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Edición #4501 |  Ecuador, sábado, 21 de octubre de 2017 |  Ver Ediciones Anteriores
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10 de Agosto de 1809: Primer Grito de Independencia

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Juan J. Paz y Miño Cepeda, Doctor en Historia – Miembro de Número de la Academia Nacional de Historia

La Revolución de Quito (1808-1812) tuvo cuatro momentos decisivos: la formación de la Junta Soberana el 10 de agosto de 1809, la masacre de patriotas y pobladores quiteños el 2 de agosto de 1810, la reunión del primer Congreso de Diputados que decretó la independencia frente al Consejo de Regencia el 11 de diciembre de 1811 y la expedición de la primera Constitución el 15 de febrero de 1812, con la que nació el Estado de Quito, de inconfundible organización republicana, pues estableció Ejecutivo, Legislativo y sistema Judicial.

LOS HECHOS.-

Durante la noche del 9 de agosto de 1809, un núcleo de intelectuales, doctores, marqueses y criollos complotados residentes en la ciudad de Quito, junto a representantes de los barrios, se reunieron en la casa de Manuela Cañizares. Allí decidieron organizar una Junta Suprema de Gobierno, en la que actuaría como Presidente Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, como Vicepresidente el Obispo José Cuero y Caicedo y como Secretarios de Estado, en los Despachos del Interior, de Gracia y Justicia y de Hacienda, los notables Juan de Dios Morales, Manuel Quiroga y Juan Larrea, respectivamente.

En la mañana siguiente, el día 10 de agosto, Antonio Ante se encargó de presentar, ante el Presidente de la Real Audiencia, Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla, el oficio mediante al cual se le daba a conocer que había cesado en sus funciones y que el gobierno lo asumía la Junta Soberana de Quito. Al mismo tiempo, Juan de Salinas se encargó de la guarnición, que, de inmediato, se pronunció a favor de la Junta. Los criollos de Quito, actuando como “diputados del pueblo”, suscribieron el Acta, por la cual desconocieron a las autoridades audienciales, reconocieron a la Junta Suprema como gobierno interino “a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor don Fernando Séptimo y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a imperar en América”; le encargaron sostener “la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses”; y dispusieron la formación de la falange militar propia. El Cabildo abierto del 16 de agosto, en el que estuvieron los representantes de los diversos barrios, ratificó solemnemente todo lo actuado.

La revolución ejecutada el 10 de agosto de 1809 no dejó dudas sobre el carácter autonomista y liberador del movimiento patriota, que no pudo ocultarse con la proclama de fidelidad al Rey. Sin embargo, en la misma época, tampoco quedaban dudas de que el movimiento de aquellos criollos patriotas se inspiraba en el pensamiento ilustrado inculcado por Eugenio Espejo (1747-1795) y que, sobre todo, al asumir como suyo el principio de soberanía popular y de representación del pueblo, ejecutaba un acto revolucionario que, en última instancia, movilizaba un proyecto autonomista.

Así lo entendieron las autoridades de las otras regiones de la Audiencia de Quito y de los Virreinatos de Lima y de Bogotá. Por ello, aunque los patriotas quiteños llamaron a la unión de “los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación” y especialmente a Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá, la Junta de Quito resultó aislada e incluso provocó la reacción de las otras regiones, desde las que se prepararon milicias para someterla.

El Virrey de Lima, Fernando de Abascal y Souza, envió tropas al mando del Coronel Manuel Arredondo. Ante el peligro inminente, el 28 de octubre la Junta resignó el poder ante el “españófilo” Juan José Guerrero, Conde de Selva Florida, quien a los pocos días lo devolvió al Conde Ruiz de Castilla.

Aunque el Presidente restaurado prometió olvidar los sucesos, cuando entraron a la ciudad las fuerzas realistas, se inició la persecución contra los revolucionarios quiteños, contando con la actuación del oidor Felipe Fuertes Amar y del fiscal Tomás Arechaga. Fueron apresados los principales implicados y encerrados en los calabozos del Cuartel Real (hoy parte del Centro Cultural Metropolitano).

El 2 de agosto de 1810 un fallido intento por liberar de la prisión a los próceres detenidos concluyó con una escandalosa matanza, pues los soldados fusilaron en el acto o atravesaron con bayonetas y cuchillos a Morales, Quiroga, Salinas, Larrea, Arenas, Riofrío, Ascásubi, Guerrero, Villalobos y tantos otros. La brutalidad de las tropas llegadas con el coronel Arredondo se extendió inmediatamente sobre los barrios de la ciudad, que apenas pudieron resistirlas. Murieron como trescientos pobladores quiteños. El obispo y los sacerdotes tuvieron que recorrer las calles para implorar que terminen los enfrentamientos. Dos días después, en la Asamblea de vecinos convocada por las autoridades fueron denunciadas las atrocidades y se acordó la salida de las tropas, la formación de una nueva Junta y el recibimiento del Comisionado Regio.

Carlos Montúfar, hijo del Marqués de Selva Alegre, llegó en calidad de Comisionado nombrado directamente por el Consejo de Regencia de España, para apaciguar en algo el clima de represión con que fue sometida Quito. Organizó la segunda Junta Superior de Gobierno integrada por criollos patriotas. Fue convocado el Congreso de los Diputados de Quito. Y el 15 de febrero de 1812 fue dictada la primera Constitución.

El virrey del Perú desconoció la Junta de Quito. Además, segregó Cuenca y Guayaquil y nombró a Joaquín Molina como Presidente. Carlos Montúfar, definido por la revolución, armó la defensa del gobierno popular de Quito, alistando tropas, que fueron enviadas hasta el norte y el sur, logrando triunfos en Pasto y cerca de Cuenca. El general español Toribio Montes organizó las fuerzas realistas desde el litoral, con soldados del Perú, Panamá y Guayaquil. Paulatinamente fue venciendo en su ascenso por los Andes. Entró a Quito el 8 de noviembre de 1812 y organizó la persecución de los últimos resistentes. Montúfar y los principales lograron escapar. Otros fueron procesados, condenados y hasta desterrados. Así terminó la Revolución de Quito.

SIGNIFICACIÓN HISTÓRICA.-

La Revolución de Quito formó parte de los primeros movimientos independentistas de Hispanoamérica, pues en 1809 también habían estallado revoluciones en Chuquisaca y La Paz, que continuaron en 1810 en México, Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires. En 1811 Venezuela fue pionera en proclamar la independencia y desde 1812 la lucha emancipadora se generalizó en las diversas regiones sometidas a España. Quito, sin embargo, quedó seriamente afectada y aislada, por haber muerto lo mejor de su elite intelectual y política, así como por haberse impuesto la represión y un férreo control sobre la ciudad.

Pero fue la Revolución de Quito la que dio origen a la conciencia de libertad e inició el largo proceso de la independencia del actual Ecuador. Cierto es que la primera Junta todavía proclamó fidelidad al monarca, pero ello se explica por las precarias condiciones de la lucha patriota, el temor a la represión y la evidente ausencia de respaldo de las otras regiones del país. Sobre esa posición, la Revolución de Quito movilizó conceptos absolutamente nuevos para la vida del país, como los de soberanía, representación popular, derechos naturales, constitucionalismo, republicanismo y sobre todo autonomía e independencia.

La sangrienta masacre de próceres y de pobladores quiteños demostró que el inicio del proceso independentista no fue solo la obra de una elite criolla, sino que había contado con un amplio apoyo popular, que las recientes investigaciones históricas lo han demostrado, pues fueron partícipes directos los pobladores de los barrios de la ciudad.

Suele preguntarse cuáles fueron las causas de la independencia. La comprensión del proceso lleva a concluir que la causa última fue la dominación colonial y por ello la independencia fue un acontecimiento de significación mundial en los albores de la era capitalista.

El papel de Quito en ese proceso fue reconocido en su propia época y en Chile se bautizó a la ciudad como “Luz de América”, precisamente porque se comprendió la trascendencia emancipadora de su revolución, que también fue exaltada por el Libertador Simón Bolívar.

Solo una década más tarde, la segunda y definitiva fase por la independencia del país se inició, bajo otras condiciones históricas, en 1820, con la sucesión de pronunciamientos independentistas en Río Verde de Esmeraldas, Guayaquil y Cuenca. Con el apoyo de tropas grancolombianas y sudamericanas (hubo algunos oficiales europeos) y la conducción del general Antonio José de Sucre, la batalla decisiva se libró en Pichincha, el 24 de mayo de 1822.

El proceso de la independencia no puede ser confundido con lo que ocurrió después, al fundarse la república, porque en la lucha emancipadora confluyeron criollos y sectores populares, hombres y mujeres patriotas, guiados por un espíritu de transformación social, que fue apartado cuando las elites de la oligarquía criolla tomaron las riendas del Estado y edificaron un Estado oligárquico.

DÍA NACIONAL.-

El 10 de agosto de 1809, fecha del Primer Grito de Independencia, es, por consiguiente, el Día Nacional del Ecuador. Y la Revolución de Quito debe ser considerada en la historia mundial como uno de los episodios más importantes en la lucha contra el colonialismo.

Solo alguna visión regionalista y carente de fundamentos investigativos ha tratado de subvalorar esa gesta. Pero el “Primer Grito de Independencia” nacido en Quito es un patrimonio histórico del Ecuador y una fecha de gloria y recordación en toda Nuestra América Latina.

 

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