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Edición #5231 |  Ecuador, jueves, 19 de septiembre de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores
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ECUADOR: ¿DÓNDE QUEDÓ LA PATRIA ALTIVA Y SOBERANA?

2019-06-17 19:05:00
Análisis
7633

Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz para www.ecuadorinmediato.com

Ha sido una semana funesta para la imagen internacional del Ecuador. Independientemente de cual fuese el gobierno, y hasta en algunas dictaduras militares, la nación sostuvo por muchos años una política respetuosa de los acuerdos y tratados, un respeto por la defensa de los derechos humanos y la actitud soberana de cumplimiento del derecho internacional acorde con su constitución y sus leyes. Lo que ha provocado el gobierno del presidente Lenin Moreno con el caso Assange, la destrucción del derecho de asilo, el calificativo para las islas Galápagos y el sometimiento a la política exterior norteamericana, o la entrega de la soberanía judicial por el caso Ola Bini, acaban por destrozar ese concepto que se tenía del Ecuador, de ser "Patria, Altiva y Soberana".

 

ECUADOR: ¿DÓNDE QUEDÓ LA PATRIA ALTIVA Y SOBERANA?


Ha sido una semana funesta para la imagen internacional del Ecuador. Independientemente de cual fuese el gobierno, y hasta en algunas dictaduras militares, la nación sostuvo por muchos años una política respetuosa de los acuerdos y tratados, un respeto por la defensa de los derechos humanos y la actitud soberana de cumplimiento del derecho internacional acorde con su constitución y sus leyes. Lo que ha provocado el gobierno del presidente Lenin Moreno con el caso Assange, la destrucción del derecho de asilo, el calificativo para las islas Galápagos y el sometimiento a la política exterior norteamericana, o  la entrega de la soberanía judicial por el caso Ola Bini, acaban por destrozar ese concepto que se tenía del Ecuador, de ser “Patria, Altiva y Soberana”.

 

No es desconocida para la historia la posición respetable que el país ha tenido en diplomacia, con todas sus limitaciones, pero ha sido capaz de propuestas altamente valoradas como la Tesis de las 200 millas marinas de soberanía y la “Guerra del Atún”; la Carta de la Paz y la Doctrina Roldós; La creación de la ALDHU; la integración con el “Pacto Andino” o, el fortalecimiento de UNASUR; todas ellas posiciones que confrontaron a Ecuador con Estados Unidos, liderando América Latina.

No hay que olvidarse la protección constante a los perseguidos como lo ha mantenido al país como una especie de santuario para el refugio. Nunca se olviden del cónsul Muñoz Borrero (1940-45)  en los días del Holocausto y su papel protector a los judíos; la puerta abierta a los venezolanos en los días de la dictadura de Marcos Pérez Jimenez (1950);  la historia del refugio colombiano en el país desde los inicios de la guerrilla colombiana (1945- al 2019) vamos por 55 años de ser la nación que más desplazados de esa nación acoge; o el inmenso grupo de sudamericanos entre los miles de argentinos, chilenos y de otras naciones perseguidos en los 70’s por las dictaduras militares del “Plan Cóndor”. Siempre abiertos a recibir a los que vengan, a proteger a los perseguidos, estos son solo ejemplos solidarios.

 

Si se mira con atención nuestro comportamiento como nación, desde los años 40´s del siglo pasado, hasta la fecha, nos hemos integrado dignamente  a la aplicación del derecho internacional; hemos firmado las dos convenciones de asilo, las de protección y refugio, todos los instrumentos de respeto por los derechos humanos, de beneficio para las mujeres, los niños o las minorías sexuales, el respaldo a los pueblos y nacionalidades, la cultura, todas, sin excepción. Constan en nuestras constituciones sucesivas el compromiso y valoración así como el sometimiento a ese derecho internacional expresado en los documentos sean acuerdos, tratados, protocolos y demás. Somos una nación que ha respetado juiciosamente ese ordenamiento internacional y por ello se nos reconoce como respetable y respetuosa.

Pero, de un momento a otro, y en especial esta semana que termina, resulta que en el régimen del presidente Lenín Moreno Garcés se ha resuelto traicionar nuestra palabra empeñada y someternos a en forma inexplicable al dominio de los norteamericanos.

 

La imagen del 11 de abril de 2019 con la expulsión de Julián Assange de la embajada del Ecuador en Londres, de un ser humano que clamaba por su vida, que exigía la protección del derecho de asilo, echó por los suelos esa respetabilidad del Ecuador en el campo internacional. El haber permitido el asilo del activista australiano seis años atrás bajo el régimen de Correa (2007-2017) fue justificado ante el mundo como una protección a su vida, para no ser entregado a los Estados Unidos donde se lo perseguía realmente por haber revelado sus barbaridades y crímenes en las interminables guerras y conflictos bélicos en los que se mete con frecuencia por su aparato político-militar. Assange fue la peor muestra de la traición al derecho de asilo.

El manejo del caso Assange por parte del régimen del presidente Moreno Garcés no pudo haber sido más desastroso para la diplomacia ecuatoriana. Desde la apertura de la embajada en un espacio reducido, el mal manejo de una relación de convivencia tensa con el personal ecuatoriano, la evidente afectación del respeto por parte de Assange a las normas de asilo que le obligaban a no intervenir en asuntos extranjeros de ningún tipo, hasta la violación a los derechos de intimidad o libertad de expresión contra el australiano expuestos con el iracundo grito del embajador Jaime Marchán, ese del “¡Lo que quiero es que te calles…!” son solo una muestra de un pésimo ambiente que iba a terminar en la expulsión.

 

Pero, Ecuador se había comprometido a respetar el asilo de Assange. El presidente Moreno cuando fue abordado en distintos momentos de su campaña antes de llegar al poder, y ya en el poder mismo en sus primeros días prometió ser respetuoso de Assange. Pero, el penoso incidente de la entrega de la nacionalidad ecuatoriana en septiembre de 2017, solo puso en ridículo a la diplomacia de su tiempo, dejando a su gobierno como uno que pretendió engañar a  la corona inglesa con un artilugio, pero que ya representaba el afán de desprenderse del australiano.

Lo que vino a continuación es solo la cadena de engaños a las que la política exterior ecuatoriana ha tratado de sostener frente al mundo. Digo, es notorio que el gobierno ecuatoriano habría negociado con los norteamericanos la entrega de Assange, sea por el acuerdo con el FMI, sea por un apoyo a su sostenibilidad en el cargo o, por justificar su ridículo ante los ingleses, lo cierto es que en este caso, el derecho de asilo, las convenciones de la Habana (1948) y de Caracas (1952), así como las Convenciones de la ONU para el derecho de asilados no fueron ni de lejos tomados en cuenta al momento de la entrega a Assange a los ingleses y de estos a los estadounidenses.

 

El triste papel de la traición de la diplomacia ecuatoriana ha sido figurado por su canciller, el embajador José Valencia, quien no ha tenido reparo en justificar la decisión de su gobierno de expulsar a Assange bajo la supuesta promesa de los ingleses, que “le dieron por escrito” que no extraditarían a una nación en la que corra peligro su vida, su integridad física ni la condena cruel de por vida. El canciller Valencia fue a mentir a la Asamblea que tenía en sus manos esos papeles y que ya le mandaba a la función legislativa. Total: Nunca le entregó tales documentos al pedido del asambleísta Jimmy Candell y lo que exhibió fueron dos cartas que nunca prometían lo dicho por el gobierno de Ecuador.

La realidad se estrella con la traición de la diplomacia ecuatoriana. A estas alturas Estados Unidos ha revelado 18 acusaciones contra Assange que pueden terminar con juicios de condena con pena de muerte o prisión perpetua por más de 140 años; ha presentado un pedido de extradición al Reino Unido, cuyo régimen procedió a receptar la solicitud y el Ministro de Interior británico Sajiv Javid presuroso lo aprobó y remitió  a las cortes inglesas para que la corona resuelva. El tema será tratado en febrero del 2020, y mientras tanto Assange en evidente indefensión espera en la cárcel inglesa lo inevitable, ya que fue por eso que se pidió el asilo, para evitar que Estados Unidos lo persiga y condene, pero Ecuador ha violentado el derecho de asilo entregando al condenado a una pena siniestra, eso es destruir el derecho internacional y el gobierno ecuatoriano lo hizo.

 

Lo que queda para el ridículo internacional es el comunicado de la cancillería ecuatoriana justificando a los ingleses, asegurando que tiene las garantías que no será extraditado. Una posición más sometida no puede haber, y el canciller José Valencia lo ha demostrado que si es posible, o sea violentar el derecho de asilo y justificar a los violadores del mismo. Para lo que queda el respeto de la diplomacia ecuatoriana, ya que el juicio de la historia sobre estos actos de traición al derecho internacional será severo.

 

Peor queda la nación con la nueva concepción a la que quieren figurar con el archipiélago de la Galápagos. Las desafortunadas declaraciones del ministro de Defensa, General (r) Oswaldo Jarrín que califica a las islas Galápagos como un “portaviones natural”, desatan la tormenta de temores por una nueva entrega de la soberanía. Será casualidad para la historia pero, los dos presidentes que han entregado el territorio ecuatoriano para hacer bases militares norteamericanas, Carlos Arroyo del Rio (1940-1944) con la isla Baltra y; Jamil Mahuad (1988-2000) con la base de Manta, siempre jugaron una papel de traición para con la historia de Ecuador, así han sido juzgados. Pregunto: ¿No es este un nuevo caso de entrega y traición en favor de los norteamericanos?, quien sabe pero, los nubarrones del concepto o calificación manejada sobre las islas puedan atiborrar de temores que eso se viene contra esta patria.

 

 

Al país le queda el eco que resonaba en forma furiosa que “Correa le metió mano a la justicia”.  Esta semana en el caso del ciudadano Ola Bini, prisionero en cárceles ecuatorianas sin una acusación concreta, se pudo reflejar como el gobierno del presidente Moreno Garcés “habría entregado la soberanía de la justicia ecuatoriana a los norteamericanos”.  Pruebas al canto, la incautación del material de trabajo, sus memorias electrónicas, laptops y otros documentos tecnológicos fueron entregados a la justicia norteamericana esta semana sin autorización de él, hasta que la propia CNN salió de vocera de la función judicial ecuatoriana decir que “ya se desencriptaron” los documentos de Bini justo y solo por los Estados Unidos. Es más, la injerencia norteamericana en la justicia ecuatoriana se la encuentra en las declaraciones del saliente embajador Todd Chapman que señala orondo que “Dos agentes del FBI” trabajan en el caso Ola Bini con Ecuador. Tanto entreguismo no obtiene reacción alguna, los dirigentes gremiales de los abogados actúan como cómplices y encubridores de esta ignominia, y los abogados guardan un silencio cómplice reprimido por la vergüenza.

 

La aprobación del matrimonio igualitario desata una ola de violentas reacciones en diversos grupos sociales, religiosos y las cúpulas de las iglesias católica o evangélica, todas ellas reclamando que no se apliquen lo dispuesto en una opinión consultiva vinculante del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, del cual el Ecuador es signatario. La “gran” prensa llama a la resistencia y que se incumplan los acuerdos o tratados y los demás hacen de corifeos y la corte de “a 14” tampoco sabe cómo arreglarse el asunto. Hoy discutimos en la nación ese cumplimiento sin que el régimen de Moreno Garcés demuestre que tiene una política exterior respetable o respetuosa. Su silencio en este caso no es garantía de respeto al derecho internacional.

Y, para completar el asunto, destruyendo la integración han terminado con UNASUR, y el edificio lo “feriaron” para universidad indígena, ahora resulta que en escritura pública quedó que el edificio debe pasar a manos del Consejo Provincial de Pichincha, y no se sabe si así lo dispuso el exprefecto Baroja. Pero, resulta que el régimen termina traicionado a la integración a los indígenas y al propio estatuto que se comprometió el Ecuador anteriormente y de manera respetable.

 

Digo y alerto, lo más grave de todo es que no están llenando de indignidad y somos incapaces de reaccionar. Tal parece que la visión de lo exterior en el caso ecuatoriano se fija solo en el escándalo de la farándula mundial sin medir las consecuencias de haber perdido la soberanía y la altivez que nos merecemos como nación y como estado. (FHA).

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  Dr. Francisco Herrera Araúz es Director General de Ecuadorinmediato.com
 Ecuamex Agencia productora de contenidos editoriales para @ecuadorinmediato.com 2019 

 

  Fuente fotos:  Archivo Ecuadorinmediato / UltimasNoticias.ec/Google Imagenes     

           

ECUADOR: ¿DÓNDE QUEDÓ LA PATRIA ALTIVA Y SOBERANA?

Ha sido una semana funesta para la imagen internacional del Ecuador. Independientemente de cual fuese el gobierno, y hasta en algunas dictaduras militares, la nación sostuvo por muchos años una política respetuosa de los acuerdos y tratados, un respeto por la defensa de los derechos humanos y la actitud soberana de cumplimiento del derecho internacional acorde con su constitución y sus leyes. Lo que ha provocado el gobierno del presidente Lenin Moreno con el caso Assange, la destrucción del derecho de asilo, el calificativo para las islas Galápagos y el sometimiento a la política exterior norteamericana, o  la entrega de la soberanía judicial por el caso Ola Bini, acaban por destrozar ese concepto que se tenía del Ecuador, de ser “Patria, Altiva y Soberana”.

 

No es desconocida para la historia la posición respetable que el país ha tenido en diplomacia, con todas sus limitaciones, pero ha sido capaz de propuestas altamente valoradas como la Tesis de las 200 millas marinas de soberanía y la “Guerra del Atún”; la Carta de la Paz y la Doctrina Roldós; La creación de la ALDHU; la integración con el “Pacto Andino” o, el fortalecimiento de UNASUR; todas ellas posiciones que confrontaron a Ecuador con Estados Unidos, liderando América Latina.

No hay que olvidarse la protección constante a los perseguidos como lo ha mantenido al país como una especie de santuario para el refugio. Nunca se olviden del cónsul Muñoz Borrero (1940-45)  en los días del Holocausto y su papel protector a los judíos; la puerta abierta a los venezolanos en los días de la dictadura de Marcos Pérez Jimenez (1950);  la historia del refugio colombiano en el país desde los inicios de la guerrilla colombiana (1945- al 2019) vamos por 55 años de ser la nación que más desplazados de esa nación acoge; o el inmenso grupo de sudamericanos entre los miles de argentinos, chilenos y de otras naciones perseguidos en los 70’s por las dictaduras militares del “Plan Cóndor”. Siempre abiertos a recibir a los que vengan, a proteger a los perseguidos, estos son solo ejemplos solidarios.

 

Si se mira con atención nuestro comportamiento como nación, desde los años 40´s del siglo pasado, hasta la fecha, nos hemos integrado dignamente  a la aplicación del derecho internacional; hemos firmado las dos convenciones de asilo, las de protección y refugio, todos los instrumentos de respeto por los derechos humanos, de beneficio para las mujeres, los niños o las minorías sexuales, el respaldo a los pueblos y nacionalidades, la cultura, todas, sin excepción. Constan en nuestras constituciones sucesivas el compromiso y valoración así como el sometimiento a ese derecho internacional expresado en los documentos sean acuerdos, tratados, protocolos y demás. Somos una nación que ha respetado juiciosamente ese ordenamiento internacional y por ello se nos reconoce como respetable y respetuosa.

Pero, de un momento a otro, y en especial esta semana que termina, resulta que en el régimen del presidente Lenín Moreno Garcés se ha resuelto traicionar nuestra palabra empeñada y someternos a en forma inexplicable al dominio de los norteamericanos.

 

La imagen del 11 de abril de 2019 con la expulsión de Julián Assange de la embajada del Ecuador en Londres, de un ser humano que clamaba por su vida, que exigía la protección del derecho de asilo, echó por los suelos esa respetabilidad del Ecuador en el campo internacional. El haber permitido el asilo del activista australiano seis años atrás bajo el régimen de Correa (2007-2017) fue justificado ante el mundo como una protección a su vida, para no ser entregado a los Estados Unidos donde se lo perseguía realmente por haber revelado sus barbaridades y crímenes en las interminables guerras y conflictos bélicos en los que se mete con frecuencia por su aparato político-militar. Assange fue la peor muestra de la traición al derecho de asilo.

El manejo del caso Assange por parte del régimen del presidente Moreno Garcés no pudo haber sido más desastroso para la diplomacia ecuatoriana. Desde la apertura de la embajada en un espacio reducido, el mal manejo de una relación de convivencia tensa con el personal ecuatoriano, la evidente afectación del respeto por parte de Assange a las normas de asilo que le obligaban a no intervenir en asuntos extranjeros de ningún tipo, hasta la violación a los derechos de intimidad o libertad de expresión contra el australiano expuestos con el iracundo grito del embajador Jaime Marchán, ese del “¡Lo que quiero es que te calles…!” son solo una muestra de un pésimo ambiente que iba a terminar en la expulsión.

 

Pero, Ecuador se había comprometido a respetar el asilo de Assange. El presidente Moreno cuando fue abordado en distintos momentos de su campaña antes de llegar al poder, y ya en el poder mismo en sus primeros días prometió ser respetuoso de Assange. Pero, el penoso incidente de la entrega de la nacionalidad ecuatoriana en septiembre de 2017, solo puso en ridículo a la diplomacia de su tiempo, dejando a su gobierno como uno que pretendió engañar a  la corona inglesa con un artilugio, pero que ya representaba el afán de desprenderse del australiano.

Lo que vino a continuación es solo la cadena de engaños a las que la política exterior ecuatoriana ha tratado de sostener frente al mundo. Digo, es notorio que el gobierno ecuatoriano habría negociado con los norteamericanos la entrega de Assange, sea por el acuerdo con el FMI, sea por un apoyo a su sostenibilidad en el cargo o, por justificar su ridículo ante los ingleses, lo cierto es que en este caso, el derecho de asilo, las convenciones de la Habana (1948) y de Caracas (1952), así como las Convenciones de la ONU para el derecho de asilados no fueron ni de lejos tomados en cuenta al momento de la entrega a Assange a los ingleses y de estos a los estadounidenses.

 

El triste papel de la traición de la diplomacia ecuatoriana ha sido figurado por su canciller, el embajador José Valencia, quien no ha tenido reparo en justificar la decisión de su gobierno de expulsar a Assange bajo la supuesta promesa de los ingleses, que “le dieron por escrito” que no extraditarían a una nación en la que corra peligro su vida, su integridad física ni la condena cruel de por vida. El canciller Valencia fue a mentir a la Asamblea que tenía en sus manos esos papeles y que ya le mandaba a la función legislativa. Total: Nunca le entregó tales documentos al pedido del asambleísta Jimmy Candell y lo que exhibió fueron dos cartas que nunca prometían lo dicho por el gobierno de Ecuador.

La realidad se estrella con la traición de la diplomacia ecuatoriana. A estas alturas Estados Unidos ha revelado 18 acusaciones contra Assange que pueden terminar con juicios de condena con pena de muerte o prisión perpetua por más de 140 años; ha presentado un pedido de extradición al Reino Unido, cuyo régimen procedió a receptar la solicitud y el Ministro de Interior británico Sajiv Javid presuroso lo aprobó y remitió  a las cortes inglesas para que la corona resuelva. El tema será tratado en febrero del 2020, y mientras tanto Assange en evidente indefensión espera en la cárcel inglesa lo inevitable, ya que fue por eso que se pidió el asilo, para evitar que Estados Unidos lo persiga y condene, pero Ecuador ha violentado el derecho de asilo entregando al condenado a una pena siniestra, eso es destruir el derecho internacional y el gobierno ecuatoriano lo hizo.

 

Lo que queda para el ridículo internacional es el comunicado de la cancillería ecuatoriana justificando a los ingleses, asegurando que tiene las garantías que no será extraditado. Una posición más sometida no puede haber, y el canciller José Valencia lo ha demostrado que si es posible, o sea violentar el derecho de asilo y justificar a los violadores del mismo. Para lo que queda el respeto de la diplomacia ecuatoriana, ya que el juicio de la historia sobre estos actos de traición al derecho internacional será severo.

 

Peor queda la nación con la nueva concepción a la que quieren figurar con el archipiélago de la Galápagos. Las desafortunadas declaraciones del ministro de Defensa, General (r) Oswaldo Jarrín que califica a las islas Galápagos como un “portaviones natural”, desatan la tormenta de temores por una nueva entrega de la soberanía. Será casualidad para la historia pero, los dos presidentes que han entregado el territorio ecuatoriano para hacer bases militares norteamericanas, Carlos Arroyo del Rio (1940-1944) con la isla Baltra y; Jamil Mahuad (1988-2000) con la base de Manta, siempre jugaron una papel de traición para con la historia de Ecuador, así han sido juzgados. Pregunto: ¿No es este un nuevo caso de entrega y traición en favor de los norteamericanos?, quien sabe pero, los nubarrones del concepto o calificación manejada sobre las islas puedan atiborrar de temores que eso se viene contra esta patria.

 

 

Al país le queda el eco que resonaba en forma furiosa que “Correa le metió mano a la justicia”.  Esta semana en el caso del ciudadano Ola Bini, prisionero en cárceles ecuatorianas sin una acusación concreta, se pudo reflejar como el gobierno del presidente Moreno Garcés “habría entregado la soberanía de la justicia ecuatoriana a los norteamericanos”.  Pruebas al canto, la incautación del material de trabajo, sus memorias electrónicas, laptops y otros documentos tecnológicos fueron entregados a la justicia norteamericana esta semana sin autorización de él, hasta que la propia CNN salió de vocera de la función judicial ecuatoriana decir que “ya se desencriptaron” los documentos de Bini justo y solo por los Estados Unidos. Es más, la injerencia norteamericana en la justicia ecuatoriana se la encuentra en las declaraciones del saliente embajador Todd Chapman que señala orondo que “Dos agentes del FBI” trabajan en el caso Ola Bini con Ecuador. Tanto entreguismo no obtiene reacción alguna, los dirigentes gremiales de los abogados actúan como cómplices y encubridores de esta ignominia, y los abogados guardan un silencio cómplice reprimido por la vergüenza.

 

La aprobación del matrimonio igualitario desata una ola de violentas reacciones en diversos grupos sociales, religiosos y las cúpulas de las iglesias católica o evangélica, todas ellas reclamando que no se apliquen lo dispuesto en una opinión consultiva vinculante del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, del cual el Ecuador es signatario. La “gran” prensa llama a la resistencia y que se incumplan los acuerdos o tratados y los demás hacen de corifeos y la corte de “a 14” tampoco sabe cómo arreglarse el asunto. Hoy discutimos en la nación ese cumplimiento sin que el régimen de Moreno Garcés demuestre que tiene una política exterior respetable o respetuosa. Su silencio en este caso no es garantía de respeto al derecho internacional.

Y, para completar el asunto, destruyendo la integración han terminado con UNASUR, y el edificio lo “feriaron” para universidad indígena, ahora resulta que en escritura pública quedó que el edificio debe pasar a manos del Consejo Provincial de Pichincha, y no se sabe si así lo dispuso el exprefecto Baroja. Pero, resulta que el régimen termina traicionado a la integración a los indígenas y al propio estatuto que se comprometió el Ecuador anteriormente y de manera respetable.

 

Digo y alerto, lo más grave de todo es que no están llenando de indignidad y somos incapaces de reaccionar. Tal parece que la visión de lo exterior en el caso ecuatoriano se fija solo en el escándalo de la farándula mundial sin medir las consecuencias de haber perdido la soberanía y la altivez que nos merecemos como nación y como estado. (FHA).

 

 

 

 

 

 

           

           

           

           

 

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