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Edición #4501 |  Ecuador, jueves, 21 de septiembre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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ECUADOR Y RAFAEL CORREA CON EL SÍNDROME DEL "YA SE VA…"

2017-05-08 19:50:00
Análisis
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Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz / Ecuamex

La proximidad de la salida del poder del Presidente de Ecuador, le ha puesto en un escenario impredecible a la nación. Las reacciones frente a una ausencia, sea esta temporal o definitiva, están generando un cúmulo de respuestas que denotan que no se sabe cómo actuar ante lo evidente. En efecto, esa actitud es un síndrome del comportamiento político nacional que no puede negar que ha existido una dependencia fuerte del liderazgo del mandatario y el cambio que provocado en los diez años que ha gobernado. Sin embargo, también es verdad que salta en el ecuatoriano sean el temor, la venganza o inquietud frente al futuro con o sin Rafael Correa Delgado, y todo porque "ya se va…"

 

Tal cual lo dice la palabra se define a “Síndrome” como: “Conjunto de síntomas que se presentan juntos y son característicos de una enfermedad o de un cuadro patológico determinado provocado, en ocasiones, por la concurrencia de más de una enfermedad”. O, socialmente hablando, “Conjunto de fenómenos que concurren unos con otros y que caracterizan una determinada situación”

Pues, esta es una primera gran aproximación certera a la forma como arribó al poder el economista Rafael Correa, lo hizo en medio de una sociedad enferma -políticamente explicada- llena de conflictos, corrupción, ingobernabilidad, inestabilidad, privatización, división, fragmentación social y extremadamente crítica consigo mismo. Correa Delgado fue el resultado de ese momento político en la sociedad, a la que se comprometió enfrentar y tratar de cambiar con su gobierno.

El ejercicio del poder le llevó a un enfrentamiento de esos males, y a las gentes que lo provocaron sean estos los grupos económicos, empresariales, políticos, mediáticos y sociales, con los cuales libró una batalla cruenta, a momentos extremadamente radical, pese a lo cual el mandatario logró gobernar con su propio plan político, a su estilo y con su personalidad exigente, tas lo cual ha salido triunfante, pese a todos los bemoles que le correspondan,

Es evidente la transformación que ha vivido la nación en estos diez años. La educación, salud, vivienda, infraestructura, organización administrativa, legalidad, movilización social y ciudadana, seguridad, becas, política exterior, imagen pública, ética política y comunicación social. Con sus reconocimientos por los aciertos o las críticas por los bemoles, lo cierto es que queda fijo en la historia que por el hombre y su estilo la nación tuvo un mandatario que supo alterar su rumbo negativo al punto de una renovada autoestima que es el mejor reflejo de ese cambio.

 

Y por ello mismo hay una buena parte de la sociedad ecuatoriana que pareciera no querer que Correa Delgado se vaya del poder, y está sufriendo al mismo tiempo un sentimiento contradictorio entre aceptar que se retire aunque solo sea por un momento, causándole una dependencia emocional, y lo que podría costarle aceptar lo nuevo que pueda ofrecerle la propia revolución ciudadana con Lenín Moreno Garcés.

El primer gran síntoma de este síndrome se nota en una inmensa masa ciudadana muy respetable y querida de los que le han seguido fielmente al mandatario socialista, es el sentimiento de ausencia que tiene un alto grado de dependencia emocional con la figura de Rafael Correa. Sea por su estilo de gobierno, los beneficios que ha recibido, por las políticas públicas que le han favorecido y por el sentimiento de patria con el que le contagió a lo largo de su mandato, al tiempo de aceptar en forma positiva su pensamiento e ideología, mas la cálida de cercanía que siempre tuvo entre él y la gente, todo lo que hacen que para ellos –particularmente para ellos - les cueste llenar el vacío que dejará el Presidente.

El recuerdo colectivo en este gran grupo será imborrable y es muy probable que crezca mucho más con el paso de los días, y sea precisamente ahí donde se leude el retorno en los próximos años. En ellos hay mucho de afecto acuñado a lo largo de este tiempo y que será muy difícil de superar por otra figura. Lo van a extrañar y mucho.

 

El otro sentimiento que manifiesta este síndrome es el de la dependencia emocional negativa y es el que le afectará a la oposición política ecuatoriana. En ellos está fijo el rival que les derrotó muchas veces, que no sucumbió a sus presiones, que jamás les aceptó ni ellos le aceptaron y, que se volvió a la larga una especie de meta inalcanzable que se va triunfante y que no les permitió regresar al poder que lo perdieron por ser una clase política sumamente cuestionada y que reposa en la memoria crítica del ciudadano como lo malo de la historia nacional comparada con Rafael Correa Delgado.

Para la oposición, pese al maltrato que sufrió del Presidente Correa, hay un grado de relación amor-odio con el cual han vivido y del cual dependieron siempre. Su crítica se centró en detalles mínimos de su personalidad, de su estilo de ser, o de algún dicho o actitud que puede ser considerada censurable, pero más dedicaron a agrandar su figura con el explotar de su carácter o las reacciones temperamentales del mandatario. Sin embargo, siempre se compararon y el resultado era evidente que les afloró el complejo de inferioridad con el cual fueron perdedores natos frente a una personalidad que le agrandaron con su sinrazón del odio político, y que les perjudicó grandemente, a ellos, no a Correa.

Por eso mismo, con una sed de venganza, la oposición no podrá aceptar fácilmente que se vaya sin que ellos le hayan vencido. Le van a extrañar su estilo y presencia porque la misma era su mejor caldo de cultivo con el cual algunas veces crecieron. Les hará falta que les nombre, mencione y hasta les ofenda, porque con ello hacían presencia pública con la que salieron del anonimato, por lo cual Rafael Correa Delgado les fue muy útil. Es decir, por más negativo que haya sido su pasado con esa persona muy pronto les está haciendo falta y ya proclaman la necesidad del retorno para tratar de enfrentarse y querer vencerlo. Son negativo-dependientes que harán gala de aquello en estos años de ausencia del líder de la revolución ciudadana.

 

En otro grupo más les impacta el síndrome del “ya se va…”.  Será en el directamente relacionado con la militancia de Alianza PAIS, que ha crecido a la sombra del mandatario en este tiempo, y que deberán asumir su ausencia como una carencia que deberán superar.  Es evidente que podría saltar una actitud condicionada de “espíritu reflejo” que afecte seriamente a la masa militante del grupo vinculado a Rafael Correa, que queda en una especie de adolescencia política como grupo políticamente activo, que asumió el poder sin mayor experiencia y que en estos diez años se hallan sujetos al mandato de su líder que con una actitud y estilo altamente exigentes, han tenido que hacerse al mismo para responder a sus expectativas y acciones.

Se siente que hay confusión en alguna de la dirigencia de la militancia de PAIS, especialmente entre quienes han tenido algún papel activo en el gobierno o que han resultado elegidos en los procesos electorales sucesivos de los que el movimiento salió triunfante en la mayoría de veces. Digo – algunos – parecieran no entender que no fueron elegidos por ser ellos, y que por ellos va a continuar este proceso con un nivel exitoso, tratando de obviar que son herederos de la obra del propio Rafael Correa. La vanidad de algún ex ministro o de un elegido asambleísta con importante votación puede ser un enfermizo reflejo de una infecciosa incomprensión que puede saltar purulenta en los próximos días y de paso contagiar unos cuantos mas, para creer que la ausencia del líder es puerta abierta a sus ambiciones.

El cuidado necesario – políticamente hablando – es quizás el mejor de los remedios a esta parte del enfrentamiento, el asumir una posición para crecer con un ejercicio del poder como de la gestión y la coherencia ideológica les hará superar la dependencia existente al momento, que bien puede incrementarse si en los líderes menores, que han surgido en esta etapa de la revolución ciudadana, no son capaces de comprender que deben superar a Rafael Correa sin olvidarse ni renegar de pasado reciente tan positivo, así como su origen y presencia histórica. Entre todos ellos deben evitar que la imagen del mandatario se convierta en sombra y que su imagen en un cadáver oculto en el estante del cual se reniegue o del que dependan en forma excesiva, ni lo uno ni lo otro.

 

Hay unos tantos sectores más que comienzan a sufrir la ausencia de Rafael Correa: por ejemplo el sector empresarial, comercial y productivo privado, que tantos buenos negocios hiciera con el sector público bajo la égida presidencial de Rafael Correa. Si, ese que logró un traspaso a sus economías de más de US$ 200 mil millones de dólares, y que disfrutaron de la boyante prosperidad del boom petrolero y que luego cuando el precio del barril de crudo cayó en el mercado se volvieron críticos a modo de jauría sin presa.  Las voces de estos días que reclaman el cambio de modelo sin proponer nada alternativo, que no sea una crítica incoherente e irrelevante, no ayudará a que ellos mismos superen a Rafael Correa. Es notorio que a ellos dentro de este síndrome está el fenómeno del oportunismo con el que quieren tratar de sustituir el cambio del poder, asumiendo que como “este ya se fue”, con el próximo solo esperan “seguir haciendo negocios”, lo que muestra el mal lado del sector privado que debe pensar en crecer y no en depender, porque si al nuevo gobierno le va mal pronto clamaran por el retorno de Rafael, para seguir haciendo sus negocios y particularidades.

Ni que hablar de la prensa nacional. En nuestro sector hay tantos interrogantes como incertidumbres sobre el efecto producido por la presencia de Rafael Correa hacia el futuro. Dicho está que el enfrentamiento crítico y duro que se ha vivido con algunos sectores de los medios de comunicación y periodistas de la “gran prensa” marcó el tiempo de gobierno del mandatario saliente, sin embargo, sin dejar de admitir las fallas mutuas producidas entre los dos sectores lo evidente es que se va a sentir el vacío comunicacional que va a surgir con la partida del Presidente de Ecuador. Siempre fue admitido por el periodismo que su manejo de la comunicación e imagen marcaron la agenda informativa semanal, con la cual se avivó siempre el debate político ecuatoriano. Para bien o para mal, en el campo noticioso se le va a sentir la ausencia del político-presidente y el reflejo en la historia ecuatoriana.

 

Finalmente, se percibe en lo exterior del país que hay una amplia expectativa por lo que puede ser Rafael Correa en el escenario político internacional. ¿Será que hay un puesto reservado en algún organismo, foro o entidad mundial que considere que el mandatario ecuatoriano pueda desempeñar un nuevo papel, que contagie una aureola de éxito con la que sale del poder en Ecuador? ¿ Y la Academía, que tantos reconocimientos le ha dado, le cederá un espacio importante en la tendencia del pensamiento político moderno? Quién sabe.   Lo cierto es que con el sentimiento de nostalgia con el que muchos sectores políticos, aquí o afuera, la frase cruel que nos marca con aquello de que “A la gente se le siente cuando hace falta” pareciera marcar el futuro interrogante de Rafael Correa, que ya se va, pero no se sabe por cuánto tiempo. (FHA).

 

Dr. Francisco Herrera Aráuz es Director General del Sistema Informativo Ecuadorinmediato.
Ecuamex: Agencia productora de contenidos editoriales para Ecuadorinmediato.

Fuente Fotos: wordpress/univision/rafaelcorrea.com

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