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Edición #5231 |  Ecuador, jueves, 5 de diciembre de 2019 |  Ver Ediciones Anteriores
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ECUADOR: ¿ES CONSCIENTE QUE NO TIENE SEGURIDAD NI DEFENSA“

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ECUAMEX / FHA

El anuncio de una nueva visión de la Seguridad y Defensa a la que se dice que podría pasar el Ecuador, tras el ataque alevoso de Uribe Vélez el pasado 1 de marzo de 2008, abrió el debate a la superación de una vieja concepción absurda de los cuerpos de “inteligencia” del país, que estaban acostumbrados a su maniquea noción de “operar para perseguir comunistas”, haciendo pedazos al manejo militar que ha sido exclusivo del tema, al tiempo de enfrentar una serie de nuevas realidades que requieren una superación impresionante en este campo, que la nación tiene que asumir y este sería el momento más oportuno de hacerlo.

El principal problema que tiene al momento Ecuador en su seguridad y defensa es ideológico y, sobre todo, de carácter social. Los más importantes retos a asumir son múltiples y deben ser abordados con urgencia.

Sí, en efecto, el tema es ideológico. Es incómodo aceptar que a nuestra sociedad se le acostumbró por décadas a creer que el tema de la seguridad y defensa solo debe estar en manos de militares y policías, a quienes se les extendió este tipo de poder sin control alguno. La “inteligencia” quedó reducida a los cuarteles y hasta se la ha convertido en un “arma” de formación para quienes están dentro de las filas castrenses.

Peor aún, el tema se canalizó en su formación a los esquemas de poder dirigidos desde los Estados Unidos para ser usados en la denominada “guerra fría”. Así, la conformación de entes capacitados para combatir al “comunismo internacional” dio paso a la estructuración de cuerpos de asesinato y tortura, que tantas vidas han segado en nuestras naciones, y sin exceptuar el Ecuador, persiguieron a todos aquellos que se atrevieron a pensar diferente al sistema.

La caída del muro de Berlín en la década de los 90´s y el crecimiento del proceso globalizador provocaron la crisis de esquemas, a la vez que se agudizaron ciertos conflictos. Y fueron precisamente los conceptos de seguridad y defensa los que más sufrieron alteraciones, a tal punto que en estos momentos en todas las sociedades existe una urgencia de cambio en estos campos, a los que el Ecuador debe ingresar de manera inmediata so pena de generarse a sí mismo un grave punto de crisis.

¿Qué campos debe ampliar su desarrollo la seguridad y de que defenderse el Ecuador en estos momentos? La pregunta amerita una serie de respuestas y perfila una variedad de escenarios, pero quizás los más importantes se podrían enlistar del siguiente modo:

El modelo de seguridad de una nación debe buscar ante todo la protección del ser humano en lo individual y de la sociedad en su generalidad como punto prioritario. Es decir, que debe importar más en estos instantes lo que ocurre con la ciudadanía en su máxima expresión y no en la defensa del poder político como su razón de ser.

Por ende, debe dictarse un proceso de seguridad que involucre campos como la salud, por ejemplo. Es una visión que asciende a lo colectivo cuando se toma en cuenta que una nación puede ser atacada por epidemias, enfermedades endémicas provocadas, inoculación de virus premeditados o llegar al extremo de una guerra bacteriológica.

Involucra al tema el control de medicamentos especiales para cierto de epidemias, lo cual se aplica a un fenómeno de mercado y abastecimiento, el cual, de no tener la suficiente atención, provocará miles de víctimas, más la crisis de asistencia y prevención que estallarían fácilmente en un caos social.

La seguridad alimentaria de un Estado se ve seriamente afectada por crisis causadas por sequías, hambrunas o desastres naturales, pero también puede ser provocada por escasez ficticia o especulación delictiva. Ante ello, nunca se ha considerado que la nación pueda estar inmersa en este tipo de crisis. El Ecuador no registra fenómenos de hambre colectiva en ninguno de sus momentos históricos como nación o sociedad, pero eso no implica que no pueda provocarse; de hecho, en estos momentos en el mundo la “guerra del agua” o la “crisis de alimentos” son dos amenazas a la seguridad de las naciones y el país comienza a tener visos de caer en algún momento en una de esas olas o tendencias mundiales que provocan efectos devastadores. ¿Estamos preparados para enfrentar una conmoción por alimentos?, ¿se ha tomado a este tema como una amenaza a la seguridad del Estado? No hay respuestas, así de simple.

Si dejamos el tema del control de los cultivos, la erradicación de plagas y combate de elementos tóxicos, así como el enfrentamiento de la contaminación en sus múltiples formas solo en manos de “ecologistas verdes” y minimizamos el tema, pues el pagar de las consecuencias nos costaría un precio muy alto si no lo consideramos a esto también como un problema de seguridad de la nación.

Una visión de la seguridad para estos casos no solo puede quedarse en el tema biológico sino que debe ir más allá para preparar a una nación a conflictos provocados por el estado planetario. Así, la tendencia de convertir a las naciones pobres en “basureros atómicos” o “depósito de desechos industriales, hospitalarios o de alta toxicidad” no ha sido contemplada por nuestra noción de seguridad, y si lo han hecho, son manejados en forma secreta, hasta el punto de que al descubrirse siempre terminan en escándalo. ¿Ha discutido este tema el Ecuador?, ¿cuántas definiciones tenemos sobre este punto en seguridad y defensa de la nación? El silencio es elocuente.

Veamos más lejos el problema. En el mundo existe una dependencia tan alta de la cibernética que prácticamente todo se mueve en torno a un sistema de computación. Pues bien, con el crecimiento de este avance tecnológico se han multiplicado las soluciones pero también los problemas. Así, en cuestión de un segundo, con la intromisión de un virus informático se podría paralizar una red o todo un sistema y con ello, las telecomunicaciones, el tránsito aéreo, el funcionamiento hospitalario, las comunicaciones internas, las transferencias bancarias, el sistema de circulación vehicular en las calles, el control de represas, el gobierno electrónico y no se diga los sistemas de seguridad territorial y de defensa militar, los cuales se pueden ir por los suelos.

Es crítico observar que el Ecuador es un país altamente vulnerable y sin protección alguna para el delito electrónico contra las personas en particular. De hecho, no hay ningún resguardo para los casos graves como: robo de identidad electrónico, estafa bancaria o comercial por la red, sustitución y secuestro de datos, claves o respaldos. No existe ninguna definición de protección y seguridad para la intimidad de las personas en el sistema de correos electrónicos y el espionaje en estos niveles es elevado. No hemos enfrentado tampoco el problema de pornografía en la red, que genera delitos censurados por la humanidad como la pedofilia, la trata de blancas, o los puntos críticos como el atentado a la honra de las personas con el anonimato. Eso también es seguridad.

Nada hemos enfrentado ante la posibilidad del “terrorismo electrónico” que puede penetrar a los secretos más valiosos del Estado nacional. No es cuestión de alarmismo sino de realidades, en una situación en la cual hasta el sistema cibernético del Departamento de Estado de los Estados Unidos (Pentágono) fue infiltrado por piratas informáticos que lograron penetrar en uno de los espacios más seguros del mundo. Entonces, si eso pasa fuera, ¿por qué no nos va a ocurrir a nosotros?, ¿es que acaso eso no ha discutido el Consejo de Seguridad del Estado ecuatoriano, o no tiene planes al respecto? Para ejemplificar el caso, queda flotando en el ambiente la duda de quién penetró el sitio web de la Presidencia de Ecuador el pasado mes de febrero de 2008 y qué se hizo para lograr una solución al tema, o eso quizás no lo tienen los militares en sus planes de seguridad.

Al pasar al campo de la información nos encontrarnos con una nación que no tiene ninguna defensa frente al “acoso mediático” que “asesina la imagen de las naciones”. Sí, este tema lo hemos sufrido con dureza en este tiempo en que ante la comunidad mundial hemos quedado como una nación de “terroristas” que no sabe qué responder a la campaña mediática montada desde el exterior por dos naciones conocidas y que tiene ecos en casi todo el planeta. Nunca hemos tenido una política de comunicación del Estado ecuatoriano, y jamás hemos considerado como una amenaza contra nuestra seguridad el desprestigio que se lanza con frecuencia en contra de Ecuador en los medios del exterior. No tenemos estrategias de imagen, de respuesta, de reacción y menos aún de defensa de la nación para algunos casos.

Si se toma en cuenta que el mundo ha entrado en una impresionante espiral de creatividad, que explota el talento humano, y la seguridad de la propiedad intelectual o la protección de datos de prueba son parte de grandes negociaciones entre naciones, el tema se ha convertido en el último tiempo en un proceso de control de la sociedad, y por ende, es un factor de seguridad. ¿Qué posición adoptada tiene nuestro actual sistema de seguridad nacional sobre la propiedad intelectual?, ¿en qué medida la propiedad ancestral de nuestros conocimientos o productos naturales está siendo resguardada con una política o doctrina de seguridad?, ¿qué tenemos sobre nuestra capacidad intelectual para formular procesos industriales, creaciones intelectuales, fórmulas científicas, inventos y patentes que son parte del desarrollo de nuestra nación y que no son protegidos como parte de un tema de seguridad? La respuesta a todos estos puntos es: Ninguna. De todo esto simplemente no hemos debatido, no lo hemos hecho como sociedad, no lo han hechos nuestros militares encargados de la seguridad y defensa nacional y, como nación, mucho menos; casi no se han dictado normas o procedimientos para defendernos, máximo una ley de propiedad intelectual, pero no como defensa de nación porque eso no es considerado como vital para la seguridad del Estado.

Tan grave irresponsabilidad de la sociedad ecuatoriana no puede sino provocar conflictos, a tal punto, que cuando enfrentamos desastres naturales o los provocados por el hombre, no tiene a quién dirigir la mirada y recurre con frecuencia a los militares que controlan la Defensa Civil, organismo especializado en el tema, pero que jamás tiene un control de la ciudadanía. Es irónico pero por disposición de ley a este ente Civil solo lo puede manejar un militar. Nunca tenemos respuestas verdaderas para este punto, solo atinamos a reacciones tibias y frecuentemente estas llegan tarde, mal o nunca.

Seguridad y Defensa Nacional también debe ser entendido como una lógica de prevención, y de eso el Ecuador no tiene un solo paso dado. Una prueba puntual de ello es que el calentamiento global alarma al mundo y en el país se lo siente como lejano. No se ha dictado una sola doctrina de seguridad ante esta amenaza real. Es más, los glaciares del Cotopaxi y el Chimborazo están comenzando a descender de su nivel y ante ello no tenemos una sola evidencia de actuación. Los tsunamis en el planeta demostraron cuan impreparada está la humanidad para enfrentarlos, y en Ecuador un simple rumor, como sucedió en Esmeraldas, en noviembre de 2007, desata más desastres que el propio fenómeno natural, provocando el pánico colectivo, ante lo cual los miembros militares poco o nada pudieron hacer, pese a que la información en manos del INOCAR era la correcta, pero la difusión no. Esto también debe ser parte del estudio y la disciplina de la inteligencia, de la seguridad, de la defensa de Ecuador.

A todas estas fallas se puede añadir una muy grave: que la sociedad ecuatoriana, en un acto de comodidad irresponsable, ha permitido que los militares de Ecuador hayan tomado el tema de Seguridad como si fuese propio, y de ello han actuado en forma Autónoma, sin rendir cuentas a nadie; han ocultado datos y para colmo llegaron hasta el extremo de irse en contra de sus mandatarios, sea por espionaje y operaciones secretas contra la Asamblea Nacional Constituyente, como en un proceso de ocultamiento de información grotesco en contra del propio Presidente de la República, que es su Comandante en Jefe, y ni se diga contra la sociedad ecuatoriana, el máximo mandante, en contra de cuyos miembros han actuado muchas veces.

No se conoce hasta estos momentos ni un solo informe o rendición de cuentas del manejo de la Seguridad Nacional o defensa nacional. Solo escándalos han salpicado al tema, porque del mismo hay excesivas especulaciones que revelan que la Seguridad Nacional fue entendida como el proceso de actuación de algún “pesquisa bruto” que con un poder manejado en forma de “desadaptado mental” se dedicó a “espiar y a atacar comunistas”, dejando todos estos flancos en auténtica debilidad y casi en indefensión del Estado.

Complica mucho más el panorama por la comprobada denuncia del propio Presidente de Ecuador, Rafael Correa, que denunció la infiltración de la Central de Inteligencia Americana (CIA) en los organismos de inteligencia militar y seguridad nacional. Los casos que se conoce desde la propia Presidencia, y del que saben con perfecta severidad los mandos militares, no hace otra cosa sino generar tremendas dudas en la sociedad ecuatoriana que cuestiona cómo se manejaba la seguridad nacional con tales niveles de afectación a la propia patria; y si queremos ser más duros, permítanme preguntar: ¿cuántos delitos se cometieron en contra de las personas y del Estado ecuatoriano con esta infiltración de la CIA, permitida por los elementos de los servicios de seguridad e inteligencia militar?, ¿cuántas conspiraciones nacieron de esas infiltraciones para hacer daño al Ecuador y cuántas víctimas cayeron fruto de esas conspiraciones? Como se puede apreciar, no hay respuestas a esto, y ese silencio duele, molesta e indigna, porque queda la impresión de que la “inteligencia militar” de las fuerzas armadas ecuatorianas le traicionaron a su propio país.

Por todo ello, lo que bien puede hacer el gobierno es lo que ya ha enfocado: cambiar de misión, visión y futuro al sistema de seguridad y defensa nacional, y para ello debe sacar de las manos exclusivas de los militares ecuatorianos dicho proceso. No se trata de desmerecer a las Fuerzas Armadas, ya que por definición conceptual y atribución legal siempre han tenido ese papel, pero lo crítico es que la nación se ha volteado y ha entregado con excesiva confianza un proceso y un compromiso que todos debemos asumir y no solo nuestros uniformados.

Es decir, se debe compartir la responsabilidad de estos dos temas vitales para la supervivencia de la nación en manos de un cuerpo colegiado especializado, al cual hay que someterlo desde el rigo del estudio, desde la disciplina académica hasta la ejecución eficiente, encontrándolo en fuentes de la civilidad y la milicia en conjunto. He señalado con algo de precisión los grandes campos que incluyen esta nueva visión de la seguridad, y por ende, desde el mismo deben enfrentarse las siguientes respuestas al dilema en el que ha entrado Ecuador: ¿cómo manejar la Seguridad y Defensa Nacional? Históricamente Rafael Correa Delgado y su gobierno tienen la palabra.

ECUAMEX
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FRANCISCO HERRERA ARAUZ Periodista, Politólogo, Abogado
Director del Sistema Informativo  Ecuadorinmediato.com / Agencia de Noticias Ecuamex.
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