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Edición #4501 |  Ecuador, viernes, 28 de julio de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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RAFAEL CORREA DELGADO: "AUNQUE TE VAS… ¡NUNCA TE PODRÉ OLVIDAR!"

2017-05-15 19:57:00
Análisis
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Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz / Ecuamex

El tono de una canción con este estribillo, sumado a una serie de imágenes muy bien escogidas, muestran a un personaje demasiado cercano a toda la historia de la nación en estos 10 años con todo el impacto que aquello ha significado; es Rafael Correa Delgado, esa figura con luces y sombras que está en el consciente colectivo ecuatoriano como un fenómeno inexplicable de la política nacional, que se mantiene casi tan intacto en su aceptación pública como cuando llegó allá en el 2007, sin que sus detractores hayan podido descifrar porque llegó tanto a la gente que hoy proclama que "nunca lo podrá olvidar".

Una de las expresiones más duras que pude escuchar en la última campaña electoral, de parte de uno de sus opositores al presidente ecuatoriano, fue aquella expuesta a manera de frustrante que acusaba al pueblo de “tonto engañado” y que a su modo de ver el tema paso siempre por la credibilidad al Presidente Correa, “¿Por qué le creen tanto?” exclamó aquella persona a modo de reclamo, de indignación derrotada. Sin que ella misma encuentre una respuesta a su quejido lastimero.

Y, en verdad creo que el Ecuador entero si debe preguntarse con mucha severidad los motivos por los cuales creyó y sigue creyendo en Rafael Correa Delgado, pese a los 10 años en el poder, que significan mucho y todo. Es decir, pese al desgaste del ejercicio de la presidencia, Correa sigue adelante junto al prestigio ganado por sus obras y acciones. Si, debe cuestionarse duramente porque aceptó y se dejó guiar por un estilo con sus soles y sus bemoles que mantuvo cautiva a toda una nación con su palabra y gestos, una especie de ritual consentido que esperó siempre de sus acciones y reacciones todo lo que haga y ha sido su gobierno.

Partamos por el hecho que Rafael Correa llegó al poder en un momento histórico que reclamó siempre de un liderazgo fuerte y determinante, con una crisis política, social y sobre todo económica, que le había quebrado al Ecuador. Bien se dijo que la nación no quiso ni nunca buscó elegir a un presidente sinó a un “vengador” que venga a cobrar cuentas y zanjar disputas entre la gran masa ciudadana con su clase dirigente, que le había traicionado y destruido en la propia autoestima nacional. Yo mismo escribiría el pasado 23 de mayo de 2013 el artículo de análisis denominado “Con la lógica del vengador” que trata de explicar los motivos por los cuales surgió el actual mandatario frente a la historia de la nación. (Click en el link para leer el artículo)

Rafael Correa Delgado cumplió con todas las expectativas de la gran votación que obtuvo allá en el 2006, y con las que se ha mantenido en el cargo. Y fue más allá de la gestión de un mandatario que satisfizo a su electorado para consolidar una imagen de recuperación de la patria, del estado nacional, y que movió al reconocimiento de una población que recuperó su autoestima por lo ecuatoriano, que en pocas ocasiones de la vida nacional algún evento o alguien lo habían conseguido.

Ese quizás es el punto más destacado, el de la autoestima. Y lo digo porque, sin negar el trabajo cumplido en educación, salud, infraestructura, seguridad, justicia planificación, ordenamiento, universidades, servicio público, política exterior o imagen gubernamental, fue el empoderamiento que le ha dado al ciudadano como “mandante”  el que le impulsó a conseguir un apoyo masivo en la colectividad nacional, ya que veían en el Presidente al representante de sus intereses, en un estado que al fin le servía y del cual recibía beneficios que le fueron altamente útiles para el desarrollo personal como del país en sí mismo. Hay una parte del ecuatoriano que se siente orgulloso de su estado, de su nación, de ver cómo ha avanzado en este tiempo y como han cambiado las cosas. Eso es innegable.

El otro factor que le dio credibilidad al ciudadano con su Presidente Correa fue el entender y acoger una serie de políticas públicas de las cuales era y ha sido su beneficiario. Es decir, si el mandatario propuso a la gente cambiar la Constitución del Ecuador para así cambiar el país, la gran mayoría de ecuatorianos votó porque eso sea cierto. El haber aplicado ese instrumento sumado a las decisiones del gobierno, las obras o disposiciones, le hicieron sentir al ciudadano como que él mandaba, y que el régimen con sus funcionarios estaban a su servicio con todo el aparato gubernamental.  Haber transformado la imagen de gobernante a primer servidor del estado ecuatoriano le hizo crecer en su imagen al propio Rafael Correa y al ciudadano común en conjunto. En el imaginario colectivo esa imagen queda grabada y con acierto.

Súmenle a ello el alto sentido de dignidad y soberanía con las que manejo Rafael Correa su política exterior y presencia ante el mundo. Es innegable que de la imagen de nación golpista a una con un alto sentido de respetabilidad, en medio de controversias a su imagen por los reclamos de grupos sociales, Correa supo posicionar al Ecuador en forma positiva en el exterior, y eso es recordado y comparado con los anteriores mandatarios ecuatorianos, que no alcanzan a fijar una imagen tan sólida como la lograda por el Presidente.

El Presidente de Ecuador gobernó con un discurso de alto contenido ideológico que le impactaba al ciudadano al considerarse socialista y, que sus acciones respondían a ese concepto. Quizás debe analizarse que la gran mayoría del Ecuador no es socialista ni tiene esa tendencia política en su imaginario, sin embargo aceptó ese marco político y lo siguió respaldando electoralmente una y diez veces más, porque creyó y sigue creyendo que esa forma de gobernar con la gente al lado, con una serie de acciones del gobierno que le son beneficiosas eran ese socialismo real que le estaba favoreciendo en el día a día. 

Frente a ese discurso y accionar político del socialista Correa Delgado, la derecha solo ofrecía críticas al público, con el afán de destruir al gobernante y lo que hacía, por lo que la gran masa ciudadana no lo aceptó jamás. Por ello el fracaso de la oposición y su planteamiento ideológico, porque su sesgo político chocó con la realidad, sumado a una historia con un pasado cruel, de los tiempos en los que ellos fueron gobierno con el cercano neoliberalismo que solo tiene daños en el recuerdo popular por sus efectos desastrosos. Y se preguntaba más de uno ¿Cómo se puede creer en quienes robaron, destruyeron y quebraron la nación, y que ahora atacan a quién les está beneficiando con su modelo socialista?, digo, así no haya sido socialista del molde tradicional que quisieran algunos de la extrema izquierda, el hecho cierto es que sus rivales en la oposición solo tuvieron ataques e insultos y jamás alternativas que borren su mal pasado, por ello quizás la imagen del feriado bancario nunca pudo ser eliminada de la memoria ecuatoriana y sigue acusando a la derecha y sus adláteres

Si hay que nos va a tocar en nuestro ego nacional es que somos una sociedad procreada en forma autoritaria. Por ello, el gobierno fue un fiel reflejo de ese comportamiento que insurge de manera consciente o inconsciente desde nuestras particularidades hasta lo colectivo: somos maniqueos en grado extremo y siempre estamos con el “O conmigo o contra mí” a flor de labios.  Rafael Correa Delgado y su gobierno fueron maniqueos, y se enfrentaron a una dura oposición que siempre conspiró en su contra, en ella estaban los poderosos grupos económicos, políticos, organizaciones sociales o sindicales y medios de comunicación, a los cuales lo arrumó con su accionar político hasta derrotarlos. Pues, ese ataque constante y la confrontación directa con quienes fueron señalados como los enemigos de su gobierno, generaron un apoyo popular masivo que le creyó mas al presidente antes que a ese grupo de rivales, y cuando se daban los enfrentamientos día a día, sábado a sábado, a la gran colectividad que le siguió a Correa, siempre le pareció necesario que se mantengan y, por ello prefirió ver a un gobernante firme con sus rivales, antes que un mandatario que se vea enredado  con los que terminaban cediendo, Correa tuvo ese acierto ante su pueblo jamás les cedió el espacio y se dio dura pelea contra ellos, lo que le dio la estabilidad de diez años en el poder.

Hay mucho mas para hablar del sentido de credibilidad que la gente le dio a Rafael Correa en su presidencia, y por lo cual le siguió aceptando hasta el final. Casi todas las encuestas y mediciones de popularidad le dieron siempre - y este siempre es permanente – más del 60% del popularidad, de aceptación y de aprobación de su obra. Fue muy extraño el fenómeno que ratificó esa cifra desde el inicio y no descendió nunca, tanto que la oposición tampoco creció más allá del 30% frente a Correa y sus márgenes de aceptación se quedaron congelados hasta este tiempo, final del período del mandatario. Los porqués del tema saltan a la vista a manera de respuesta: sea porque el gobierno le hizo bien a esa masa ciudadana, sea porque los viejos, los hijos, los nietos, las mujeres o los discapacitados fueron los beneficiarios directos de su política social, o porque la educación, salud, vivienda, infraestructura les dieron el empuje necesario para avanzar junto al gobierno. Se creó una especie de lealtad consolidada entre el pueblo y el gobernante, al que le sintieron como efectivo, leal a sus aspiraciones, cumplidor de sus promesas.  Nunca hubo abandono del inmenso colectivo de mayoría en pro de Correa Delgado, y eso se ha reflejado en esa cifra que tiene a todos ellos hasta ahora a su lado.

Si hay algo que se consideró una fortaleza como un lado débil fue el estilo y forma de ser de Rafael Correa Delgado. De la dureza y rigor con el que trató a sus adversarios nadie puede dudar, pero quizás en el pueblo seguir de Correa se lo vió como un comportamiento recíproco a la forma como la oposición trata hasta estos días al Presidente de Ecuador. Por ejemplo, frente a la prensa la gran masa de seguidores siempre aplaudió que el Presidente haga respetar y responda uno por uno los cuestionantes o falsedades que pudieron saltar desde algunos medios de comunicación, en ello radicó su aprobación el que haya respondido siempre.

Conocido por su temperamento a momentos muy crítico, ese fue el error que más explotó la rivalidad de personas o grupos que se enfrentaron al mandatario, tanto que se quiso usar ese factor como una debilidad que pueda ser hábilmente manipulada, tal como lo revelarían los WikiLeaks de la embajada norteamericana en Quito, que pusieron a ese elemento - el carácter del Presidente – como parte de una estrategia para atacarlo. Huelga decir que ese fue el único recurso del cual hasta ahora lo acusan, pero, en cambio, no se oyen voces de inculpación sobre su honestidad, rectitud, ética política o vivencia diaria, de una gestión a la que se le admite como altamente buena por esos mismos enconados enemigos, que admiten que Rafael Correa Delgado cambió la historia nacional.

Tampoco se puede dejar de lado lo importante que fue el sentido de rendir cuentas semanales a la gente. Rafael Correa Delgado hizo un uso político de la comunicación y, por ello, sábado a sábado, generaba una tendencia de discusión y debate con todo el país. Impuso la agenda a la comunicación social y sus medios o periodistas. Supo hacer de cada hecho de gobierno un acto cotidiano al que acostumbró con tanta familiaridad a que se entere la gente. Este factor fue vital para consolidar su imagen de gobernante efectivo, y fue precisamente lo que no se supo lo que constituyó el flanco débil, como por ejemplo todo lo que se hizo en estos tiempos de recesión económica para que no afecte tan duramente como antes. Es decir, el haber contado a la gente todo lo que se hacía o le hacían fue un secreto de éxito.

Y en medio de todo esto hay un factor que jamás fue descuidado por el mandatario, y muy por el contrario lo explotó favorablemente el alto grado de afectividad regada a su paso por el poder: la cálida cercanía con su pueblo y su gente.  A Rafael Correa no le costó ser auténtico, ir donde estaba la gente, llegar a sus casas, comer lo que todos comemos, cantar con mala voz y todo, ser hincha del futbol o disfrutar de las pequeñas grandes cosas del ciudadano común y, llegar a sitios donde nunca antes ningún mandatario, gobierno o estado llegó. En la memoria de la gente estaría siempre grabado el momento en que vio al Presidente de la República como su cercano, eso no se olvida jamás.

¿Son estos suficiente motivos para creer en Correa? la verdad solo la tiene su gente seguidora fiel del Presidente, para quien el sentimiento de vacío y ausencia que se ha creado en estos días por la resignación obligada de que se tiene que ir, y que se compromete al “Nunca te voy olvidar” es solo recompensada con la esperanza de que ¡Volverás Rafael Correa Delgado! A manera de reivindicación que abre la siguiente etapa del debate en la historia nacional. (FHA)

 

Dr. Francisco Herrera Aráuz / Director General del Sistema Informativo Ecuadorinmediato
Ecuamex: Agencia productora de contenidos editoriales para Ecuadorinmediato.

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