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Edición #5231 |  Ecuador, lunes, 26 de agosto de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores
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ECUADOR ¿ESTÁ CONVERTIDO EN UN "ESTADO FALLIDO"?

2019-07-29 19:41:00
Análisis
5820

Por: Dr. Francisco Herrera Aráuz exclusivo para www.ecuadorinmediato.com

La peor definición del cómo le percibe el ecuatoriano a su nación en estos momentos saltó de las encuestadoras Perfiles de Opinión y Click Report, tras sus estudios de opinión de julio/2019, que expone con crudeza y verdad su sentimiento: "¡Ecuador no tiene gobierno!" y con esta frase lapidaria se trata de entender muchas situaciones en las que nos vemos encendidos a diario. Lo que estamos viviendo es deplorable, decepcionante, todo por una clase política codiciosa que le lleva a su propio pueblo a una condición de estado fallido, que hipotecó el futuro en sus manos.

 

ECUADOR ¿ESTÁ CONVERTIDO EN UN “ESTADO FALLIDO”?

La peor definición del cómo le percibe el ecuatoriano a su nación en estos momentos saltó de las encuestadoras Perfiles de Opinión y Click Report, tras sus estudios de opinión de julio/2019, que expone con crudeza y verdad su sentimiento: “¡Ecuador no tiene gobierno!” y con esta frase lapidaria se trata de entender muchas situaciones en las que nos vemos encendidos a diario. Lo que estamos viviendo es deplorable, decepcionante, todo por una clase política codiciosa que le lleva a su propio pueblo a una condición de estado fallido, que hipotecó el futuro en sus manos.

Recuerdo que en el año 2000, el destacado catedrático universitario economista Juan Fernando Terán Jijón me facilitó un análisis estudio de perspectiva que habría hecho la CIA con sus expertos, que consideraba en forma concluyente que el Ecuador era uno de los países con menos futuro en el continente. Su inestabilidad constante, más el deterioro de sus condiciones socioeconómicas les llevaron a considerar que - de seguir con el rumbo de esos días – no pasábamos como estado más allá del 2015. Tal parece que a esa predicción política se les cruzó Rafael Correa y la Revolución Ciudadana, pero sería un aplazar de una década porque desde el 2017 vemos como se hacen esfuerzos por destruir a la nación con una regresión constante que nos empuja hacia abajo.

 

Los datos de las recuestadoras Perfiles de Opinión y Click Report, a Julio/2019 marcan un presente duro y difícil. Así; El 42 % de los ecuatorianos se siente inseguro, 13% angustiado, 9% pesimista y 6 % desconfiado, esto da un total del 78% de percepción crítica.

Las dos encuestadoras con sus cifras muy parecidas obtuvieron en sus estudios que el 83% de los ecuatorianos piensan que la situación del Ecuador es negativa y, el 17% es positiva. El dato es concordante que trata de explicar lo que se vive ahora ya que para la población se ha extendido el criterio generalizado duro y difícil: “los ecuatorianos vivimos el resultado de una falta de gobierno”.

La evaluación más negativa en el largo tiempo de vida política del presidente Lenín Moreno, con 12 años en el poder sea como vicepresidente, embajador o presidente  (2007-2019), está a la baja en este mes con un 14% de credibilidad y, mayor decepción genera el saber que no hay más liderazgo que le siga. No lo hay en su gabinete ni un solo ejemplar que le apoye o acompañe; no lo hay en la asamblea; no existe en las otras funciones públicas. Una nación descabezada en su gobierno y sus poderes.

 

Si buscamos los motivos para arribar a tan grave anomia política la respuesta la podemos hallar minutos después de la posesión del presidente Lenin Moreno en mayo/2017. Fue notorio desde ese momento el apartarse de su antecesor Rafael Correa y, con el paso de los días, dirigir todos sus esfuerzos por “Acabar con el Correismo” lo cual le llevó a traicionar a su mentor, a sus compañeros y a su propia ideología. Más aún a eliminar su propio proyecto político y quedarse sin plan de gobierno.

Esa es la primera gran sensación de desazón. El presidente Moreno no gobierna, no manda, y no conduce a la nación. No lo hace ni por si mismo ni con su plan como tampoco con la gente con la que ganó las elecciones.

 

En lo político, el régimen es una contradicción permanente. Con el proceso de “Transición” inventado por la clase política perdedora de las elecciones anteriores, que le forzaron a una consulta ilegal e inconstitucional, se la pasa de escándalo en escándalo y de acusación al régimen anterior pero no gobierna. Desde febrero del 2018 el gobierno de Moreno Garcés entró en una vorágine de desinstitucionalización evidente, destruyó desde su inicio el estado de derecho, atropello a la dignidad y honra de las personas, acusó sin pruebas, destituyó cargos y puso peores reemplazos junto a Julio César Trujillo con su paso nefasto por la historia nacional.

El entorno político con el que se simula gobierno en Ecuador es un muestrario de esas contradicciones. Bajo el pretexto del diálogo el régimen se apartó de la revolución ciudadana, dividió a su partido, llamó a los enemigos políticos a pactar y entregarles prebendas de poder, cargos y funciones. Hoy tiene a su alrededor un grupo de cuestionados y cuestionadores que le apoyan para “darle gobernabilidad” al punto de aliarse con CREO y su rival perdedor Guillermo Lasso, que antes le acusó de fraude y hoy le acompaña en el desgobierno, mientras proclama un futuro presidenciable a su otro aliado el socialcristiano Jaime Nebot.

 

El grupo de asesores, consejeros o ministros secretarios que rodean al mandatario ecuatoriano es otra prueba de un mal manejo del estado. Sin un concepto unitario de gobierno, da la impresión de que cada uno toma las decisiones. Es un gobierno que ha entrado en una danza despatarrada de acciones inconexas sin una conducción visible, no hay una imagen presidencial que dé la voz de mando, sin líderes que le acompañen al presidente el gabinete presidencial viene a ser una especie de irrelevante en el cual cada uno funciona por su lado sin una política acorde.

La política de comunicación del régimen es simplemente desastrosa. El mandatario no informa ni comunica lo que hace, sus discursos son floridos en errores que se ocultan hábilmente por parte de una prensa cómplice que calla y se silencia frente al actual régimen hasta el extremo de protegerlo. No hay anuncio de nuevas obras, nuevos crecimientos, solo hay pedazos de apoyos a emprendimientos aislados y a capacidades especiales. En la cúpula es un vonciglerío de voceros que, entre Michelena, Cuesta, Romo, Roldán, Martínez o Granda, salen a cada momento a escandalizar a la nación y dar la impresión de que “ellos son los que gobiernan” cayendo en cada contradicción que aumenta la imagen de “gobierno del disparate” mientras lo demás callan y otorgan, o se limitan a la pobre actitud intelectual de repetir en redes sociales lo que les mandan a decir desde el palacio en defensa del régimen.

 

El manejo de lo público es simplemente caótico. Todo pasa a una situación presumible de crisis inventada que obliga a una reducción de presupuestos con lo cual deterioran la calidad del servicio público en escuelas con estudiantes perjudicados en franco retroceso del sistema educativo; hospitales poniendo a la población en nivel humillante de suplicar remedios y atención; jubilados en huelga de hambre clamando por sus liquidaciones; crisis de seguridad ciudadana en términos alarmantes que se expresa en un conflicto carcelario provocado por eliminación del ministerio de justicia y el despido de personal; ministerios sin control de sus acciones, uso de sus bienes y del comportamiento de sus funcionarios; Contraloría convertida en “comisaria de persecuciones” y destrucción de la planificación adecuada del estado. Para este régimen ¡Todo es culpa de Correa! y ¡Hay que acabar con el correismo!

La impresión generalizada entre diversos sectores es que “No hay plan económico”. Todo apunta a que el gobierno no manda en su economía, lo hace el FMI que le impone condiciones duras y difíciles a la población. Alza de combustibles; reducción de inversiones sociales; perdones tributarios por más de US$ 4500 millones en beneficio de grandes empresarios; fuga de capitales por cerca de US$ 50 mil millones; Endeudamiento agresivo que rebasa los US$ 11 mil millones en menos de dos años; Inexplicable uso del ingreso petrolero que rebasa los US$ 50 por cada barril; Despidos de servidores públicos con números cada vez más insólitos que podrían rebasar los 150 mil funcionarios; Desempleo creciente en forma pavorosa con cifras alarmantes que rebasan el índice de 6 de cada 10 ecuatorianos sin trabajo adecuado.

 

En palabras del vicepresidente Otto Sonnenholzner, el presidente Moreno “Se salió del proyecto político con el que ganó las elecciones” con lo cual el poderoso sector de grupos económico-empresarial le impuso un plan económico insaciable. Pese a recibir la cuantiosa remisión de deudas por más de los 4 mil 500 millones, con la promesa de crear empleo, el sector privado no absorbe la mano de obra despedida del sector público, y por el contrario, bajo el grito de que el gobierno “¡Sigue en la despilfarra!” no fomenta más inversiones, no quiere pagar más tributos, y cada vez presiona más por el proceso de privatización del estado, queriendo entrar a la disputa de telefónicas, eléctricas, vías, puertos, aeropuertos, seguridad social, salud, educación, servicios básicos. Como Lenín Moreno no les cumple, ellos tampoco lo harán.

 

Pero, no solo es el gobierno. La disputa entre funciones no puede ser más oprobiosa para la nación, que mira con asombro como contribuyen al desgobierno las otras entidades del estado.

La Asamblea Nacional es un conjunto de delitos como los diezmos” o grabaciones ilegales, luchas intestinas y vulgaridades para justificar el uso del poder político. Los partidos y movimientos que integran la legislatura son la clase dirigente que refleja en su peor estado la mediocridad del proceso político público ecuatoriano. El reparto de dignidades que ellos llaman acuerdos de gobernabilidad, son un proceso indignante de disputas de egos mezclados con ignorancias. Hay un desconocimiento pavoroso de las leyes entre los asambleístas, que no pueden producir una ley sin errores y que quieren corregir a punta de “fe de erratas”. Es una asamblea que no puede ni siquiera reunir a sus comisiones y menos justificar su inexistente trabajo.

 

El peor error que puede promover un gobierno contra un estado es utilizar a la justicia para perseguir a sus oponentes. El poder judicial es usado por el gobierno y la clase política gobernante para aplicar la Justicia Falsificada. Se persigue sin pruebas, se acusa de delitos forjados, se encarcela sin sustento, se dictan sentencias sin ley ni orden. Es un proceso de montar casos para escandalizar a la nación, empujar a una masa crítica a que violenta el estado de derecho y garantice la impunidad con la que actúan. Jueces ignorantes, veleidosos o inmorales hacen de la justicia un descalabro infame, dejando a los ciudadanos en indefensión y sin la presunción de inocencia. Peor aún es el papel de la Fiscalía de Ecuador que actúa según le mandan las investigaciones que “les dan haciendo” desde La Fuente, Mil Hojas, La Posta, 4Pelagatos o alguna mano indigna del régimen, ya que los fiscales tienen pánico a tener iniciativa propia y prefieren aliarse con los linchadores mediáticos a buscar la verdadera justicia con la ley en la mano.

      

  Es crítico mirar cómo se quieren destruir entre las funciones del estado. El cargamontón que, desde la presidencia, la fiscalía, los partidos y la asamblea le hacen al Consejo de Participación Ciudadana (CPCCS) y al cura Tuárez es impresentable. No importa si de por medio hay violación a las leyes, injerencia a otra entidad, violación a la Constitución. No importa nada, hay que tumbar a un Caballo de Troya como el presidente del Consejo, y de esa manera acabar con esta entidad para retomar la ansiada troncha que les permita elegir a los carguitos y empleos de sus agnados y cognados. ¿Nos merecemos esto?

 

        Como si no fuese suficiente, la cirugía mayor contra la corrupción es un enfangamiento colectivo del cual el régimen está llevando la peor parte. El presidente de Ecuador es acusado de enriquecimiento ilícito con el caso INAPapers; el entorno presidencial sigue salpicado de acusaciones como el caso GEA, Santiago Cuesta tiene un caso completo con las acusaciones diarias de Villavicencio y el conflictivo mundo petrolero que sigue contaminando al régimen aparte claro está de las privatizaciones que aumentan la sospecha. Más grave es mirar cómo se inculpan de aportes de campaña, para la campaña de Alianza Pais de la que fue parte Lenin Moreno, y salen 13 empresarios señalados con la acusación de corruptores desde el sector privado. Pero eso no es suficiente ya que en la últimas horas, luego de 3 años de escándalos no se culpa de nada a la delincuencia brasileña de Odebrecht, y ahora el Procurador Salvador, junto con el ministro Pérez, actúan en extraño como sospechoso comportamiento pidiendo perdón para Odebrecht a que siga actuando en Ecuador, que siga contratando, y que la nación se olvide de este conjunto de actos delictivos. ¿Qué pasó?; ¡Dónde quedó la dignidad de la nación!

 

        Sumen y vayan sumando, el caso Assange no puede ser más cuestionable a la política exterior del régimen, que da la impresión de haberse quedado sin un concepto del respeto a la soberanía. “Engañados” por Inglaterra; “Usados” por los Estados Unidos, lo peor que podrá ocurrir con el régimen del presidente Moreno será la extradición con pena de muerte para Julián Assange, lo que desde ya le marca más al mandatario y gobierno ecuatoriano con la mancha de la traición.

Pregunto, después de todo esto: ¿Es el estado ecuatoriano un verdadero estado o es una nación ingobernable, en la que no funcionan ni leyes ni gobernantes, ni procesos ni sus gentes? La respuesta es obvia: Estos nos han convertido en un Estado Fallido. Que sensación de impotencia ante la nación siente uno frente al actual régimen, que tan mal ha hecho las cosas que no hay quien quiera reemplazarlo, nadie conspira contra ellos, les han dejado que se caigan solos enlodados por sus intrigas, traiciones y perfidias. ¡Un desastre!

 

Ver la imagen de un policía pateando a una ujer que quiere rescatar la bandera nacional, o la de un ciudadano batirse a golpes con un policía, violentando el sentido de autoridad en su peor forma, esa son las expresiones más duras de no tener estado, de ser un estado fallido.

        ¿Tenemos futuro? Rebelde como soy recuerdo haber exclamado a inicios del siglo al conocer la predicción de la CIA, el grito de indignación contra la clase política irresponsable que actúa así: ¡Nos están dejando sin Patria carajo! Hoy lo repito y reclamo porque no podemos permitirlo. (FHA)

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  Dr. Francisco Herrera Araúz es Director General de Ecuadorinmediato.com
 Ecuamex Agencia productora de contenidos editoriales para @ecuadorinmediato.com 2019  

  Fuente fotos:  Archivo Ecuadorinmediato

 


ECUADOR CONVERTIDO EN UN “ESTADO FALLIDO”

La peor definición del cómo le percibe el ecuatoriano a su nación en estos momentos saltó de las encuestadoras Perfiles de Opinión y Click Report, tras sus estudios de opinión de julio/2019, que expone con crudeza y verdad su sentimiento: “¡Ecuador no tiene gobierno!” y con esta frase lapidaria se trata de entender muchas situaciones en las que nos vemos encendidos a diario. Lo que estamos viviendo es deplorable, decepcionante, todo por una clase política codiciosa que le lleva a su propio pueblo a una condición de estado fallido, que hipotecó el futuro en sus manos.

Recuerdo que en el año 2000, el destacado catedrático universitario economista Juan Fernando Terán Jijón me facilitó un análisis estudio de perspectiva que habría hecho la CIA con sus expertos, que consideraba en forma concluyente que el Ecuador era uno de los países con menos futuro en el continente. Su inestabilidad constante, más el deterioro de sus condiciones socioeconómicas les llevaron a considerar que - de seguir con el rumbo de esos días – no pasábamos como estado más allá del 2015. Tal parece que a esa predicción política se les cruzó Rafael Correa y la Revolución Ciudadana, pero sería un aplazar de una década porque desde el 2017 vemos como se hacen esfuerzos por destruir a la nación con una regresión constante que nos empuja hacia abajo.

Los datos de las recuestadoras Perfiles de Opinión y Click Report, a Julio/2019 marcan un presente duro y difícil. Así; El 42 % de los ecuatorianos se siente inseguro, 13% angustiado, 9% pesimista y 6 % desconfiado, esto da un total del 78% de percepción crítica.

Las dos encuestadoras con sus cifras muy parecidas obtuvieron en sus estudios que el 83% de los ecuatorianos piensan que la situación del Ecuador es negativa y, el 17% es positiva. El dato es concordante que trata de explicar lo que se vive ahora ya que para la población se ha extendido el criterio generalizado duro y difícil: “los ecuatorianos vivimos el resultado de una falta de gobierno”.

La evaluación más negativa en el largo tiempo de vida política del presidente Lenín Moreno, con 12 años en el poder, está a la baja en este mes con un 14% de credibilidad y, mayor decepción genera el saber que no hay más liderazgo que le siga. No lo hay en su gabinete ni un solo ejemplar que le apoye o acompañe; no lo hay en la asamblea; no existe en las otras funciones públicas. Una nación descabezada en su gobierno y sus poderes.

 

Si buscamos los motivos para arribar a tan grave anomia política la respuesta la podemos hallar minutos después de la posesión del presidente Lenin Moreno en mayo/2017. Fue notorio desde ese momento el apartarse de su antecesor Rafael Correa y, con el paso de los días, dirigir todos sus esfuerzos por “Acabar con el Correismo” lo cual le llevó a traicionar a su mentor, a sus compañeros y a su propia ideología. Más aún a eliminar su propio proyecto político y quedarse sin plan de gobierno.

Esa es la primera gran sensación de desazón. El presidente Moreno no gobierna, no manda, y no conduce a la nación. No lo hace ni por si mismo ni con su plan como tampoco con la gente con la que ganó las elecciones.

 

En lo político, el régimen es una contradicción permanente. Con el proceso de “Transición” inventado por la clase política perdedora de las elecciones anteriores, que le forzaron a una consulta ilegal e inconstitucional, se la pasa de escándalo en escándalo y de acusación al régimen anterior pero no gobierna. Desde febrero del 2018 el gobierno de Moreno Garcés entró en una vorágine de desinstitucionalización evidente, destruyó desde su inicio el estado de derecho, atropello a la dignidad y honra de las personas, acusó sin pruebas, destituyó cargos y puso peores reemplazos junto a Julio César Trujillo con su paso nefasto por la historia nacional.

El entorno político con el que se simula gobierno en Ecuador es un muestrario de esas contradicciones. Bajo el pretexto del diálogo el régimen se apartó de la revolución ciudadana, dividió a su partido, llamó a los enemigos políticos a pactar y entregarles prebendas de poder, cargos y funciones. Hoy tiene a su alrededor un grupo de cuestionados y cuestionadores que le apoyan para “darle gobernabilidad” al punto de aliarse con CREO y su rival perdedor Guillermo Lasso, que antes le acusó de fraude y hoy le acompaña en el desgobierno, mientras proclama un futuro presidenciable a su otro aliado el socialcristiano Jaime Nebot.

 

El grupo de asesores, consejeros o ministros secretarios que rodean al mandatario ecuatoriano es otra prueba de un mal manejo del estado. Sin un concepto unitario de gobierno, da la impresión de que cada uno toma las decisiones. Es un gobierno que ha entrado en una danza despatarrada de acciones inconexas sin una conducción visible, no hay una imagen presidencial que dé la voz de mando, sin líderes que le acompañen al presidente el gabinete presidencial viene a ser una especie de irrelevante en el cual cada uno funciona por su lado sin una política acorde.

La política de comunicación del régimen es simplemente desastrosa. El mandatario no informa ni comunica lo que hace, sus discursos son floridos en errores que se ocultan hábilmente por parte de una prensa cómplice que calla y se silencia frente al actual régimen hasta el extremo de protegerlo. No hay anuncio de nuevas obras, nuevos crecimientos, solo hay pedazos de apoyos a emprendimientos aislados y a capacidades especiales. En la cúpula es un vonciglerío de voceros que, entre Michelena, Cuesta, Romo, Roldán, Martínez o Granda, salen a cada momento a escandalizar a la nación y dar la impresión de que “ellos son los que gobiernan” cayendo en cada contradicción que aumenta la imagen de “gobierno del disparate” mientras lo demás callan y otorgan, o se limitan a la pobre actitud intelectual de repetir en redes sociales lo que les mandan a decir desde el palacio en defensa del régimen.

 

El manejo de lo público es simplemente caótico. Todo pasa a una situación presumible de crisis inventada que obliga a una reducción de presupuestos con lo cual deterioran la calidad del servicio público en escuelas estudiantes perjudicados en retroceso del sistema educativo; hospitales poniendo a la población en nivel humillante de suplicar remedios y atención; jubilados en huelga de hambre clamando por sus liquidaciones; crisis de seguridad ciudadana en términos alarmantes que se expresa en un conflicto carcelario provocado por eliminación del ministerio de justicia y el despido de personal; ministerios sin control de sus acciones, uso de sus bienes y del comportamiento de sus funcionarios; Contraloría convertida en “comisaria de persecuciones” y destrucción de la planificación adecuada del estado. Para este régimen ¡Todo es culpa de Correa! y ¡Hay que acabar con el correismo!

La impresión generalizada entre diversos sectores es que “No hay plan económico”. Todo apunta a que el gobierno no manda en su economía, lo hace el FMI que le impone condiciones duras y difíciles a la población. Alza de combustibles; reducción de inversiones sociales; perdones tributarios por más de US$ 4500 millones en beneficio de grandes empresarios; fuga de capitales por cerca de US$ 50 mil millones; Endeudamiento agresivo que rebasa los US$ 11 mil millones en menos de dos años; Inexplicable uso del ingreso petrolero que rebasa los US$ 50 por cada barril; Despidos de servidores públicos con números cada vez más insólitos que podrían rebasar los 150 mil funcionarios; Desempleo creciente en forma pavorosa con cifras alarmantes que rebasan el índice de 6 de cada 10 ecuatorianos sin trabajo adecuado.

En palabras del vicepresidente Otto Sonnenholzner, el presidente Moreno “Se salió del proyecto político con el que ganó las elecciones” con lo cual el poderoso sector de grupos económico-empresarial le impuso un plan económico insaciable. Pese a recibir la cuantiosa remisión de deudas por más de los 4 mil 500 millones, con la promesa de crear empleo, el sector privado no absorbe la mano de obra despedida del sector público, y por el contrario, bajo el grito de que el gobierno “¡Sigue en la despilfarra!” no fomenta más inversiones, no quiere pagar más tributos, y cada vez presiona más por el proceso de privatización del estado, queriendo entrar a la disputa de telefónicas, eléctricas, vías, puertos, aeropuertos, seguridad social, salud, educación, servicios básicos. Como Lenín Moreno no les cumple, ellos tampoco lo harán.

 

Pero, no solo es el gobierno. La disputa entre funciones no puede ser más oprobiosa para la nación, que mira con asombro como contribuyen al desgobierno las otras entidades del estado.

La Asamblea Nacional es un conjunto de delitos como los diezmos” o grabaciones ilegales, luchas intestinas y vulgaridades para justificar el uso del poder político. Los partidos y movimientos que integran la legislatura son la clase dirigente que refleja en su peor estado la mediocridad del proceso político público ecuatoriano. El reparto de dignidades que ellos llaman acuerdos de gobernabilidad, son un proceso indignante de disputas de egos mezclados con ignorancias. Hay un desconocimiento pavoroso de las leyes entre los asambleístas, que no pueden producir una ley sin errores y que quieren corregir a punta de “fe de erratas”. Es una asamblea que no puede ni siquiera reunir a sus comisiones y menos justificar su inexistente trabajo.

El peor error que puede promover un gobierno contra un estado es utilizar a la justicia para perseguir a sus oponentes. El poder judicial es usado por el gobierno y la clase política gobernante para aplicar la Justicia Falsificada. Se persigue sin pruebas, se acusa de delitos forjados, se encarcela sin sustento, se dictan sentencias sin ley ni orden. Es un proceso de montar casos para escandalizar a la nación, empujar a una masa crítica a que violenta el estado de derecho y garantice la impunidad con la que actúan. Jueces ignorantes, veleidosos o inmorales hacen de la justicia un descalabro infame, dejando a los ciudadanos en indefensión y sin la presunción de inocencia. Peor aún es el papel de la Fiscalía de Ecuador que actúa según le mandan las investigaciones que “les dan haciendo” desde La Fuente, Mil Hojas, La Posta, 4Pelagatos o alguna mano indigna del régimen, ya que los fiscales tienen pánico a tener iniciativa propia y prefieren aliarse con los linchadores mediáticos a buscar la verdadera justicia con la ley en la mano.

        Es crítico mirar cómo se quieren destruir entre las funciones del estado. El cargamontón que, desde la presidencia, la fiscalía, los partidos y la asamblea le hacen al Consejo de Participación Ciudadana (CPCCS) y al cura Tuárez es impresentable. No importa si de por medio hay violación a las leyes, injerencia a otra entidad, violación a la Constitución. No importa nada, hay que tumbar a un Caballo de Troya como el presidente del Consejo, y de esa manera acabar con esta entidad para retomar la ansiada troncha que les permita elegir a los carguitos y empleos de sus agnados y cognados. ¿Nos merecemos esto?

        Como si no fuese suficiente, la cirugía mayor contra la corrupción es un enfangamiento colectivo del cual el régimen está llevando la peor parte. El presidente de Ecuador es acusado de enriquecimiento ilícito con el caso INAPapers; el entorno presidencial sigue salpicado de acusaciones como el caso GEA, Santiago Cuesta tiene un caso completo con las acusaciones diarias de Villavicencio y el conflictivo mundo petrolero que sigue contaminando al régimen aparte claro está de las privatizaciones que aumentan la sospecha. Más grave es mirar cómo se inculpan de aportes de campaña, para la campaña de Alianza Pais de la que fue parte Lenin Moreno, y salen 13 empresarios señalados con la acusación de corruptores desde el sector privado. Pero eso no es suficiente ya que en la últimas horas, luego de 3 años de escándalos no se culpa de nada a la delincuencia brasileña de Odebrecht, y ahora el Procurador Salvador, junto con el ministro Pérez, actúan en extraño como sospechoso comportamiento pidiendo perdón para Odebrecht a que siga actuando en Ecuador, que siga contratando, y que la nación se olvide de este conjunto de actos delictivos. ¿Qué pasó?; ¡Dónde quedó la dignidad de la nación!

        Sumen y vayan sumando, el caso Assange no puede ser más cuestionable a la política exterior del régimen, que da la impresión de haberse quedado sin un concepto del respeto a la soberanía. “Engañados” por Inglaterra; “Usados” por los Estados Unidos, lo peor que podrá ocurrir con el régimen del presidente Moreno será la extradición con pena de muerte para Julián Assange, lo que desde ya le marca más al mandatario y gobierno ecuatoriano con la mancha de la traición.

Pregunto, después de todo esto: ¿Es el estado ecuatoriano un verdadero estado o es una nación ingobernable, en la que no funcionan ni leyes ni gobernantes, ni procesos ni sus gentes? La respuesta es obvia: Estos nos han convertido en un Estado Fallido. Que sensación de impotencia ante la nación siente uno frente al actual régimen, que tan mal ha hecho las cosas que no hay quien quiera reemplazarlo, nadie conspira contra ellos, les han dejado que se caigan solos enlodados por sus intrigas, traiciones y perfidias. ¡Un desastre!

        ¿Tenemos futuro? Rebelde como soy recuerdo haber exclamado a inicios del siglo al conocer la predicción de la CIA, el grito de indignación contra la clase política irresponsable que actúa así: ¡Nos están dejando sin Patria carajo! Hoy lo repito y reclamo porque no podemos permitirlo. (FHA)

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