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Edición #5231 |  Ecuador, viernes, 22 de marzo de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores

LOS ERRORES EN LA RELACIÓN QUITO - BOGOTA (Análisis)

2006-02-10 10:27:09
Ecuador en la prensa mundial
1888

El Nuevo Siglo /Colombia

Las relaciones entre Colombia y Ecuador no pasan por su mejor momento. Y no tanto por el incidente fronterizo que ocurrió hace dos semanas sino por el manejo que ambos gobiernos están dando al delicado tema. Aquí las falencias más protuberantes de lado y lado
DEL LADO COLOMBIANO

1. INCURSIÓN EVIDENTE, ACEPTACIÓN TARDÍA: en el papel el gobierno Uribe actuó de manera consecuente cuando dijo que la respuesta a la nota de protesta de Ecuador la daría después de conocer los resultados de la comisión binacional que investigaría el hecho.

Sin embargo, los videos de la incursión, las evidencias de los ametrallamientos en territorio ecuatoriano así como los propios informes internos de los pilotos de la FAC, eran elementos suficientes para aceptar que se incurrió en un error y de allí que lo más aconsejable – ante la carga probatoria – era proceder a canales diplomáticos, tanto los privados como los públicos, para comunicar a Quito la disculpa respectiva y bajarle el tono a una polémica que llegó muy lejos, al punto que el vecino país llegó al extremo de activar sus defensas antiaéreas.

2. ¿FUE DESPROPORCIONADA LA REACCIÓN DE QUITO?: para responder a ese interrogante es necesario recordar la forma como años atrás el gobierno colombiano reaccionaba cada vez que se denunciaban incursiones de tropas y aeronaves venezolanas en la frontera, especialmente en los alrededores de Tibú, Norte de Santander.

El gobierno de turno en Bogotá, presionado por las protestas de los habitantes del sector atacado, autoridades regionales, la Defensoría, partidos políticos y otras instancias sociales e institucionales, se veía prácticamente que obligado que a girar a Caracas la respectiva nota de protesta por la incursión.

Si se compara esa situación con la forma en que reaccionó ahora Ecuador, no existe mucha diferencia, y por lo tanto concluir que la posición de Quito es exagerada, suena más a una opinión cargada de nacionalismo colombiano, que a un análisis objetivo de las situaciones que se pueden generar en una frontera con un orden público complicado.

3. LA GUERRILLA, UN PROBLEMA COLOMBIANO: si bien es cierto que Ecuador está obligado a evitar que en su territorio entren grupos guerrilleros, ese hecho no puede esconder una verdad incontrovertible: la guerrilla es un problema colombiano, no ecuatoriano.

Que cuadrillas de insurgentes puedan traspasar la línea fronteriza es un error de control territorial de las Fuerzas Militares colombianas, de ello no puede quedar la más mínima duda. Es apenas de simple lógica que no se puede culpar al vecino de los problemas que el dueño de casa no puede controlar.

Otra situación se daría en el caso de que las autoridades de Ecuador apoyarán a la Farc o patrocinarán su accionar armado en Colombia. Pero esa no es la situación con Quito, así algunos de los voceros de su actual gobierno hayan dado a entender que se declaraban
‘neutrales’ ante el conflicto armado colombiano, tesis que siempre terminan rectificando debido a sus graves implicaciones.

DEL LADO ECUATORIANO:

1. EXACERBAR NACIONALISMO, COMO FÓRMULA DE UNIÓN: no pocos analistas ecuatorianos, si bien no restaron gravedad al incidente por la incursión militar en la frontera, indicaron que la reacción de Quito, no sólo por los duros pronunciamientos del presidente Palacio, su canciller y su ministro de Defensa, sino por la activación de las defensas antiaéreas en la frontera pese a que las Fuerzas Militares colombianas no tenían intención de atacar tropas ni ciudadanos ecuatorianas, respondieron a una estrategia del gobierno para exacerbar el nacionalismo y tratar de disminuir la tensión política interna por la época pre-electoral y los crecientes focos de insatisfacción social, especialmente entre el campesinado y los indígenas.

Temas como la oposición al TLC, la controversia por los condicionamientos antidrogas que EU quiere imponer a Quito y la crisis política por la tempranera campaña electoral presidencial, quedaron al margen durante estas últimas dos semanas.

2. NEGAR LO QUE ES OBVIO: aunque le asiste toda la razón a Ecuador cuando advierte que no tiene porqué resultar implicado en el conflicto armado interno de Colombia, la posición de Quito de negar que existen en su territorio fronterizo campamentos y albergues de las Farc, y que allí los insurgentes se esconden de las Fuerzas Militares colombianas, se apertrechan de víveres, armas y munición, es ingenua. Incluso, días después del incidente en la frontera, las tropas ecuatorianas descubrieron uno de esos campamentos e incautaron gran cantidad de explosivos.

Los hechos, entonces, hablan por sí solos. Una cosa es negarse a hacer operativos militares conjuntos con Colombia en la frontera y otra muy distinta es no detectar a tiempo la instalación de este tipo de campamentos, más aún si ese riesgo no es nuevo y ha sido denunciado reiteradamente por Bogotá.

3. LOS RIESGOS DE LA NEUTRALIDAD EXTREMA: cada vez que se habla en Colombia de que Ecuador colaboró intensa y decididamente con las autoridades de nuestro país en un operativo contra las Farc o la captura de alguno de sus cabecillas en territorio de la vecina nación, de inmediato Quito sale a aclarar que en realidad no hubo tal coordinación binacional y que si hubo detenciones fueron producto de actividades propias y unilaterales.

Así ocurrió en el caso de la captura y deportación de ‘Simón Trinidad’ y otros casos de subversivos. Esa clase de reacciones lleva a que sectores políticos ecuatorianos y colombianos hablen de un supuesto pacto de ‘no agresión’ entre las Farc y los últimos gobiernos del vecino país, señalamiento que éste últimos siempre han negado.

Sin embargo, la tesis de ‘neutralidad’ ante el conflicto colombiano a la que han acudido varias autoridades ecuatorianas es muy riesgosa, porque dejaría en el mismo nivel a un gobierno legítimo y constitucional como el colombiano frente a una facción insurgente, catalogada, además, internacionalmente como organización terrorista.

Una cosa es evitar involucrarse en el conflicto colombiano y otra muy distinta declararse neutral ante el mismo.

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