a plena luz del día la primera ironía, la que en especial gritó con vonciglerío cínico la oposición política ecuatoriana: que se reduzca el gasto público. Sí así como lo escuchamos todos, y hasta lo consideraron parte de su plan de gobierno o propuesta de campaña. Sin embargo, a la hora de gasta en su promoción electoral han guardado silencio, han cogido todo el valor que les dimos entre todos y nada han rechazado o repudiado de ese gasto. No le oí a ni uno solo de los participantes tener la delicadeza de admitir que también en ellos se había generado ese gasto; es decir, todo está mal menos si es para Mí.

Cuando he reclamado, sea a los ex presidentes del CNE, o a algunos de los candidatos graciosamente beneficiados con nuestros dineros, del motivo por el cual tenemos que pagarles su capricho político, las respuestas son de vario tono, justificativas o absurdas muchas de ellas, pero en el fondo tratan de imponer un concepto perverso con la ciudadanía, que huele a chantaje, y es el que “La democracia cuesta” por lo que el todo vale se vuelve la mejor de las razones para semejante desparpajo. Se actúa de esa forma sin que importe la molestia ciudadana que le estorba el que tengamos que pagar a políticos y partidos ecuatorianos su gasto electoral, que se lo inventaron para extorsionarnos.

A modo de aclaración señalan siempre desde el CNE que esos dineros no se les entrega a los candidatos para que gasten a discriminación propia, como que fueran suyos, sinó que se pagan directamente a los medios de comunicación, sean estos: prensa, radio, televisión o vallas para que allí pongan su propaganda. Cada organización política escogerá de acuerdo con su estrategia, la distribución de los recursos a qué tipo de medio dará mayor importancia, dispone el organismo electoral, advirtiendo que no se podrán emitir mensajes que insisten al odio, racismo, sexismo o intolerancia religiosa, a más de que está de por medio la prohibición de utilizar la imagen de niños y adolescentes en programas y espectáculos de proselitismo político. 

 

Entonces, ahí salta la segunda parte del problema: la calidad del gasto electoral. Si bien el CNE tiene estructura para controlar el número de cuñas, spots o anuncios que los candidatos hagan en los medios, a más de revisar las cuentas e impedir que los mismos se excedan en los límites impuestos para con los aportantes, el nivel de la inversión en cuanto al contenido y los resultados del mismo es una auténtica estafa para el electorado nacional.

Para empezar el contenido de los mensajes difundidos en estas elecciones no cumplieron con el propósito para el que se encomendaron esos dineros. Fue notorio que ni uno solo de los candidatos presidenciales difundió en forma íntegra su plan de gobierno, como es su obligación. Si uno revisa lo que inscribieron en las notarías como documento, se va a encontrar con auténticas amenazas a la democracia, a la ciudadanía o la estabilidad del Ecuador. Sí, así como también se puede expresar con certeza que una buena mayoría de los ecuatorianos no leyó nunca la propuesta política de los 8 binomios, entonces ¿para qué fue la campaña y sus anuncios?, que sensación de plata botada que da confirmar este dato ante la falta de conocimiento del elector por el irresponsable comportamiento de sus candidatos.

Peor aún es el proceso de difusión y promoción del discurso de los candidatos. ¿Alguien hizo una veeduría sobre el contenido y los valores de verdad que expresaron los candidatos?  Me refiero a todos aquellos que tuvieron oportunidad de promocionar sus criterios, si de veras pautaron sus anuncios con un sentido cívico que contenía la verdad de sus propuestas, o les movió a violar una de las prohibiciones y llenar de odio político con su propaganda atentando así contra la democracia. Digo esto porque fue notorio en los debates que se dieron, sea en la Cámara de Comercio de Guayaquil, o en el diario El Comercio de Quito, algunos de los presidenciables - no todos -  hicieron gala de un manejo falso de las cifras, manipulación de datos, desconocimiento de los temas, carencias de conceptos y sobre todo mediocridad pregonada a todo grito por el mero hecho de que eran candidatos, por cierto con la complicidad silenciosa de las entidades que organizaron estos encuentros y eso se prodigó en sus propagandas. La sensación que queda es de una estafa frustrante la que se ha generado con los dineros ciudadanos al habérseles promocionado a estos individuos que mintieron con descaro convirtiéndose en un grupo de falaces públicos y no de líderes políticos.

La ciudadanía ha pagado con sus dineros públicos una campaña mal hecha que promocionó el personalismo de quienes fungieron de candidatos. Que sentimiento de fracaso da el mirar que se les dio dineros para que algunos pongan sus nombres como el más guapo, la mujer valiente, el sabelotodo, o el impuesto a la papa. El buscar que solo su nombre brille les llevó a la pérdida electoral, ya que nunca se mostraron en grupo y, tuvimos que soportarles como si fuesen ellos solos. En esos casos y otros ignotos, la sensación del mal gasto nos invade al mirar el resultado: no sirvió de nada su presencia en la arena política, no aportaron con nada a la democracia. De veras que como medio de comunicación digital, que fuimos marginados de la campaña, hemos respirado aliviados al no vernos obligados a promocionar tales mensajes y candidatos, porque nos hubiese convertido en cómplices de esta estafa pública al pueblo ecuatoriano.

Súmenle a este mal ambiente el pésimo comportamiento de los medios en los que se tuvo que pautar estos anuncios. Más allá del deplorable contenido de los mensajes estuvo la actitud mercantilista de las empresas de comunicación que tuvieron a su haber el gastar a como dé lugar, para lo cual en algunas emisoras o canales de televisión no les importó publicitar en modo embutido una serie de cuñas o spots en forma repetitiva, a momentos hasta 3 veces la misma propaganda y del mismo candidato pero en 1 minuto, que grosería. Nadie controló la calidad del gasto, solo se mira si se cumplieron con los pautajes para justificar los dineros de todos que tienen que pagarles a radios, canales y periódicos pero jamás se ha revisado si ese aporte promocional sirvió para algo, pues no, no sirvió para nada, así de claro y terminante.

Al mirar la cantidad de ignotos e ignaros que se presentaron a prestar su nombre para estas elecciones, y por los pobres resultados que obtuvieron, con cifras ínfimas, como el caso de Suquilanda o Espinel, en los presidenciales, o del ridículo de los uniformes diplomáticos, cuya votación genera vergüenza ajena, queda la duda de ¿ Para qué se presentaron?. Vale entonces aclarar al público que ellos no pagaron ni un centavo de sus bolsillos siendo nuestro dinero el que sirvió para que ellos se paseen por la nación a pretexto de la democracia y sus elecciones. Bien se dice que cuando hay clínica gratis todo el mundo se enferma.

 

De una farra pomposa, dicen que lo que más duele es tener que pagar al día siguiente. Al Ecuador le toca pagar ahora el chuchaqui electoral y lo debe hacer sin reclamo alguno, y sin esperanza de que esta gente que ha abusado de nuestros dineros nos dé esperanza alguna de que devuelva algo de lo gastado. La nación debe reflexionar con seriedad: No tenemos por qué pagar a la clase política sus campañas electorales, ni a sus partidos, ni a sus movimientos o grupos, ni un centavo, si… ni un centavo. Es más, debería legislarse para que, si se mantiene el gasto electoral, los candidatos que obtengan un nivel respetable de votación reciban una asignación, a los demás, que pongan de sus bolsillos a ver si les duele andar promoviendo sus nombres y figuras con plata propia y no de bolsillo ajeno.

Cuentan, a modo de broma, que un día caminaban dos individuos en campaña y de pronto les salió un asaltante al grito de: “Denme toda su plata”, a lo cual los asustados suplicaron al ladrón que les comprenda que ellos eran candidatos de un partido político a lo cual el ratero les gritó indignado “Entonces…Devuélvame mi plata”, lo que empeoró las cosas, porque de todo lo gastado no hay reclamo porque seguro la clase política se negará a devolver lo dado y entre todos tenemos que pagar lo que hasta aquí hemos vivido por arte y magia de la democracia. (FHA)

 

Dr. Francisco Herrera Aráuz es Director de Ecuadorinmediato.com
Ecuamex/ Agencia productora de contenidos editoriales para Ecuadorinmediato.com

 

Fuente fotos: conmicelu.com / eldiario.com/LaHora.com.ec/cne.gob.ec

 

 

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