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Edición #4866 |  Ecuador, jueves, 16 de agosto de 2018 |  Ver Ediciones Anteriores

EXPRESO (Guayaquil) Gabriel Santos: "La disidencia de las FARC es producto de un blando acuerdo de paz"

2018-06-10 08:42:00
Política Exterior
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El generoso acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) no acabó con la violencia

No es ajeno a la realidad del secuestro. Su padre y exvicepresidente de Colombia(2002-2010), Francisco Santos, estuvo retenido durante ocho meses (1991) por orden del entonces capo del cartel de Medellín, Pablo Escobar. Él, Gabriel Santos, tenía apenas seis meses de nacido para estar consciente del dolor que ahora sienten ocho familias ecuatorianas. Esto no lo hace indiferente a este flagelo que atravesó la frontera norte.

- Muchas voces culpan al acuerdo de paz con las FARC de lo que pasa en la frontera común y sus consecuencias: el secuestro y asesinato de un equipo periodístico de El Comercio, la muerte de tres militares y el secuestro de una pareja. ¿Esta situación se pudo evitar en la negociación?

- Sin duda. El aumento de los sembrados de coca y las disidencias son producto de un acuerdo excesivamente generoso y demasiado blando con quienes nunca han reconocido la institucionalidad del país. Porque de alguna forma institucionalizamos el narcotráfico como un delito político para ciertas personas que no estaban dispuestas a dejar ese negocio. Decir que se pudo evitar es a veces echarle la culpa a quien no la tiene. No sé si esos hechos estaban en nuestro destino o no. Ahora, los elementos que dan pie a todo eso se pudieron morigerar con un acuerdo que los hubiera apretado de verdad.

- Por ejemplo...

- Por ejemplo, si les hubiéramos exigido a ellos una concentración previa verificada por la comunidad internacional como condición para la negociación. Pudiéramos haber sabido quiénes estaban, dónde, y tener la certeza de si salieron o no. A los ecuatorianos no se les puede olvidar que alias Guacho estuvo concentrado en un campamento en lo que se llamaban las zonas transitorias de normalización, pero como no tenía ningún tipo de restricción o verificación de un mecanismo de monitoreo, pues vio que el negocio le daba más por fuera y se fue.

- El candidato presidencial Iván Duque, de Centro Democrático, habla de no eliminar el acuerdo, sino de modificar aspectos como la participación política de los miembros de las FARC y que el narcotráfico no sea un delito político. Estos posibles cambios, ¿qué tanto ayudarán a bajar las tensiones en la frontera común?

- Hemos dicho: ni trizas, ni risas. Ni acabar el acuerdo, ni seguir con la suavidad actual. Lo primero, participación política de criminales de lesa humanidad es el germen de la nueva violencia. Queremos acabar con ese beneficio y mandar el mensaje de que es el imperio de la ley el que manda. En el tema del delito político conexo al narcotráfico, no podemos creer que esas personas no son una banda de narcotraficantes, sino que son unas bandas políticas financiadas por el narcotráfico. Eso manda un mensaje erróneo a los ciudadanos y a los militares.

- ¿Cómo calificarías el accionar del presidente Juan Manuel Santos en esta crisis en la frontera?

- Su accionar no estuvo a la altura de la situación. Las declaraciones que dio sobre los periodistas de El Comercio fueron erradas, desafortunadas, hablan mal de nosotros como país, hablan mal de la diplomacia de un país que se creía se entendía bien con sus vecinos. Creo que fueron irrespetuosas con un país que pasaba por un momento de incertidumbre. Eso de manera coloquial se puede decir que se manejó con las patas.

- ¿Desde la Cámara de Representantes se puede hacer algo para disminuir la violencia en la frontera común?

- Es un problema macro. Tenemos en este momento casi una república independiente en lo que es el Cauca colombiano, Nariño, zonas infestadas por sembrados de hojas de coca, por las mal llamadas disidencias de las FARC, y esa combinación es nefasta. Hoy en día, el Estado colombiano está desplegando la operación militar más grande en su historia en esa zona. No hay que tener ningún tipo de resguardo con los criminales. Que todo el peso de la ley caiga sobre esa zona. Extinguirles el combustible con las aspersiones. Es muy difícil lo que uno como representante ante la Cámara puede hacer. Hay que ser muy honesto: las herramientas están y lo que falta es la voluntad política del Estado. Por eso es importante un cambio de Gobierno.

- Ya que has vivido más de cerca la realidad del secuestro y la violencia, ¿qué posibilidades ve que la pareja ecuatoriana secuestrada regrese, así como los cuerpos del equipo de El Comercio?

- Yo sería muy cauteloso. Viví en carne propia el flagelo del secuestro y hacen tanto daño la esperanza, la angustia, la falta de información, que creo que en este momento es mejor dejarlo a las autoridades y que sean ellos quienes solventen un caso como este.

Su visita a Guayaquil fue fugaz. Vino invitado por un grupo de jóvenes a participar en un nuevo espacio de análisis político, Caja Política. Llegó el lunes y casi inmediatamente regresó a su país llamado por un proceso electoral que enfrenta a Iván Duque y Gustavo Petro para la Presidencia de Colombia. En este nuevo espacio, Santos, de 28 años, analizó la participación de jóvenes en la política.

- ¿Qué empuja a un joven a participar en una política tan desprestigiada?

- Lo que nos motiva es esperanza o crisis. Son los grandes sentimientos que nos mueven como jóvenes... Viendo que la política, por lo menos en Colombia, se recicla de manera cíclica, pues qué estoy haciendo más allá de poner un tuit o de comer con mis papás y hablar mal de los políticos. Ahí tenemos un momento de conciencia de que no estábamos haciendo nada, y es más, soy parte del problema, de la deslegitimación de las instituciones, de la erosión de las personas en la fe pública. Si ellos no van a cambiar, nos toca meternos a cambiarlo.

- Pero los partidos a veces se convierten en un obstáculo para la incursión de jóvenes en política y no en la plataforma que deberían ser...

- Esa es una discusión histórica y la solución es muy difícil... En América Latina, los partidos sí han sido la barrera para la participación de los jóvenes en la política. Por qué le vamos a dar la posibilidad de un escaño a una persona con 25 años en política y no a un joven con 26 años que acaba de ingresar. Si el partido no tiene un mecanismo de democracia interna para solucionar esa divergencia de manera transparente, los partidos son la muerte para los jóvenes.

- ¿La corrupción, como los reciente casos de Odebrecht, hacen más grande esta barrera?

- Sin duda. El gran problema de la política es la corrupción. Y suavizar ese mensaje le hace daño a la política. El otro día me cuestionaba: en Colombia se ‘mata’ la gente por llegar a la empresa más desprestigiada del país, que es el Congreso. Porque hoy en día en Colombia quieren más al partido político de las FARC que al Congreso. Los jóvenes no se meten en la política porque, primero, no van a llegar; segundo, si llegan no van a poder cambiar nada; y tercero, pueden estar sujetos a corromperse. Esos son los mitos que hay que acabar.

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