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Edición #5231 |  Ecuador, sábado, 23 de febrero de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores

EL UNIVERSO (Guayaquil) En una veintena de sitios en Guayaquil, venta de droga se da a vista de todos

2019-01-20 08:55:00
Sociedad
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La mujer estaba dolida, apesadumbrada. Sentía que su hijo mayor de 16 años no tiene salida del mundo de las drogas, que para ella es como un monstruo que también devora a la familia, pues nadie halla calma en su casa, en el sector de la 40 y la J, en el suburbio de Guayaquil.

Han pasado tres días de aquel suceso que conmocionó a los guayaquileños cuando en un centro clandestino de tratamiento de adicciones, en la 26 y la I, murieran en un incendio 18 jóvenes que buscaban dejar la droga, el viernes 11 de enero.

“Pudo haber sido mi hijo. Ahora sé que están clausurando esos locales, pero no se dan cuenta que la droga se vende como si fuera pan, en muchas esquinas, afuera de los colegios. ¿Qué hace la Policía que no controla? Mientras no se frene a los vendedores, esta plaga seguirá”, señaló la madre.

Y ya en las calles, eso es comprobable. Marihuana desde 50 centavos de dólar y tamugas de droga H a 2 dólares es lo que más se oferta en la calle 46 y callejón Parra, en el suburbio.

El consumo y la venta de drogas es evidente en esa zona, según lo constató uno de los tres equipos que este Diario desplazó por las calles de Guayaquil para verificar lo que a diario, día y noche, ven los vecinos de cada zona.

Esos recorridos permitieron comprobar que el sur, el suroeste y noroeste de Guayaquil concentran la mayor cantidad de sitios de venta de drogas, pese a que se da en toda la ciudad. Según consumidores y testigos, hay al menos una veintena de zonas que se las podría considerar críticas, son conocidas en el mundo de la droga.

Lo que hace un par de años empezó ofertándose en la denominada Bahía de la Droga, en 10 de Agosto y la Décima, ya desaparecida, estos escenarios se han multiplicado.

El jueves 17, por ejemplo, un joven con camiseta azul recorrió tres cuadras en callejón Parra inhalando un polvo blanco, que lo llevaba en una fundita, con ayuda de un destornillador. En esa misma calle, en el portal de una casa, otro joven estaba sentado, aspirando un polvo blanco.

En tanto que a la vuelta, en la calle A, un menor utilizaba un palo de chupete para llevar a su nariz la droga.

Un morador del sector contó que cuando va a comprar pan, a las 06:00, ve cómo grupos de 3 a 5 jóvenes avanzan hasta la 46 y compran droga a otro muchacho. “Es como el desayuno de ellos también porque existe la necesidad. Ellos consiguen dinero de mandados, piden a la gente del barrio, y hasta recogen basura por $ 0,25, pero no es para comer sino para el vicio. No deben darles”, expresó.

En la 40 y la J, una madre refiere que los vendedores son reconocidos por consumidores y no consumidores. “Hasta la Policía sabe quiénes son. Los más duros, los que dan a vender a los tricimoteros o los que van en moto o a pie, hasta amenazan para que no digamos nada. Lospolicías llegan a esas casas, refilan (reciben coimas) y se van, eso se ve todos los días”, dijo.

Comerciantes de los alrededores del colegio Otto Arosemena, en la calle 29, expresaron que llegan grupos de jóvenes en bicicletas y reparten la droga.

Willian Herrera, oficial del distrito Portete, explicó que existen al menos 600 personas consumidoras que deambulan por las calles de ese distrito del suburbio para adquirir la droga.

Las zonas en las que es más complejo y constante este tema es en sectores como Cisne, Batallón del Suburbio y áreas colindantes al estero.

“La percepción de inseguridad es tremenda. Cuando están inhalando o cuando están en las nubes, la gente se asusta porque cree que les van a robar”, manifestó el oficial.

Añadió que para el control de los jóvenes consumidores debe haber un trabajo en equipo, “una trilogía entre comunidad, Policía y autoridades judiciales. Hemos tenido casos en los que la comunidad colabora, la policía los detiene, y al momento de ser juzgados ya están libres en pocos días; o también que uniformados los van a detener y la comunidad se opone”, lamentó.

En el norte, en la cooperativa Gallegos Lara, ubicada junto a la Florida Norte, se encuentra el sector Las Mallas. Darío, nombre ficticio del morador, contó que el sector es peligroso, pues hay bandas de microtráfico que se disputan dicha zona. Dijo que un alias Ismael comanda la venta. Él ya ha tenido detenciones tras operativos. Ahí hay una familia conocida que se dedica al microtráfico.

“Ya tres veces lo han cogido. La última, no recuerdo cuándo fue, pero salió con grillete. Aquí todos se conocen, saben quién entra, quién sale. Esta gente (los microtraficantes) tienen campaneros (personas que alertan sobre presencia de policías), señaló Darío. 

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