Donaciones
EL PERIÓDICO INSTANTÁNEO DEL ECUADOR
Donar
Conozca más
Edición #5231 |  Ecuador, sábado, 24 de agosto de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores

ECUADOR: UNA TIERRA VENCIDA

2006-08-26 14:00:36
Ecuador en la prensa mundial
1241

Cuba Nuestra-Digital / Luz Madroño

Ecuador, situado en la mitad del mundo, es una bella tierra de enormes contrastes paisajísticos y riquezas naturales, abundante en recursos y materias primas que se debate entre su configuración de Estado de Derecho avalado por las urnas y democrático con la existencia de gobiernos que se suceden incansables -en ocasiones mantenidos en el poder por muy escasos meses- sin que los acuciantes problemas que sacuden a la sociedad y se traducen en una elevadísima tasa de emigración, tengan visos de resolución. Hacia ese país de contrastes extenuantes y ricas promesas, cogí mi mochila a primeros de julio y me dispuse a conocer lo que las guías turísticas no cuentan.
Con 250 dólares como salario mínimo, el pueblo ecuatoriano vive entre sueños de progreso y desencanto ante gobiernos corruptos y más atentos a su clientelización que al desarrollo de los intereses del propio país y a la mejora de la calidad de vida de sus ciudadanos. Como mal endémico la corrupción, en esta mitad del mundo, se exhibe incluso entre las farolas o los postes del tendido eléctrico.

Llama mi atención observar en uno de ellos, un pequeño anuncio –afiches, se llaman acá- que promete limpiar los antecedentes delictivos de cualquiera que tenga varios acumulados y aseguran ser bien efectivos y competentes; en la misma hoja aparece tanto la dirección del lugar como el teléfono al que el delincuente puede dirigirse para dejar su historial tan blanco como el de un recién nacido. Impunidad para los anunciantes que, de paso, compartirán sus emolumentos con los policías o funcionarios socios del asunto. Con gran extrañeza comento este hecho a mi acompañante, quien a la vez y como una ruleta rusa, se extraña de mí perplejidad: “Es normal” exclama “los verás repartidos por todo Ecuador y funcionan, vaya si funcionan! Aquí el delito no es ser un delincuente, lo es el no poder limpiar tu hoja”. Comprobado.

Poco más lejos, de nuevo la perplejidad asalta mi sentido de la ética ciudadana. En una pancarta –y tampoco será la única- sostenida entre dos farolas, se puede leer una original reivindicación: Amnistía para los culpados por deudas de hacienda y fiscales. Pancarta que irá acompañada de manifestaciones callejeras y demandas gubernamentales.

El proceso de dolarización que sustituyó la moneda nacional, el sucre, por el dólar y que fue iniciado en el año 2000, no produjo los efectos de fortalecimiento económico esperado y sí una emigración masiva hacia España y, en menor medida, a EEUU. Difícil es hoy encontrar a una persona que no tenga, al menos, un familiar emigrado.

Las remesas que llegan del exterior se están convirtiendo, así, en una fuerte fuente de ingresos para el país con altos costes sociales. La música popular, reflejo trivial y efecto apaciguador, ya dedica varias canciones nostálgicas y tristes a la pena de la marcha y al olvido y la añoranza o morriña de lo que se deja atrás.

No obstante, el ecuatoriano aunque pobre es libre. Las críticas a sus gobernantes, a los que acusan de ser cómplices del expolio del país llevado a cabo tanto por el pequeño grupo oligárquico nacional como por las multinacionales que en el país operan, no cejan.

El próximo octubre serán los comicios nacionales y el país se prepara para ello sin demasiada esperanza en que las cosas vayan a cambiar. Pero, como seres libres y con derecho a los sueños, también demandan creer que en ellos está la posibilidad de lograr que la situación cambie. Un taxista que, como en cualquier otra parte del mundo son transmisores de la sabiduría popular, me confesó que en un país democrático como es Ecuador, la población es también responsable del acontecer diario y en sus manos está lograr la transformación del país. No es bueno, añadió, echar siempre balones fuera y culpar a los gobiernos de lo que acontece en un país; que, en los países democráticos como es Ecuador, recalcó, la ciudadanía tiene en sus manos una poderosa arma: las urnas y las elecciones.

Que la indiferencia y la incultura sólo llevan a situaciones como las que están viviendo en Venezuela o empiezan a vivir en Bolivia donde el populismo y las promesas en el aire de iluminados profetas arrancan de las manos lo único que el pueblo tiene, esto es la posibilidad de castigar los comportamientos de gobernantes poco éticos.

Hay algo nostálgico en la mirada y las palabras de estos hombres y mujeres mezclados cultural y humanamente por siglos y siglos de convivencia, invasión o conquista de sus territorios y que hoy asisten a la desventura de un hermoso país, muy goloso para los que, con bastante de sinvergonzonería y falta de escrúpulos, expolian recursos y riquezas naturales con la mira puesta en el beneficio inmediato sin consideración alguna para las consecuencias futuras. Y mucho de irresponsabilidad ante los costes que, no sólo para Ecuador, acarreará tal política de explotación.

Junto a mestizos, ciudades como Quito de inmenso pasado y cuna de la conquista española o Guayaquil, de evocador nombre tras el que se levanta la ciudad más moderna y financiera del país, comunidades indígenas que luchan por su propia supervivencia en la tierra de sus ancestros sin que la modernidad les empuje a un éxodo involuntario y que, sin duda, se producirá si el petróleo, los bananeros o los camarones siguen extendiéndose y ocupando las zonas que les pertenecen. Y hay un intento serio por parte de las comunidades rurales de paralizar este éxodo, que se traduce en mendicidad en las calles de las ciudades ecuatorianas, con variadas iniciativas de desarrollo comunitario y regional.

En cualquier esquina de cualquier ciudad, a la entrada de cualquier iglesia o catedral -que son por estas tierras más abundantes aún que las existentes en cualquier ciudad católico-europea incluida la madre patria, como poderosa demostración de un dominio que sigue persistiendo en el tiempo y el espacio- es fácil ver a indígenas parapetados tras una columna o al abrigo de una pared pidiendo limosna. Con sus pequeños a la espalda, producen una fuerte sensación de vida pasada que trata de sobrevivir entre cláxones de enloquecidos taxis amarillos y turistas con cámara a los hombros. Es la hipoteca que las zonas rurales han empezado a pagar.

Ecuador no cuenta con grandes reservas petroleras, que se concentran en el oriente del país. Pero eso no parece importar a los que ven inmediatos y jugosos beneficios. La deforestación de grandes zonas, calculadas en cientos de hectáreas, con la consiguiente alteración del paisaje natural y el impacto que supone en el entorno medioambiental son las consecuencias inmediatas, cuyos costes se dejarán sentir violentamente dentro de unos años, pues la escasez de este recurso no permite aventurar su explotación más allá de unas cuantas décadas. Para entonces, esta parte del Ecuador se verá sin crudo y sin árboles; sin ríos vivos capaces de albergar a la vasta fauna piscícola actual; con cientos de carreteras que hoy dan servicio al transporte del crudo, abandonadas.

Cuando las ruinas sean el mensaje turístico de un recuerdo, traducido en graves problemas sociales –a cuya sombra estos primeros días de julio, Chávez con su populismo a la espalda ha querido intervenir sin que el acuerdo que proponía haya prosperado-, alimenticios, medioambientales... quedarán como viejas cicatrices de una tierra vencida.

En el centro del país la explotación a cielo abierto de minas de oro y cobre están provocando una enorme presión sobre los colonos que se resisten a abandonar sus tierras y un fuerte enfrentamiento entre éstos, que sienten pisoteados sus derechos por las empresas explotadoras, japonesas y canadienses, y luchan denodada y organizadamente por la pervivencia de sus tradicionales modos de vida y los que se sienten beneficiados por dicha explotación. Y junto a ello, problemas graves de salud, aún no bien cuantificados, impactos medioambientales de elevadas facturas futuras.

La explotación de estas minas, en el cantón de Cotacachi, comenzó en los años 90 por empresas japonesas a las que se unieron a finales de la década, las canadienses. La política de explotación y apaciguamientos de los humores de los campesinos que sienten sus modo tradicional de vida, basado en la explotación de sus propios recursos y la comunión del hombre con la riqueza de una tierra extremadamente generosa, va a ser también común a otros países latinos. Y entraña el cambio bíblico de un plato de lentejas.

Así, las empresas multinacionales han creado puestos de trabajo a cambio de la compra-venta de los territorios indígenas, que así pasan de ser propietarios a ser obreros de la mina, construyen carreteras para aligerar el transporte del mineral talando zonas completas de árboles y alterando hasta el canto a la irresponsabilidad el paisaje, levantan dispensarios médicos al frente de los cuales ponen un médico que sólo atenderá a los que aceptan las condiciones impuestas por los mineros y no son díscolos ni interfieren en su política económica... crean escuelas y pagan un suplemento a los maestros y maestras para que opinen en la dirección correcta sobre las ventajas de la mina...

En la costa, la industria del camarón que proporciona magros beneficios está acabando con los manglares. Cientos de kilómetros han sido desvastados a favor de una industria depredadota que reporta elevados ingresos a sus propietarios y escasos al país. En las tierras altas, el motocultivo especialmente de bananas destinadas a la exportación, ha terminado con los bosques caracterizados por su enorme diversidad hasta el punto de que tan sólo se han salvado pequeñas áreas declaradas parques o reservas naturales convertidas en reclamo para los turistas de una tierra que está desapareciendo.

Y esparcidos por todo el país, los eucaliptos. Cientos y cientos de hectáreas de eucaliptos, árbol depredador por excelencia importado de Australia y cuya rápida y eficiente adaptación, la excelencia de su crecimiento –un retoño tarda una media de diez años para transformarse en un hermoso ejemplar listo para ser talado y convertido en celulosa- que no acompaña ni a la calidad de su madera ni a la exclusividad que requiere sobre el terreno, ni a la competencia desleal que exige, está terminando con la esplendida diversidad arbórea convirtida así, en testigo del pasado.

La acidificación del suelo y su consiguiente desertización es el precio que Ecuador está pagando. En el camino, un paisaje desolado, unas aguas contaminadas, unos bosques desaparecidos... son testigos de la rapiña y la necesidad de rápido crecimiento, de la necesidad igualmente de sustentar sobre estas premisas nuestra propia existencia de miembros de países ricos y fuertemente desarrollados que exigen la elevada hipoteca de países como Ecuador cuya salud medioambiental puede definirse como desastrosa.

Deforestación, que ataca tanto a las tierras altas como a las costas y las selvas orientales, pobreza derivada de una explotación irracional del medio, amenazan seriamente la supervivencia de un país que está viendo su empobrecimiento gradual y el abandono emigratorio, aunque en Ecuador hoy los dólares corran desbocados.

Fuente: http://www.cubanuestra.nu/web/article.asp?artID=5053

Comentarios

Liberación de responsabilidad y términos de uso:

El espacio de comentarios ofrecidos por EcuadorInmediato, tiene como objetivo compartir y conocer sus opiniones, por favor considere que:

  • El contenido de cada comentario es responsabilidad de su autor, no representa ninguna relación con EcuadorInmediato.
  • Usamos la plataforma Disqus para identificar los autores de cada comentario, de tal forma que podamos crear una comunidad.
  • Todo comentario que atente contra la moral, buenas costumbres, insulte o difame será eliminado sin previo aviso.

Este espacio es suyo por favor utilícelo de la mejor manera.